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Los cuadernos de Cioran (pasa y lee a un grande)



¿QUIEN FUE Cioran? (solo para los que no les da paja leer un poquito)

Los cuadernos de Cioran (pasa y lee a un grande)

“Soy un simple accidente; ¿Por qué tomármelo todo tan en serio?”

E.CIORAN

Emil Cioran (Răşinari, 8 de abril de 1911 – París, 20 de junio de 1995) fue un escritor y filósofo rumano. La mayor parte de sus obras se publicaron en lengua francesa.

Cioran nació en la localidad de Răşinari (Städterdorf en alemán, Resinár en húngaro) en el condado transilvano de Sibiu, actual Rumanía, y que en ese entonces era parte del Reino de Hungría (parte del Imperio austrohúngaro). Fue hijo de Emiliano Cioran, un sacerdote ortodoxo de etnia rumana, y Elvira Cioran, originaria de Venecia de Jos, una comuna cerca de Făgăraș.

El primer libro de Cioran, En las alturas de la Desesperación (conocido como: “En las cumbres de la desesperación&quotLos cuadernos de Cioran (pasa y lee a un grande)Los cuadernos de Cioran (pasa y lee a un grande), fue publicado en Rumania en 1934. Galardonado con el Premio de la Comisión y el Premio de Jóvenes Escritores, fue una de las mejores obras narradas por un joven escritor inédito. Sucesivamente sus obras El Libro de los delirios (1935), La transfiguración de Rumania (1936), y De lágrimas y de Santos (1937), fueron publicadas en Rumania.

Más allá de sus aforismos y de sus ensayos, Cioran se deja la vida en sus “Cuadernos”,

E. Cioran no se consideraba un filósofo en el sentido ortodoxo del término, ni siquiera escritor.11 Provocador a ultranza, este pensador rumano animó durante su vida innumerables controversias contra lo establecido, contra las ideas constituidas en norma o dogmatismo.

La alienación humana, el más destacado de los temas presentado por Jean-Paul Sartre y Albert Camus, es formulado en 1932, por el joven Cioran: “¿Es posible que la existencia sea nuestro exilio y la nada sea la casa?” De lágrimas y de santos.

Las obras de Cioran abarcan muchos y variados temas, así: el pecado original, el sentido trágico de la historia, el fin de la civilización, la negativa del consuelo por la fe, la obsesión por la vida eterna, como una expresión del hombre metafísico, el exilio, etc.

Fue un pensador apasionado de la historia; de la lectura de los escritores asociados con el período de “decadencia”. Uno de estos escritores fue Oswald Spengler quien influyó en la filosofía política de Cioran, ofreciéndole gnósticas reflexiones sobre el destino del hombre y la civilización.

En cuanto a Dios, Cioran ha señalado que “sin Bach, Dios sería una figura completa de segunda clase” y que “la música de Bach es el único argumento que lo justifica, la creación del Universo no puede considerarse un fracaso total”13

William H. Gass calificó la obra de Cioran como “una filosofía romántica de los temas modernos de la alienación, el absurdo, el aburrimiento, la futilidad, la decadencia, la tiranía de la historia, la vulgaridad del cambio, la conciencia como agonía, la razón como enfermedad”.14

Saint-John Perse lo llamó “el mejor escritor francés en honor a nuestra lengua desde la muerte de Paul Valéry”.15

En sus escritos remarcó su especial predilección por dos pueblos, el ruso y el español, en su virtud de “pueblos derrotados”.

y aca, les dejo algunas anotaciones de sus cuadernos, publicados posteriormente a su muerte

Fragmentos del 1821 al 1840

Primer deber de cada uno, al levantarse: ruborizarse de sí mismo.

1821 (Pág. 215 – 7)

Si el perro es el más despreciable de los animales es porque el hombre se conoce lo suficiente como para poder apreciar un compañero que le resulta tan fiel.

1822 (Pág. 215 – 8)

Soy como esas viejas maniáticas que ven en todo desconocido un asesino.

1823 (Pág. 215 – 9)

El reino de lo inesencial.

1824 (Pág. 215 – 10)

Las cosas como son: todos mis pensamientos existen en función de mis miserias. Si he comprendido ciertas cosas, el mérito hay que situarlo únicamente sobre las lagunas de mi salud.

1825 (Pág. 215 – 11)

Las cartas de Simone Weil dirigidas al padre Perrin, escritas durante la guerra y publicadas en Attente de Dieu (Espera de Dios)…, pocas veces he leido algo tan fuerte referido al grado de exigencia absoluta con uno mismo. El respeto a la Verdad tiende a lo trágico.

1826 (Pág. 215 – 12)

¿A qué rezarle en el fondo de este universo marchito?

1827 (Pág. 215 – 13)

Esta angustia que se nutre a sí misma. Cualquier pretexto le vale para inflarse, para exasperarse. Saber que no obedece a ninguna “razón”, y que por tanto hay que someterse y seguir sufriéndola. No puedo dominarla, emana de todos mis desfallecimientos, de una debilidad que habría que calificar de ontológica…

1828 (Pág. 215 – 14) (Pág. 216 – 1)

En la medida de lo posible, huir como de la peste de las palabras “infinito” y “eternidad”.

1829 (Pág. 216 – 2)

Pueblo malhumorado y deshonesto…

1830 (Pág. 216 – 3)

Todo trabajo en profundidad supone cierto gusto por lo reprimido.

1831 (Pág. 216 – 4)

Esos días en los que la menor contrariedad me sume en una depresión total de la cual me resulta imposible deshacerme y que me deja la impresión de que jamás acabará, que me sobrevivirá incluso.

1832 (Pág. 216 – 5)

Nada me gusta más en Calígula que la orden dada a sus guardias de imponer el silencio absoluto en los establos la noche precedente a los espectáculos circenses de su caballo.

1833 (Pág. 216 – 6)

El discurso de Otón antes de matarse. Rehúsa quejarse o acusar, pues, según dice, “ocuparse de los dioses o de los hombres es señal de querer seguir vivo”.

1834 (Pág. 216 – 7)

17 marzo 1964.

¡De repente, un recuerdo muy preciso de mi pequeña habitación de la Schumannstrasse en Berlin, cuando tenía treinta años! ¡Lo cabreado que estuve en aquélla época! Nunca he conocido después una soledad más opresiva.

1835 (Pág. 216 – 8)

Heidegger y Céline…, dos esclavos de su lenguaje, hasta el punto que para ellos liberarse de él equivaldría a desaparecer. Esclavizarse del estilo propio, algo así como entre una necesidad, un juego, y una impostura. ¿Cómo desenredar la parte de cada uno de estos elementos? Se diría que el fenómeno primordial es la necesidad. Es lo que absuelve a los maniáticos de su lenguaje.

1836 (Pág. 216 – 9)

L. Muerto de tuberculósis en 1942 o 1943. Durante la ofensiva alemana de 1940, recuerdo que vino a verme al hotel, a mi habitación donde se encontraban de visita dos estudiantes rumanos, no recuerdo quiénes. Tuve que ausentarme durante media hora. A mi regreso, los estudiantes se habían ido, y quedé a solas con L., que me dijo: “Tus compatriotas son gilipollas…, sí, gilipollas. ¡Les gusta Francia!”

L. tenía tal pánico a ser movilizado que deseaba una derrota rápida. No he conocido por tanto nadie más francés, en el buen sentido del término, que él.

1837 (Pág. 216 – 10) (Pág. 217 – 1)

La pasión por la música es en sí misma una confesión. Nos sentimos más cercanos a un desconocido que se dedica a ella que a cualquiera que le resulte indiferente y que veamos a diario.

1838 (Pág. 217 – 2)

El masoquismo alemán es intolerable. Ayer noche, conferencia de Hans M. Enzensberger. De creerle, sólo los alemanes han cometido crímenes durante la última guerra.

Este pueblo no puede ser más que arrogante o plano, provocador o cobarde.

1839 (Pág. 217 – 3)

Cada uno cree que sólo él persigue la verdad, y que los demás son incapaces de buscarla y no merecen encontrarla.

Fragmentos del 1801 al 1820

Lo que más nos gusta en París (*) es asistir a la caída de un hombre.

(*) ¿Porqué sólo en París? He aquí una de las características fundamentales de la naturaleza humana.

1801 (Pág. 213 – 4)

Nadie es modesto, porque nada se hace modestamente. El orgullo de la derrota.

Sobre su frente llevaba los estigmas del éxito.

1802 (Pág. 213 – 5)

Vergüenza, vergüenza, vergüenza. Disputa con un comerciante, a propósito de una bombona de butano. Le amenazo, me enfurezco de tal forma que no puedo gesticular palabra, grito, tiemblo. Y tan desatado estoy que ni alcanzo a contemplarme, a “ser consciente” de mi estado, contrariamente a lo que me sucede en mis cóleras habituales, en las que me veo salirme con la mía.

Pero bien sé lo que me ha puesto fuera de mí: ese comerciante al que detesto desde hace mucho, aunque no me lo haya topado más que tres o cuatro veces en total, a ese comerciante, le noté contento de no darme la razón.

1803 (Pág. 213 – 6)

La desaparición de los animales, mejor dicho su liquidación, es un acto de una gravedad sin precedentes. Su verdugo ha invadido literalmente el paisaje. Ya no hay sitio más que para él. ¡Qué tristeza ver a un hombre ahí donde podría contemplarse a un caballo!

1804 (Pág. 213 – 7)

Si los aztecas practicaron el sacrificio humano fue para apaciguar a los dioses, a los que se ofrecía sangre a fin de que impidieran que el universo se sumergiera en el caos.

¡Estos precolombinos, creyendo con razón que era necesaria una operación contra natura, repetida a diario, para que la naturaleza no se dislocara y viniera abajo!

…En lo que a mí respecta, no puedo creer en las “leyes”; el universo no subsiste más que por una intervención sobrenatural. Llega el final de un período cósmico, y esa intervención, una vez concluída, el mundo se deshace en el acto.

1805 (Pág. 214 – 1)

Ahogado en el fracaso…

1806 (Pág. 214 – 2)

Una religión no está viva más que durante la elaboración de sus dogmas. No se cree realmente hasta mucho tiempo después de se ignore en qué se debe creer exactamente.

1807 (Pág. 214 – 3)

La injusticia…, asentamiento del mundo. La injusticia es la base de este mundo. Sin ella, me pregunto que habría de sólido y duradero aquí abajo.

1808 (Pág. 214 – 4)

La amargura de las entrañas.

1809 (Pág. 214 – 5)

Hace falta mucho coraje para hacer frente a la primavera.

1810 (Pág. 214 – 6)

Me siento extraordinariamente cercano al byronismo ruso, desde Petchorine a Stavroguine.

1811 (Pág. 214 – 7)

He escrito a Armel Guerne, a propósito de La caída en el tiempo: “Mis dudas no han podido deberse a mis automatismos. Sigo ejecutando gestos a los cuales me es imposible adherirme. El drama de esta insinceridad impregna el fondo mismo de mi opúsculo”.

1812 (Pág. 214 – 8)

En París, suelto gemidos tan gratuitos como los de mis paisanos en mi país. Esos suspiros milenarios, esos suspiros de siempre.

1813 (Pág. 214 – 9)

El aciago demiurgo

Este mundo no puede ser obra más que de un demiurgo sospechoso, e incluso aciago.

Esto es tan solo algunos de sus apuntes para adentrarse en el mundo de unos de los Filosofos mas grandes del siglo xx

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