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Lo último en RRHH: Trabajadores “Tipo T”

Un trabajador tiene “forma de T” cuando, además de una formación técnica o especializada, también cuenta con una serie de conocimientos más genéricos, que le permiten aportar a su trabajo ideas o experiencias de sectores muy diversos. En esta T, las competencias específicas representarían el tramo vertical (la especialización o “profundidad” del conocimiento), y en la cima estarían las habilidades transversales, útiles para cualquier tipo de negocio o sector (la “amplitud” del saber).

Desde hace unos años, en este tramo horizontal también se incluyen las habilidades “blandas” o socioemocionales. La formación de calidad es imprescindible, pero, a menudo, las escuelas y universidades parecen olvidar que aspectos como la comunicación efectiva, resolución de conflictos, negociación, empatía, la perseverancia o el liderazgo son esenciales para que casi cualquier trabajador sea efectivo en su trabajo. “Estas competencias son críticas en el lugar de trabajo, y ser capaz de demostrarlas puede ser clave para que un alumno destaque en un mercado laboral tan competitivo”, asegura Stephanie Miller, investigadora de la EPA norteamericana.

El concepto de “trabajadores tipo T” se acuñó en Silicon Valley, hace algo más de dos décadas, en el contexto de sectores muy innovadores que necesitaban profesionales equipados con una buena combinación de competencias técnicas y genéricas para poder hacer contribuciones enriquecedoras a su trabajo. Desde entonces, cada vez son más las empresas que buscan este tipo de talento, incluso en un sector tan altamente especializado como el tecnológico.

Un artículo de Forbes argumentaba, hace pocos meses, que “cuantos más programadores audaces sueñan con cambiar el mundo, más necesitan tener en sus empresas alquimistas sociales que pueden conectar con los clientes”. Según Mark Murphy, autor de Hiring for attitude, “cuando un nuevo empleado falla en una empresa, en el 89% de los casos es por culpa de la actitud, no de las habilidades”, y por eso compañías como Apple, Google o Southwest estarían seleccionando a su personal usando la máxima de “contratar por la actitud y después formar para las habilidades”. Resultan interesantes las confesiones del jefe de selección de una cadena de hoteles de alta gama de Chile sobre cómo, a la hora de reclutar a su personal, primaba factores como la frescura o la actitud de servicio positiva y comprometida, por encima de los conocimientos específicos.

La evidencia empírica también indica que las habilidades blandas cuentan –y mucho. La inmensa mayoría (77%) de los más de 2.000 empresarios entrevistados en esta encuesta considera que las competencias genéricas son tan importantes como los conocimientos técnicos. En este estudio, atributos como compromiso ético, actitud positiva, motivación, trabajo en equipo o comunicación efectiva aparecen en el “top ten” de lo más buscado por las firmas. Y también se nota en el salario: una investigación de la Universidad de California Santa Barbara concluye que los trabajadores con un perfil T ganan aproximadamente 10% más que los que sólo son buenos

en una de las dos áreas. En América Latina y el Caribe, diversos estudios del BID también certifican que las habilidades socioemocionales son las más altamente valoradas por los empresarios de la región y, a su vez, son las más difíciles de encontrar en el mercado de trabajo (Desconectados), e incluso que su carencia es la primera causa de los despidos en países como Bahamas.

Por eso, si como trabajador ya en activo o como estudiante te planteas qué necesitas para ser un trabajador más codiciado, creo que puede ser útil examinar si tu perfil tiene forma de T o si, por el contrario, tiene forma de “i” porque la formación recibida ha puesto el énfasis, casi exclusivamente, en los aspectos técnicos o especializados. En este caso, puede ser interesante reforzar algunas habilidades genéricas (en esta web en inglés puedes encontrar cuestionarios para identificar tus

principales lagunas y recursos útiles para mejorar distintas facetas). Para lograr un cambio en nuestras actitudes, además de buenas intenciones necesitaremos fuerza de voluntad, tiempo, dedicación y, sobre todo, practicar mucho para interiorizar esos hábitos. Pero, seguramente, mejorar ese equilibrio entre aptitudes y actitudes nos facilitará que podamos escribir nuestro currículum con forma de T, de talento.

*Esta columna es parte de una serie llamada “El futuro del trabajo”, en la que cada mes el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reflexiona sobre los empleos que vienen.

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