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Los mejores poemas de amor de la historia

Los 4 mejores poemas de la historia

poemas

taringawikipedia dijoLos mejores poemas de amor de la historiaLos mejores poemas de amor de la historiaor poema se entendía antiguamente a cualquier composición literaria, ya que la palabra viene del verbo griego ποιήμα (poiesis). El poema es cualquier composición literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, en especial aquella que está sujeta a la medida y cadencia del verso. Se suele hablar de poesía épica (luego narrativa); lírica (o destinada al canto del arpa manual de cinco cuerdas conocida como “lira” ) y poesía dramática o destinada a la representación escénica.

1° ”Canto a mi mismo” de Walt Whitman

arte

Me celebro y me canto.

Me entrego al ocio y agasajo a mi alma,

me tiendo a mis anchas a observar

un tallo de hierba veraniega.

Clara y pura es mi alma,

y claro y puro es todo aquello que no es mi alma.

Estoy satisfecho: veo, bailo, me río, canto.

Poseo lo bueno de la tierra y del cielo,

el aire que respiro ha sido destinado a mí

desde la eternidad.

El vaho de mi aliento

mi espiración e inspiración,

los latidos de mi corazón,

el fluir de la sangre y del aire

a través de mis pulmones,

el olor de las hojas verdes y de las hojas secas

de la ribera y de las rocas marinas

de oscuro color,

del heno del granero, el sonido de las palabras,

algunos besos leves, abrazos,

el juego de la luz y de la sombra entre los árboles

cuando se mueven las ramas dóciles,

el gozo de hallarme solo

o en el tumulto de las calles,

o en los campos y en los ribazos de las colinas,

la sensación de la salud perfecta,

el trinar de la luna llena,

mi canto al salir del lecho y saludar al sol,

Nunca ha habido más energía original que ahora,

y jamás habrá más perfección que ahora…

Bienvenidos sean todos mis órganos

y todos mis atributos,

ni una pulgada, ni una partícula de una partícula

de una pulgada es vil,

y ninguna debe ser menos conocida que las otras.

Sé que soy sano y vigoroso

que todos los objetos del universo convergen

y manan hacia mí perennemente,

que todos me traen un mensaje

que debo descifrar.

Sé que soy inmortal,

me río de lo que llamáis muerte.

Existo como soy y eso basta.

Estoy enamorado de mí mismo,

hay tantas cosas en mí tan deliciosas.

Todos los instantes, todos los sucesos

me penetran de alegría.

Creo que una hoja de hierba no es menos

que el trabajo realizado por las estrellas,

que la hormiga es igualmente perfecta,

y que la articulación más insignificante,

y ninguno es más ni menos que yo,

y lo bueno y lo malo que de mí digo,

lo digo de ellos.

Sé que todos los hombres son mis hermanos,

que el amor es el sostén de la creación…

Quien degrada a otro me degrada a mí,

y todo lo que se dice o se hace vuelve al fin a mí.

Encarno a todos los marginados

y a todos los que sufren,

brotan de mí muchas voces largo tiempo mudas:

voces de interminables generaciones

de prisioneros y esclavos

voces de los enfermos y los desesperados,

voces de los seres despreciados.

Me veo en la cárcel con las facciones

de otro hombre,

y experimento su dolor sordo y constante;

no pregunto al enfermo como se siente;

me convierto en él.

Soy el esclavo perseguido, el niño silencioso

de rostro envejecido, el enfermo

que exhala su último suspiro.

Hombre y mujer, quisiera decirte

cuanto te amo pero no puedo,

y quisiera decirte los que hay en mí

y lo que hay en ti,

pero no puedo, y quisiera decirte

cómo late mi corazón día y noche,

y cuanto sufro, pero no puedo.

_

2° ”El ultimo trato” Rabindranath Tagore

redspartan

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,

cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.

“¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:

“Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío

y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía

y yo vagaba por el callejón retorcido

cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.

Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.”

Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.

Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.

Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:

“Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció

y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.

Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.

Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:

“Puedo comprarte con nada.” Desde que hice este trato jugando, soy libre.

Los 4 mejores poemas de la historia

”Los Heraldos Negros” César Vallejo

15

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… Yo no sé.

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes … Yo no sé!

poemas

”Poema XX” Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,

y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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