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Loco de terror

Loco de terror

Visita mi callejón en el patio trasero del corazón:

http://www.taringa.net/comunidades/lacasadelgatonegro/9388331/El-callejon-de-ChinaskiCualquie.html

El miedo cultiva miedo. – Byron Janis

I

Mi abuela era una mujer extraña, una mujer misteriosa, era la madre de mi madre y ocasionalmente la visitaba, no era ni de mi agrado ni del de mi madre porque era una vieja rara, llena de secretos. Siempre que llegaba a su hogar, me tomaba y me sentaba en su regazo y me acariciaba los cabellos con sus largas uñas, largas, largas y de un tono amarillo y me acariciaba hasta llegar a mi cuello y mi cuerpo temblaba de miedo y un escalofrió recorría mi espalda y siempre que lo lograba le provocaba risa, que mas bien parecía un sonido gutural como si alguien la estuviera ahorcando:

-¡Jaaghh! ¡Jaagh! ¡Jaagh!

Su cara estaba totalmente arrugada y del lado izquierdo tenía unos extraños arañazos, horribles, como si alguien alguna vez le quiso arrancar la piel de su rostro que estaba pegado al hueso y daba la impresión de estar viendo a un cráneo, su cabello era color ceniza, opaco, sucio, usaba una coleta que le caía hasta la cintura pero lo que en verdad aterraba eran sus ojos… alrededor de los ojos la piel estaba reseca y tenía un color muy particular, entre verdoso y negro, las cuencas de sus ojos estaban sumidas y solo veías como se movía sus ojos y observaban a todas partes, observaban, los podías sentir cual daga cuando su mirada se clavaba en ti.

Hoy murió la vieja, la encontraron muerta en su alcoba, se había suicidado y la gente comenzó a decir que se había quitado la vida para ofrecérsela al diablo. La gente no sabía, la abuela había tenido una vida difícil, estaba deprimida, abandonada, yo quería a la vieja, ella no necesitaba que le gritaran ¡BRUJA! en la calle y la señalaran con el dedo, ella necesitaba un centro de atención especializada, donde la cuidaran a la pobre vieja, no dejó nada, sólo un viejo perro, un llavero que me dio de pequeño, una choza ‘maldita’ y una deuda de los servicios funerarios.

II

¡Ah! Aún no puedo creer que me tenga que bajar del jodido coche para abrir el jodido portón del jodido condominio y estacionar el jodido coche, en serio que no lo puedo creer. Son las 3:27 de la madrugada, hace un frío que entumece hasta los dedos de mis pies, vaho emana de mi respiración y no hay luz fuera del condominio, es que en serio, es el escenario perfecto para un robo o para ver a la vieja de blanco llorando jejeje, ¡Ahhhh! ¿Perooo en el día? No hay escéptico más acérrimo que yo jeje, sin embargo, la luna guarda extraños influjos sobre mí que aún no logro comprender jeje. Bueno ya, ya estuvo bien, contrólate, no pienses en esas cosas ya llegaste al condominio, ahora todo es fácil, te bajas, te estaciones y duermes, fácil.

– ¡Hey! ¡MARCO! Vamos hombre, levanta

Marco es el ‘velador’ del condominio y está dormido como siempre, alega diciendo que sufre de un asevero que le impide rondar los pasillos y cuidar de los asaltantes. Sin embargo está ahí porque el pobre hombre perdió a su familia en un incendio y quedo sin nada y todos lo arroparon muy bien en el condominio y gracias a la infinita compasión de todos ahora voy a tener que quitar la velocidad del coche, buscar las llaves del portón, desabrocharme el cinturón, abrir la puerta del coche la cual hace un ruido casi ensordecedor, bajarme del coche y no pisar el agua, caminar hasta el portón, introducir la llave para que en ese mismo instante ¡Marquitooo! salga y me diga:

– ¡Ay perdón oiga! Pos’ me gano el sueño jaja

Mejor que no salga que yo me encargo de volver a dejarlo inconsciente, sin embargo, los dos estábamos de suerte, al abrir la puerta del coche el fuerte ruido de la puerta fue más que suficiente para despertarlo.

– Buenas noches oiga, ¿Có-có-cómo está usted? Mi, mi, mi, mi más sentido pésame, esta tarde nos enteramos to-to-todos

– Buenas noches Marco, gracias, hoy fue un día largo

– Si me imagino, yo también he,he,he pasado po-po-por eso, mi, mi, mi , mi fa-familia usted sa-sa-sabe, también pasó a una mejor vida ha-ha-hace poco, es un golpe duro oiga

– ¡Si, lo sé, es una pena Marco, deja de hablar de eso viejo! Mi abuela paso a mejor vida, ya era una mujer grande

– ¡Ah caray! Si, si, si , es tri-triste

– Lo es, se me cierran los ojos…

– Ah sí, sí, di-di-disculpe usted, vaya a des-des-descansar, cualquier cosa esta-estamos aquí

– Gracias, Buenas noches

Subo la ventanilla, pongo la velocidad, avanzo 5 metros, fijo mis ojos en el retrovisor y veo a Marco haciendo señas para que me detenga… ¡Ahh marquito marquito! ¿Y ahora qué querrá?, freno, bajo la ventanilla y observo a Marco acercarse con paso vacilante, muuy lento…

– Oiga, ay dis-disculpe, pe-pe-pero cayó una lluvia muy fue-fuerte y afectó al po-po-poste de teléfonos, el po-po-poste de la compañía, e-e-esta…

– Teléfonos Nacionales

– Esa, esa misma, ya pu-pu-pusimos reporte y ma-ma-mañana vendrán a componer eso

– Gracias, buenas noches

¡Ah ese Marco! Bueno, no es su culpa, quizás en verdad piense que voy a llegar a hablar por teléfono o quizás… ¡Ah! El jodido internet y la jodida televisión también vienen de ese poste, mierda, jodidos triples paquetes de mierda, bueno ya, ya, el vecino siempre tiene internet, la otra compañía no falla, mierda.

Por fin llegué al estacionamiento, me estaciono, quito la velocidad, saco las llaves, me desabrocho el cinturón, apago las luces, abro la puerta que hace un sonido tan ensordecer que seguramente despertó a medio condominio, bajo el pie izquierdo y piso un charco, inmediatamente siento el agua fría entrar en mi pie, ¡joder! me termino de bajar, cierro la puerta del coche que vuelve a hacer un sonido estridente, levanto la mirada cuando de repente diviso algo, el tercer piso se quedo sin luz, vivo en el segundo pero el vecino de la compañía que no falla, en el tercero, genial.

III

Voy caminando a paso de ambulante, mis ojos cansados, el frio cada vez es más entumecedor y de mi boca exhalo un vaho que se va haciendo más espeso, doblo la esquina del condominio para subir las escaleras cuando me percato de otra cosa, las escaleras se quedaron sin luz… mi piel se erizo en un segundo, mi espalda sufrió un escalofrío, mis ojos se abrieron como platos y mi corazón empezó a latir violentamente. No sé cuánto tiempo dure parado incrédulo ante tan tenebrosa situación, volví a entrar en razón hasta que la parte escéptica de mi cerebro se empezó a burlar de mí, razón suficiente para olvidarme y caminar a paso decidido sobre el lodo que se había formado hasta llegar a las escaleras, en el momento en que mi suela toco el primer escalón se produjo ese sonido chillante que hace la arena húmeda al rozar con el cemento, otro estremecimiento ataco mi cuerpo, me quede inmóvil a la orilla de las escaleras, mi corazón seguía latiendo a un ritmo frenético, la cara, piernas y manos empezaban a entumecerse más por el frío que parecía aumentar cada segundo y el vaho empezó a emanar de manera más espesa.

Subí otro escalón, mi piel se erizó más y comencé a tener esa extraña sensación, la de sentirte observado, voltee a todos lados para ver algo, alguien, no sé que, cualquier cosa, quería ver qué era eso que me estaba observando, podía sentir su mirada en la nuca, alguien me estaba estudiando y se escondía a mis espaldas, comencé a subir las escaleras y a cada escalón mi piel se crispaba más, mi cuerpo sufría otro escalofrío y el vaho continuaba haciéndose más y más espeso, la mirada de mi espectador se hacía casi insoportable y yo lo buscaba enfermizamente.

Mi cerebro comenzó a formular un debate acerca de la existencia del observador, la idea era patética, meramente imposible hasta que vi el final de las escaleras y sin pensarlo dos veces corrí, ahora estaba convencido de que ese algo que me observaba, se había decidido a seguirme, podía sentir su presencia atrás de mí, corrí hasta la puerta del departamento sin voltear atrás, busque las llaves de entre mis ropas, mis manos temblaban, podía sentir a esa cosa acercándose lentamente hacía mí, me estaba cazando, el temor corría por mis venas, gotas de sudor comenzaban, resbalaban de mi frente, encontré la llave que estaba al lado de un llavero que me había regalado la vieja…mi corazón se detuvo un instante la recordé en el velorio, en su ataúd, gélida con una sonrisa maliciosa dibujada en los labios, no pude más, supe que ella me estaba observando, levante la mirada al corredor, estaba solo, completamente solo…excepto por una delgada capa de neblina que se comenzaba a formar , mi observador se había escondido de nuevo….

IV

Entre al departamento, cerré la puerta tras de mí, encendí la luz del pasillo, gire sobre mis talones y comencé a echar llave frenéticamente a todas las cerraduras. Me recargué en la puerta, deje escapar un suspiro, me relajé un segundo cuando de repente volteo hacía el pasillo, mi cuerpo se tensó cual flecha porque comprendí que había entrada a la cueva del lobo y el pasillo comenzó a lucir como la entrada a un oscuro laberinto:

– ¡Andras ven! ¡Ven pequeño! ¡Ya pararon los rayos!

Andras era el perro de la vieja, me lo regaló la última vez que la vi con vida…

– ¡Ven pequeño mira lo que traje!

El perro nunca salió de su escondite y la abuela empezaba a aparecer en todos lados y extrañamente cada paso que daba hacía mi cuarto sentía que me observaban cada vez más…

Logré llegar al siguiente apagador que se encontraba fuera de mi cuarto, me dirigí hasta él con paso de ambulante, encendí la luz, volví sobre mis pasos para apagar la luz del pasillo cuidándome de cada rincón oscuro, caminé de nuevo hasta mi cuarto y me percate de unos singulares rasguños en la parte de éste…mi boca se secó en un segundo, mi mente en ese mismo segundo vio a los rasguños de la cara de la vieja y al segundo siguiente comprendí que los rasguños eran de Andras que seguramente buscó refugió de los rayos en mi cuarto.

Mi mano alcanza la manija del cuarto, la giro lentamente, la puerta cede y siento un estremecimiento de terror en cada uno de mis cabellos, que recorre toda la espina dorsal hasta llegar a los dedos de mis pies que se retuercen pidiendo piedad. El sudor comienza a entrar en mis ojos, mi camisa esta empapada, la lengua se me empieza a pegar al paladar y los labios comienzan a agrietarse, empujo lentamente la puerta que produce ese sonido chillón, cierro los ojos y busco a tientas la lámpara del cuarto, se enciende, mi corazón late salvajemente, se que está enfrente de mí, sé que voy a ver a esa cosa, mi observador, abro los ojos….nada, no hay absolutamente nada.

Cierro la puerta tras de mí y corro a mi cama, me siento en la orilla de esta y me percato de una cosa que me deja helado, olvidé apagar la luz de afuera del cuarto. La luz de afuera entraba cual lámpara por debajo de la puerta, no sabía qué hacer, me comencé a quitar los zapatos sin quitar la vista de la rendija, lo sabía, sabía que una sombra iba a colocarse fuera del cuarto, deje caer pesadamente los zapatos al suelo, comencé a quitarme también los calcetines mojados por los charcos pero más el sudor, me quite el saco sin retirar la mirada de la rendija, nada aún, la tensión me estaba matando, no soporte más, deje caer el saco al suelo, destendí la cama, me cobije y me hice un ovillo, temblando de terror, esperando a que esa cosa me tocará el hombro, acariciara mi pelo con sus uñas o soplara en mi oreja, mi piel seguía erizada, mi corazón latía violentamente, escalofríos convulsionaban mi cuerpo, gruesas gotas de sudor resbalaban en mi frente y mis ojos abiertos desmesuradamente.

V

Despierto, no sé qué paso, me siento desorientado, no sé cuánto tiempo paso pero mi cerebro sabe que fue poco, 5 minutos, no sé, estoy confundido, mis ojos reaccionan pero están pesados como juicios, cerré mis ojos y la vi, el terror me volvió a invadir, la pesadilla aún no terminaba.

De pronto recordé porque desperté, el sonido de una gotera que venía desde el baño me había alterado y en ese mismo instante comprendí que no iba a dormir hasta ir a revisar, más no tuve valor suficiente, seguí acostado, hecho un ovillo escuchando:

– ¡Tic – Tac! ¡Tic – Tac!

Cada 3 segundos, era maravillosamente preciso y frustrantemente aterrador, quise distraerme, tomar mi celular pero estaba seguro de que si bajaba la guardia esa cosa iba a estar enfrente de mí, estaba paralizado por el horror y de pronto empecé a escuchar sonidos extraños por todos lados, pasos en la casa de arriba, golpes en la pared de al lado, sonidos de sillas moviéndose, perros aullando, no podía más, la cama se empezaba a sentir húmeda por mi sudor, no podía más. Me levanté de un salto de la cama, mis pies descalzos reaccionaron con el frío del suelo, mis ojos ya estaban acostumbrados a la oscuridad pero imploraban sueño, tenía que hacer algo y mi mente se armo de valor consecuencia de la desesperación, frustración y un sueño que era casi abrumador y decidí ir al baño.

Caminé hasta la puerta del cuarto, la abrí de golpe, la luz de afuera seguía encendida pero poco importaba, estaba harto, camine hasta el baño que estaba oscuro, realmente oscuro y pise un charco de agua helada una escalofrío como relámpago recorrió todo mi cuerpo, no puse atención y encendí la luz y ahí estaba….

Andras estaba colgado de la regadera con el cuello roto, gotas de sangre caía de su hocico cada tres segundos, tic-tac, tic-tac, la sangre formaba un charco al rededor de mis pies y en el espejo habían unas palabras escritas con tinta sangre:

– ¡La vieja lo reclama desde el infierno!

Poco recuerdo después, caí y un golpe en la cabeza me hizo perder el sentido y cuando desperté estaba en un cuarto lleno de almohadas, el personal directivo vestía de blanco y yo llevaba una pijama gris, sé perfectamente que esto es un manicomio, llevo 3 años aquí y no sé porqué si yo no estoy loco, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato, la vieja lo mato…

Loco de terror

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