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Los libros perdidos de la Biblia

El evangelio de Tomás, por ejemplo, fue una falsificación escrita en el siglo III o IV d.C. que afirmaba haber sido escrita por el apóstol Tomás. No fue escrito por Tomás. Los padres de la iglesia primitiva rechazaron casi universalmente el evangelio de Tomás como herético. Contiene muchas cosas falsas y heréticas que supuestamente Jesús dijo e hizo. Nada de él (o al menos muy poco de él) es verdad. La epístola de Bernabé no fue escrita por el Bernabé bíblico, sino por un impostor. Lo mismo puede decirse del evangelio de Felipe, el Apocalipsis de Pedro, el libro de Enoc, etc.

Hay un solo Dios. La Biblia tiene un Creador. Hay un solo libro. Contiene un plan de gracia, descrito desde su inicio, a través de su ejecución, y hasta su consumación. Desde la predestinación hasta la glorificación, la Biblia es la historia de Dios redimiendo a su pueblo elegido para alabanza de Su gloria. Así como los propósitos y el plan de Dios se despliegan en la Escritura, los temas recurrentes constantemente enfatizados son: el carácter de Dios, el juicio por el pecado y la desobediencia, la bendición por la fe y la obediencia, el Señor Salvador y el sacrificio por el pecado, y la gloria y el reino venidero. Es la intención de Dios que conozcamos y entendamos estos cinco temas, porque nuestras vidas y destino eterno depende de ellos. Es por lo tanto impensable que Dios hubiera permitido que algo de esta vital información “se perdiera” de alguna manera. No, la Biblia está completa y tan es así, que nosotros que la leemos y entendemos, también podemos ser “perfeccionados, y preparados para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).



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