Facebook Twitter RSS Reset

“Los otros Culpables” de la derrota en Malvinas…


La historia, maestra de hombres es aveces caprichosa. Generalmente presume de memoria recordando la figura de un hombre estelar de tal o cual suceso, sin someter a un análisis estricto a las coyunturas o las características intrínsecas del hecho en el que actuó aquel o las acciones de los demás personajes que de una u otra manera fueron parte de un proceso colectivo.

En la Guerra de 1982, los inconscientes individuales y colectivos tienden siempre, por obvias razones, a volver sobre el Teniente General Galtieri, su “si quieren venir que vengan” y el siempre recordado (pero aun no comprobado) alcoholismo.

Estos avatares de la historia, este delineamiento encarnizado con los capitostes, no dirimen con justicia las responsabilidades de la guerra ni ponen en evidencia a todos los actores de mayor relevancia en el desencadenamiento del conflicto del Atlántico Sur.

La figura de Galtieri ha sido absorbida por la repulsa de la historia, comportamiento colectivo que inconscientemente esquiva el juzgamiento de otras personalidades de trascendental importancia en el tema diplomàtico y bèlico de aquel nebuloso 1982.

Cuenta la historia que el proceso que llevó a la Argentina a la guerra de Malvinas se pergenio mucho antes del ascenso de Galtieri al Sillón de Rivadavia.

En marzo de 1981 había accedido a la Presidencia el Tte. General Roberto Eduardo Viola. La subida al máximo escalón del poder en la Argentina había traído una tibia apertura hacia una administración militar que incorporaba civiles a la gestión y de un plan económico que descontinuara la obra de Martínez de Hoz, esquema que ya por esa época presentaba inequívocos síntomas de malestar social.

La elección de Viola como Presidente fue una jugada ideada aun antes de la toma del poder por la Junta en 1976.

Videla como comandante en Jefe del Ejército y Viola como Secretario General del mismo, ambos pertenecientes al arma de Infantería, fueron los principales ideólogos del asalto militar al poder de la Nación. El pacto tácito era simple: Videla sería Presidente y Comandante en Jefe del Ejército hasta 1978, para luego pasar a ser el “IV hombre”, el Presidente que quedaba sometido al poder de la Junta Militar. Por consiguiente, cuando el enroque se produjese, Viola saltaría a la comandancia de la fuerza para además, pasar a ser el sucesor de Videla al frente del Poder Ejecutivo Nacional. La jugada era perfecta. Los 2 máximos jefes del ejercito golpista se pasaban los galones de Teniente General y la banda presidencial uno al otro y el contrato secreto quedaba de esta manera sellado.

Sin embargo a la hora de cumplimentarse la maniobra en año 1981, continuó creciendo la opisición de la Armada (manejada desde las sombras por el ahora ex jefe de la misma, el Almirante Massera) que se oponía al reemplazo de Videla por Viola. Es que el almirantazgo veía en Viola un “politiquero” inescrupuloso que usaría su paso por la Casa Rosada para atornillarse a ella. Y nuevamente no sería un almirante quien tomara la conducción del timón nacional.

Viola pretendía conjugar a militares y civiles conservadores en su gabinete para así administrar una salida institucional que le brindara la necesaria plataforma política para convertirse en presidente institucional. Para ello precisaba re-encauzar la política económica ortodoxa de Martínez de Hoz y una adecuación legal para llamar a los partidos políticos a formar parte de la apertura política y la normalización institucional.

La nueva tónica que aplicaria Viola al asumir el poder el 29 de marzo de 1981 significó un profundo malestar en el seno de las FF.AA. Por un lado parte del ejército se oponía a entregar el poder a los civiles, y por otro su facción liberal pedía la profundización de la politica monetaria del Dr. Martinez de Hoz. Mientras tanto, la crisis económica jaqueaba al Proceso, entrampando a Viola y a su gabinete entre 2 fuerzas de las que no podría zafar.

Con el correr del año ’81, las nubes grises se cernían mas amenazadoras que nunca sobre el horizonte procesista, desgastando aceleradamente al 2do presidente del Proceso de Reorganización Nacional. Por si fuese poco estaba la interna militar en constante ebullición, contando ya con 2 protagonistas que darían “un golpe dentro del golpe”.: el Tte. Gral. Galtieri y El almirante Leandro Anaya-

LA CAÍDA DE VIOLA, EL PACTO SINIESTRO.[/b]

Hacia octubre de 1981 el desgaste de la administración Viola se aceleraba dia a dia. El Comandante en Jefe del ejército, Galtieri, conspiraba junto a parte del generalato y el almirantazgo en pos de un afianzamiento porcesista y una larga continuidad militar.

Era evidente para el jefe del Ejército que la pretendida apertura de Viola era un fracaso y un signo inequívoco de la pérdida de autoridad del gobierno de las FF.AA. ante la Nación y el mundo.

Dentro de la Armada, la corriente masserista había colocado al inescrutable Leandro Anaya a la jefatura de la fuerza.

Anaya, principal redactor de un viejo plan de invasión a Malvinas suscrito secretamente en 1977 a pedido de Massera, estaba de acuerdo en que Viola debía ser removido pero con la condición “sine qua non” de buscar un hecho político que “re-legitimara” al Proceso ante la sociedad.

De ahí surge clara la connivencia entre Galtieri y el Jefe de la Marina para destituir a Viola y re-oxigenar al Proceso. Y el método de rejuvenecimiento de la dictadura fue pensado en secreto en derredor a la recuperación del archipiélago austral.

La oportunidad de conjugar el complot la otorgó la salud de Viola. Hacia noviembre de 1981, un cuadro de hipertensión aguda mandó al Presidente Viola al hospital. En medio de la acefalía y un clima de incertidumbre general, las horas del Presidente estaban contadas al frente del país y su otrora socio y ahora comandante en jefe del Ejército conspiraba junto al máximo jefe naval para expulsarle del poder.

La estrategia saltaba a la vista. La salud coronaria de Viola era un pretexto para echar del poder a un presidente desgastado, discutido por sus pares y sin despertar ningún tipo de apego popular. Una ínfima fracción del Ejército y de la plana mayor (los favorecidos por Viola) le daban un tímido apoyo, pero atentos siempre a los avatares del poder, ninguno sostenía a su jefe con el vigor y el brío que se suponía debían mantener.

Por esos dias, Galtieri viaja a EE.UU. en calidad de Comandante en Jefe del Ejército. Allí se reúne con el agregado militar argentino en Washington, el general Mallea Gil.

Este organizará a Galtieri una serie de reuniones con la plana mayor del Depto. de Estado (Cancillería) y con distintos funcionarios de alto nivel del gobierno norteamericano.

Galtieri, influenciado por Mallea Gil, tendió en ese viaje distintas líneas de altos contactos, los cuales según el, darían apoyo a la Argentina en un eventual gobierno suyo a cambio del entrenamiento de tropas contra-insurgentes en Centroamérica que entrenadas por oficiales argentinos, lucharían a destajo para expulsar cualquier atisbo de comunismo en el continente americano. Era indirectamente un pacto por el cual EE.UU. usaba a la dictadura argentina para atacar a la subversión marxista otorgando fondos y protección.

De todas maneras, la llegada de Galtieri significaba el regreso a la severa ortodoxia monetaria de Martínez de Hoz y por cosiguiente la simpatía de los EE.UU. para con el futuro “nuevo” gobierno estaba garantizada por ambas circunstancias.

Según la bibliografia existente (La Trama Secreta, 1982, Comandos en acción) el General Mayea Gil habría inoculado en Galtieri la idea de que en caso de una recuperación de Las Malvinas, EE.UU. seria neutral y que en todo caso, el Reino Unido nunca atacaría a la Argentina “por unas islas que ningún inglés sabe adonde quedan ni les importa quien vive y que encima les salen carísimas. ADemás, Washington no dejará jamás crezca una lucha entre 2 de sus aliados en pleno Occidente”.

A comienzos de diciembre de 1981 la salud de Viola aun no estaba del todo recuperada, pero Galtieri y Anaya ya habían decidido la remoción del Presidente y afianzado la idea de que el Proceso cobraría nueva vida si la recuperación de Malvinas tenía éxito.

La loca empresa militarista en el Atlántico Sur comenzaba a cobrar forma.

El GABINETE DE GALTIERI, EL CANCILLER “DE HIERRO”.

Una vez ocurrida la remoción de Viola, Galtieri se hizo con la presidencia conservando para si la comandancia del Ejército. Sería comandante y presidente al mismo tiempo, así como el militar que devolvería a la Argentina su tan esperada provincia insular y la vuelta a una democracia que curada de los antiguos “vicios extremistas y estatistas” llevarían a la Argentina al primer plano del concierto internacional

En la mente de Galtieri habían 2 objetivos fundamentales:

1) Oxigenar la dictadura con una hazaña en materia de soberanía que uniría al pueblo en pos de un viejo sueña irredento,

2) con las islas recuperadas lanzar una fuerza cívico militar que una vez institucionalizado el país lo hiciera Presidente de la Nación luego de elecciones libres, quedando así resguardada la herencia del Proceso y el entierro de las críticas a la lucha contra la subversión en el bajo la lápida de algún vericueto legal.

Para Nicanor Costa Méndez, volver a la Cancillería fue su gran revancha. Lo sintió como una reivindicación personal. Del Palacio San Martín había partido en 1969, después de la crisis del Cordobazo, en pleno gobierno de Juan Carlos Onganía. Nunca se alejó del mundillo diplomático y su simpatía personal lo mantuvo cerca de los ambientes de poder. También se dedicó a escribir de cuestiones internacionales, en la que puso su pluma para afirmar cosas que después no supo o no pudo concretar. Era un hombre de muchas facetas, lo mismo podía hablar de los problemas en Kampuchea con bastante conocimiento o conversar con un joven sobre la importancia de Led Zeppelin o The Band en la música contemporánea.

Su retorno no fue problemático, lo problemático fue “la condición” para volver a ser canciller. Bastante tiempo después de la Guerra de las Malvinas, no hubo reunión social adónde no se le preguntara “¿Dígame Canoro, cómo no los asesoró?” (a los militares). La respuesta era siempre la misma: “La condición (para aceptar) era entrar, tocar e irse” (de las Malvinas). Craso error.

Como queda en claro, la política exterior era fundamental para la Junta Militar. Por lo pronto tanto Galtieri como Anaya aceptaron que volviera a jefatura de la Cancillería Nicanor Costa Méndez. Abogado ultra católico de grandes conexiones en las FF.AA. y el circuito financiero internacional.

De allí decanta la primer reunión mediados de diciembre de 1981. El diálogo puede resumirse así:

Galtieri: -Vea Costa Mendez, yo quiero que usted sea mi Canciller-

Costa Mendez: -“Acepto con una sola condición, que no haya guerra contra Chile”-.

Galtieri:- “bue’, al final yo buscaba un duro y resulta que usted no lo es tanto, pero en fin, la Junta Militar no tiene en mente esa hipótesis”-.

Costa Mendez: -“entonces acepto”-.

Galtieri: -“pero debo decirle algo, se maneja la variable de un operativo para recuperar la Islas Malvinas. ¿Que le parece?-”

Costa Mendez: -“me deja perplejo General. Pero, ¿es para quedarnos y negociar o para quedarnoslás por la fuerza?”

Galtieri: -“¿será un operativo para llegar allí y luego negociar. Lo ve usted posible?”-

Costa Méndez: -“a priori si, pero debe ser incruento, no debe ningún inglés torcerse ni siquiera el tobillo. Y no debemos enojar a los EE.UU. ”

Galtieri: “contamos además con la neutralidad de los EE.UU.”

Costa Mendez: “en ese caso, si no hay bajas británicas en la operación, Gran Bretaña nunca mandará la flota. Es posible hacerlo y lograr el objetivo final”

[/i]

MALLEA GIL Y COSTA MENDEZ, LOS OLVIDADOS POR LAS FAUCES DE LA HISTORIA.

img]https://k60.kn3.net/taringa/C/B/0/6/1/D/Jibaromza/5DA.jpg[/img] (Costa Mendez)

(Mallea Gil)

Tanto el agregado militar en Washington (Mallea Gil) como el Canciller (Costa Mendez) poseían un fino olfato politico y una gran experiencia en los pasillos del poder americano, la ONU y proximidad a los siempre espectantes funcionarios del Departamento de Estado. Conocían muy bien los secretos, conductas y argumentos del poder americano y los alcances reales de la alianza entre EE.UU. enInglaterra. Gente profesional, conocedora de sus tareas en el exterior, basicamente no llegaron tan alto por ser improvisados.

Sus percepciones equívocas, infantiles sin bagaje ni sustento real llevaron a la Junta a un entendimiento equívoco de la situación.

Mallea Gil indicando que Washington sería neutral y Costa Mendez además refrendando la pobre capacidad política de Tatcher en cuanto a un posible conflicto, crearon la visión de un Londres claudicante y pusilánime así como de un EE.UU. demasiado atado a sus intereses en Centroamérica como para darle la espalda a su socio en la lucha antisubversiva en Nicaragua.

Cómo debemos juzgar al Canciller? Cómo olvidar que un hombre con 40 años de experiencia diplomática cayese en semejante error de apreciación geopolitica?

Como vemos, a la chatura mental y estrábica de la Junta se sumó la ineficiencia profesional de un experimentado canciller y un supuesto “experto en el lobby washingtoneano”

LAS TRES D DE LEOPOLDO FORTUNATO GALTIERI.

Durante enero, aprovechando el período de duro invierno y el receso parlamentario, cuatro legisladores de los Estados Unidos visitaron Buenos Aires. El que más se destacaba era el ex gobernador y senador por Tennesse, Howard Baker. En conversaciones con Roberto Alemann y Costa Méndez, el influyente parlamentario pudo conocer en detalle los planes que tenía el equipo económico en el corto plazo. En el Palacio San Martín, el canciller le habló del Beagle y las Malvinas. El conflicto con Gran Bretaña ya estaba en pleno desarrollo. También, Baker pudo escuchar el pensamiento político del gobierno: “Según la versión, los legisladores habrían oído que entre 1983 y 1984, los principales partidos políticos argentinos deberán convenir con el gobierno una negociación abierta y pública, un candidato de compromiso para la presidencia del período que se iniciará en 1984. No se les dijo si tal período durará tres, cuatro o seis años. Como contrapartida, la vicepresidencia de la Nación quedaría en manos de un civil proveniente de la fuerza política más votada en comicios para cubrir cargos legislativos y gobernaciones”. Expresión de deseos, la Multipartidaria ya había proclamado el agotamiento del gobierno militar. No tenía espacio de tiempo el plan militar. Una alternativa de “salida” se había trabajado en 1977-78, en el grupo de colaboradores del general José Rogelio Villarreal y fue desechado por Videla y Martínez de Hoz. Por otra parte, Galtieri no parecía sincero. Meses más tarde dijo: “Si hubiera ganado me quedaba con todas las banderas de los políticos”.

“Aquello lo veo muy complicado. Tengo la impresión que en el gobierno no se dan cuenta de algo de fondo: creen que recién empiezan, pero llegaron hace seis años. Parece una perogrullada lo que te digo, sin embargo, es el secreto de todo. De allí que se entretengan en ‘crear la imagen de Galtieri’, juegan con los partiditos provinciales, el ‘Negro’ (Massera) construye sus mosaicos. Es tarde para las especulaciones. Galtieri no entiende nada de lo que ocurre a su alrededor, así como Viola creía que el tiempo estaba en su favor, y lo perdió lastimosamente. No sé qué ocurrirá con (Roberto) Alemann. Es un técnico serio, sin sentido político alguno. Parece cuento, pero el gobierno ya está desgastado. Lo mismo que ocurrió con Viola”, escribió un embajador en el exterior el 22 de febrero de 1982.

En la superficie todo parecía normal. Cómo sería que había clima de fiesta, de campaña electoral. El sábado 13 de febrero, en la feria agropecuaria de Victorica, La Pampa, el presidente Galtieri apareció exultante durante un asado en su honor al que asistieron 13.000 personas. Se festejaban los 100 años del fin de la Conquista del Desierto. El nuevo presidente no dejaba de saludar, al estilo Winston Churchill, haciendo la “V” de la victoria. Al asado concurrieron muchos políticos que coincidían con la idea de generar una “unión cívico-militar”. Videla había imaginado “la cría del Proceso” y Galtieri compró la idea.

RECUPERAR PRESTIGIO

“La Armada había llegado a la conclusión de que había que terminar con el gobierno militar”, observó el ex canciller Oscar Camilión: “el almirante Anaya estaba convencido de que la gestión del gobierno militar había llegado a un punto en que no tenía posibilidad de progreso, que había que buscarle una salida. Entendía al mismo tiempo que esa salida no tenía que producirse en las condiciones de 1973, que esto requería una mejora en la relación de fuerzas entre el gobierno militar y la sociedad civil. Estaba convencido de que no había ninguna posibilidad de conseguir ese mejoramiento en una eventual negociación de salida por la vía de una mejor política económica y social del gobierno. Me dijo terminantemente que la política económica y social del gobierno había llegado también a un punto de agotamiento y que no creía que las autoridades del gobierno de facto estuvieran en condiciones de mejorar ni la política económica ni consecuentemente el lado social de los problemas. La única posibilidad que él veía para recuperar prestigio era una operación diplomática importante y que ésa seguramente tenía que ser las Malvinas. Esto fue simplemente lo que en su oportunidad me transmitió el almirante Anaya para significar la importancia que él le daba a una gestión diplomática sobre Malvinas”.



LOS CONSEJOS DEL AGREGADO MILITAR EN WASHINGTON

Desde Washington, el agregado militar, general Miguel Mallea Gil, fue una pieza clave en la carrera de Galtieri hacia el poder. Ahora lo sería para su futuro inmediato.

El general Miguel Mallea Gil llegó a Washington en enero de 1981. “A Mallea lo saqué de la brigada en Corrientes, donde él había estado tan sólo un año, para mandarlo a Estados Unidos, aprovechando sus buenos contactos y antecedentes”, expresó Galtieri después de finalizada la guerra de Malvinas.

Su designación no fue una casualidad, porque tenía todos los pergaminos para ocupar el cargo: había sido testigo y actor de los últimos veintisiete años de la historia argentina. Estudió en la academia militar de West Point, de la que egresó como subteniente, y conocerá a varios de los personajes que, en 1981-82, comandarían el ejército de los Estados Unidos. Entre otros a su comandante, Edgard Meyer. En 1955, cuando Eduardo Lonardi contaba con muy pocos oficiales para defender la Escuela de Artillería de Córdoba, dando comienzoa la “Revolución Libertadora” contra el régimen de Juan Domingo Perón, Mallea Gil fue uno de los pocos subtenientes que se presentaron. Una foto de esos días, en los que aparecía con ropa de fajina, solía centrar la atención de los visitantes en su despacho en la Casa Rosada, como subsecretario de Asuntos Institucionales del presidente Videla. En los meses posteriores a la Libertadora contó con la confianza del general Arturo Osorio Arana y lo apoyó cuando llegó la gran purga del Ejército durante la presidencia de Pedro Eugenio Aramburu. Años después fue premiado con un destino en Bélgica, donde cursó estudios. Nada se sabe de cuál fue su situación durante los enfrentamientos entre “azules” y “colorados” de 1962-1963. Años más tarde, como teniente coronel aparece en la Casa Rosada, como subsecretario técnico del presidente Alejandro Agustín Lanusse. En 1975, Videla y Viola depositarán en él una tarea muy delicada: integrar el equipo de compatibilización de las tres Fuerzas Armadas, que prepararon los documentos del golpe del 24 de marzo de 1976. En aquella época era un engranaje más de la “línea” que integraban Viola, Villarreal, Liendo y Dalla Tea. Y poco tiempo más tarde aparece como un puente entre Videla y Martínez de Hoz. También los diplomáticos lo verán presente en las reuniones de las comisiones mixtas argentino-chilenas para solucionar el diferendo del Beagle. “Miguelito” o simplemente “Miguel”, como lo llamaban sus amigos, contó con el apoyo de Jorge Videla para poder ascender a general en 1980. Tras un año como jefe de la Brigada VII de Infantería, en Corrientes, fue reemplazado por el general Ricardo Norberto Flouret.

Si se observa la medianía de la gestión del embajador en los Estados Unidos, es justo reconocer la importancia del papel de Mallea Gil en Washington. Por su residencia frente al “Mont Vernon College” pasaron los más importantes funcionarios de las administraciones de Carter y, especialmente, de Reagan. Le tocó a “Miguelito” preparar los dos viajes de Galtieri a Washington. En agosto, uno exploratorio, cuando el gobierno de Viola entraba en descomposición. En noviembre, cuando Galtieri viaja a los Estados Unidos casi como un “presidente electo”. Después de la asunción de Leopoldo Fortunato Galtieri, desde Washington, formuló el trabajo ” Acciones a desarrollar en lo político. Año 1982″, que dio pie a muchos de los lineamientos de política exterior de Galtieri y Costa Méndez. Muchos dirán que fue el que transmitió el ” guiño de ojo” de los Estados Unidos para invadir Malvinas. Pero Mallea Gil conocía muy bien a los estadounidenses como para generar esa expectativa. En todo caso, sí se lo puede señalar como habiendo contribuido al estado de confusión de ese tiempo. Su trabajo, en definitiva, coincidió con el pensamiento medio del gobierno de Galtieri y su Cancillería. El plan de “acciones a desarrollar” contenía doce puntos . Entre otras, sugería las siguientes medidas:

– Invitaciones al secretario de Defensa, Caspar Weinberger; el secretario del Ejército, John Marsh; y a los miembros del Consejo Nacional de Seguridad, William Clark y Roger Fontaine, con la intención de promover “conocimientos personales en el más alto nivel a fin de poder concretar con mayor facilidad los objetivos políticos”.

– Grupo de países no alineados: iniciar un desplazamiento hacia la periferia a fin de desligarse y quedar solamente como observadores. La intención respondía a tratar de evitar “involucrarnos en situaciones o declaraciones que afecten negativamente nuestros intereses trascendentes”. En el mismo documento, propone una mejor solución para el comunicado del grupo no alineado que en Naciones Unidas acusó “en forma nominal al gobierno norteamericano”.

– Aconseja la contratación de un lobby en Estados Unidos para “influenciar favorablemente sobre las autoridades de Washington”.

– Recomendaba “a la brevedad” el “bloqueo en Centroamérica a fin de impedir el accionar de Cuba y Nicaragua sobre El Salvador”. Dentro de este esquema planteaba el estudio sobre la actitud que debería asumir la Argentina “en el caso que le fuera solicitada su colaboración”. Para esto, aconsejaba “preparar situaciones que podrían presentarse” a fin de “evitar ciertas reacciones improvisadas”.

– Además, el plan establecía las reducciones de las representaciones diplomáticas.

Concretamente: “Efectivizar el retorno de los embajadores a nuestro país y no designar reemplazantes” en Cuba y Nicaragua, medidas que fueron concretadas antes del 2 de abril de 1982, con los retornos de los embajadores Chuburu Lastra ( Nicaragua) y Rafael Vázquez (Cuba) 136 .

Una síntesis del inicio del conflicto armado

Desde 1955, la Armada tenía un proyecto de invasión de las islas Malvinas. Claro, se iba reactualizando de tiempo en tiempo. Era una obsesión que se agrandó cuando la Argentina instaló un observatorio científico en la isla Morrell del grupo Thule del Sur (1976) y los británicos no reaccionaron. Con el tiempo, en 1981, al vicealmirante Juan José Lombardo, comandante de Operaciones Navales, se le ocurrió repetir la experiencia de Thule, en la isla San Pedro de las Georgias del Sur. Es decir, un observatorio similar que marcara otra presencia argentina y que, con la vista puesta en las Malvinas, ayudara a revalidar títulos en función del reclamo histórico. El proyecto de 1981 es mandado al Estado Mayor y lo toma bajo su cargo el vicealmirante Rodolfo Suárez del Cerro, jefe de Operaciones Navales. La cuestión era un secreto y estaba en su caja fuerte. Ya en esa época, a la operación la denominaron Alfa, de la que sólo participarían civiles.

No comments yet.

Leave a Comment