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Lo que se viene en la economía.

Lo que se viene en la economía.

LA SITUACION INICIAL QUE RECIBIRA LA NUEVA ADMINISTRACION

Producto Bruto Interno con tendencia a crecer.

Las últimas estadísticas oficiales y privadas muestran que los resultados del PBI para el segundo trimestre DE 2015 confirman nuevamente un desempeño de la actividad mucho mejor al esperado.

El PBI del Congreso (promedio de mediciones privadas divulgada por diputados de la oposición), como el de esta administración mostraron un crecimiento en el segundo trimestre de 2% (implica un aumento anualizado mayor al 8% interanual), mayor al publicado por el INDEC que fue de 1,2% (casi 5% anualizado).

Así, en el primer semestre, según las estadísticas privadas, el PBI tuvo una suba de 0,7% l, mientras que las cifras oficiales dan cuenta de una variación mayor, de 1,7%.

Las estadísticas mostrarán nuevamente un desempeño 2015 anual positivo, pero menor a los registros del primer semestre.

La actividad concluirá el año con un crecimiento cercano al 0,5% a pesar de la significativa dificultad que presenta hoy la economía para encarrilarse en un sendero de crecimiento relativamente sostenible, máxime dada la magnitud de los desequilibrios macroeconómicos actuales (atraso cambiario y tarifario, déficit fiscal récord)

Mejoras de último momento

Casi como un tardío regalo de despedida de esta administració ¨prueba y error¨, la situación mejoró durante la primera mitad de 2015.

Se observa en el mercado laboral un incremento en las contrataciones.

La Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en el primer semestre del año indica que se han creado 140 mil puestos de trabajo en todo el país, de los cuales prácticamente la totalidad son empleos registrados.

Esta recuperación del empleo (tras la baja de puestos observada en 2014) es favorable para el ingreso familiar per cápita que aumentó su incremento nominal de 25% en 2014 a 30% en 2015.

En lo que va del año la inflación se desaceleró significativamente, producto del congelamiento tarifario, el atraso cambiario y una situación internacional deflacionaria por la caída en el precio de los commodities y por las devaluaciones de nuestros principales socios comerciales.

La inflación moderó su tasa de expansión en casi 9%.

El ingreso real per cápita del hogar creció 1,8% anual durante el primer semestre.

La variación fue positiva para todos los estratos sociales, las diferencias fueron sustanciales: la “clase baja”, el 40% de la población con menores ingresos vio crecer su poder de compra un 3,5% anual y la clase media lo aumentó 2,4% anual.

La clase alta (20% con mayores ingresos) no tuvo un incremento (sólo 0,2% en el periodo).

Con ingresos reales creciendo en los sectores más vulnerables, era esperable una reducción de los niveles de pobreza e indigencia. En los primeros seis meses del año la pobreza incidió sobre el 24,5% de las personas y la indigencia sobre el 8,1% de las mismas. Es decir, 10,3 millones de personas no lograron cubrir la canasta general y 3,4 millones la canasta de alimentos.

Si comparamos la situación actual con la existente en el mismo periodo de 2014, la pobreza se redujo 1,9 puntos y la indigencia 1,7 puntos.

Esta mejora se diluye al comparar con años anteriores. El actual ratio de pobreza es peor que el de 2013 y comparable al de 2011 (similar situación se da al contrastar los porcentajes de indigentes en la población).

Es decir, en la última presidencia de Cristina Fernández de Kirchner la incidencia de pobres e indigentes no mejoró, y aumentó en cantidad de personas.

En suma, la evolución de la pobreza en los últimos doce años puede dividirse (como muchas otras variables económicas) en periodos.

Desde 2003 hasta 2011 (con Nestor Kirchner, un equipo controlado por él y un manejo político severo) la mejora fue continua. Cuando asumió CFK, se observa un camino totalmente negativo que podría terminar muy por debajo.

La situación macroeconómica es un determinante fundamental para reducir la pobreza desde niveles como los actuales, pero queda claro que no es el único. Una vez alcanzado un umbral, además de un contexto macro saludable, se necesitan políticas serias y no discursivas para atacar la exclusión social. Para poder implementar dichas políticas públicas, se necesita información clara y precisa y suspender gastos superfluos y los realismos mágicos académicos.

Lamentablemente, la falta de estadísticas públicas confiables termina convirtiendo variables observables en no observables complicando la lucha contra la pobreza y la indigencia. Tal vez la nueva administración recupere un bien público tan necesario como el INDEC.

Las condiciones iniciales para el próximo gobierno, hacen improbable una política económica basada en la continuidad de las tendencias actuales.

Esto es así por el estancamiento del nivel de actividad desde 2012 y por la inflación elevada contenida temporalmente mediante el atraso cambiario.

Ese atraso ha deteriorado las cuentas externas y desalentado la producción de bienes exportables.

El gráfico indica el atraso cambiario respecto de la inflación y muestra en forma muy simple como se configuró la brecha cambiaria entre 9.40 y 16 (71%).

Lo que se viene en la economía.

El 77% es lo que habría que devaluar para compensar la inflación.

Nótese el ángulo de tendencia linear que es mayor a 45 grados.

La razón de estos fenómenos es el creciente desequilibrio fiscal, la distorsión en las tarifas de los servicios públicos y el financiamiento monetario del déficit.

Lo que se viene en la economía.

Naturalmente esta política no pudo conducir más que a una estanflación: donde el nivel de actividad económica decrecía, columna (roja,) mientras que la inflación aumentó constantemente (columna azul).

La información es oficial de esta administración y del Congreso Nacional.

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En caso que la nueva administración se inclinara por un programa de shock, resolviendo el atraso cambiario, eliminando el cepo y reduciendo el déficit fiscal puede esperarse, luego del impacto inicial, una posterior recuperación del nivel de actividad. Naturalmente se dinamizarían las exportaciones y el ingreso de capitales.

Sin embargo para hacerlo es imprescindible alta credibilidad y un apoyo incondicional de las fuerzas políticas y sindicales, junto con el acceso a altas fuentes de financiamiento externo, algo que no se logrará y mucho menos con el tipo de administración que asumirá y por el desequilibrado alineamiento internacional.

Por otra parte. Son muy pocos los casos en los que un nuevo gobierno comienza implementando este tipo de políticas y mucho menos el que tomará nuevamente el control sin cambio de ideología populista.

También es posible un escenario gradualista evitando un fuerte ajuste inicial en el gasto público, y tratando de obtener mejorías de corto plazo en algunas variables económicas.

Sin embargo, este proceso tomará bastante tiempo y se estará sacrificando credibilidad para atraer inversiones y debería convivirse con alta inflación, por lo que la nueva administración se verá forzada a tomar medidas bastante drásticas en medio del proceso electoral de medio término (2017).

Con un programa de ajuste demasiado gradual tampoco podría lograrse una reactivación firme, porque las tasas de interés deberían mantenerse elevadas y las exportaciones demorarían en recuperarse, al igual que las inversiones. Además, estaría latente el riesgo de un aumento de la brecha cambiaria.

Las cifras son oficiales e indican que la actual administración desde 2010 ha generado un aumento de la inflación y una caída del empleo en blanco por el menor nivel de actividad. Cuando hay estanflación la recaudación impositiva en el vetusto y desorganizado sistema impositivo de nuestro país, cae la recaudación previsional por el trabajo en negro y la administración no puede financiarse adecuadamente tomando el impuesto al trabajo que cobra el ANSES, viéndose obligados a sostener el modelo de inclusión social con emisión monetaria constante y endeudamiento interno mediante una variedad enorme de Bonos de todo tipo y costo.

Razones del cambio de administración con una economía muy deteriorada

Más allá de las diversas propuestas de los tres candidatos se implementarán correcciones importantes en un lapso de tiempo bastante corto. Sin duda no será por convencimiento si el responsable s la continuidad del gobierno populista – algo más que probable – pero sí por necesidad, ya que la situación económica será decididamente insostenible, porque la idea de continuidad de las políticas económicas en el próximo Gobierno se mantendrán en la visión de los agentes de los mercados.

Habrá – sea quien sea el nuevo administrador – una rápida negociación con los holdouts, racionalización de subsidios a la energía y el transporte, reducción significativa del financiamiento al Tesoro por parte del Banco Central y el imprescindible ajuste cambiario (que puede adoptar diversas formas según el administrador) antes de fin de año.

La brecha entre las cotizaciones alternativas del dólar se han reducido por un leve descenso del dólar libre Desde el jueves pasado la cotización del dólar bolsa se incrementó en 2,7%, por la recuperación de los precios en pesos en el mercado local, y por un descenso, de sus cotizaciones en dólares. Por su parte, el precio del dólar libre se mantiene.

Las autoridades económicas están interesadas en evitar un nuevo salto en las cotizaciones alternativas del tipo de cambio, porque es la vara con la que ellos mismos miden su desempeño en las responsabilidades que les toca.

Como prueba de esto, el viernes 3 de octubre desde la Superintendencia de Seguros amenazaron a los responsables de estas instituciones que si no se desprendía de títulos en dólares en el mercado local, iban a obligar a valuar en sus libros estos activos con la misma metodología de la Resolución que provocó e escándalo del negociado con la CNV y que, además, canjearían las tenencias de bonos en dólares por los nuevos títulos dólar linked, cuyo rendimiento es sensiblemente inferior al que brindan los bonos que hoy tiene en cartera.

Evidentemente, la actual conducción económica no parece importarle los significativos y variados costos económicos e institucionales que este tipo de iniciativas apresuradas genera a corto, mediano y largo plazo.

El mercado de divisas

Al actual tipo de cambio oficial de 9,40 pesos, la demanda supera ampliamente la oferta de dólares.

Con el 20% de recargo, hay también mucha demanda controlada por la AFIP para atesorar.

A 12,70 (con el 35% de recargo), la demanda de dólares para viajar al exterior es un seguro de cambio disponible para los particulares que compran boletos de avión y reservas de hoteles para hacer su ¨hedge¨ individual.

Las operaciones con bonos (el contado con liquidación) se hacían a 14 pesos hasta que la actual administración lo bajó y transitoriamente.

A 16 pesos, la demanda por el dólar paralelo es sostenida.

El único que vende dólares todos los días en el mercado oficial es el Banco Central, con un buen control de cambios y una impecable administración de recursos, llevan nueve semanas seguidas vendiendo US$ 400 millones semanales.

En la Argentina los dólares escasean porque son baratos, líquidos y conservan su valor, todo lo contrario a los pesos. Esto genera una caída de las reservas y un aumento de la brecha.

La administración parece que tratara de postergar el problema cambiario para que lo resuelva su sucesor después del 10 de diciembre. Tratan de cuidar – y el BCRA lo hace muy bien y prolijamente – las reservas hasta dónde puedan con cepo y una brillante ingeniería del Banco Central.

La administración trata de contener la brecha atacando el contado con liquidación con la ANSES y con controles que ya resultan inútiles.

La presión cambiaria no tiene solución porque el origen es el déficit fiscal que se financia directa e indirectamente con emisión de pesos.

La inyección de pesos tiene que canalizarse de alguna manera y lo está haciendo comprando dólares, con mayor consumo puntual y afortunadamente sin una aceleración de los precios que en este caso han llegado a ser tan altos en relación a los ingresos, que los aumentos impactan en la demanda.

Cuando se corrija el tipo de cambio oficial de 9,40 pesos por dólar la suba se traslada en un porcentaje a los precios internos (algunos economistas snobs lo llaman “pass through”).

Cuando la inflación es baja, el traslado a los precios de una devaluación es más lento, por expectativas y porque no se acelera de inmediato la velocidad con que el público desea desprenderse de los pesos. A medida que la inflación es más alta, el impacto de una devaluación sobre los precios es mayor exponencialmente, precisamente porque decaen las expectativas y el interés de conserva pesos acelerando el proceso de traslado, y si a eso se le suma cierto estanflación, como la que se está viviendo para devaluar hay que tomar muchas precauciones.

Por eso, la corrección no termina en el tipo de cambio. La suba de los precios y los costos hace que en pocos meses se vuelva al punto de partida (con el dólar igual o más bajo que antes).

Las limitaciones para reacomodar el tipo de cambio real en un nivel más alto es un problema típicamente argentino.

En 2015 la mayoría de los tipos de cambio de los países subieron contra el dólar un 20% pero en ningún caso hubo mayor tasa de inflación. En cambio, la devaluación de enero de 2014 en Argentina del 25% mostró exactamente lo contrario: en menos de un año devaluación fue absorbida por completo por la suba de los costos y los precios internos.

Cuanto de la devaluación va a ir a los precios depende del porcentaje entre lo que se exporta y lo que no se puede exportar que son los servicios y tarifas públicas no relacionadas con el tipo de cambio

El 55% del consumo es transable (27% exportables y 28% sustitutos de importaciones).

Los alimentos son transables, la ropa es sustitutiva de importaciones.

El 45% restante son no exportables (35% servicios y 10% tarifas públicas).

Una devaluación de 70% para blanquear de un golpe la situación provocaría que en menos de tres meses los bienes transables suban 50% y los no transables un 25/30%.

Pero si se continúa con la política monetaria de déficit y subsidios cubierto con emisión monetaria y bonos a los seis meses, las subas habrán absorbido gran parte de la devaluación y al año, si se sigue con la misma política de anclar el tipo de cambio la devaluación habrá sido absorbida, sin contar con las tensiones sociales sectoriales para ajustar salarios.

La corrección del tipo de cambio nominal es inevitable y naturalmente una parte se trasladará a los precios. Eludir la corrección para eludir aumentos de precios es inviable.

La habilidad será corregir el tipo de cambio con un programa monetario, fiscal y de financiamiento del sector público y salarial que permita un traslado a precios inferior al que se registró en 2014 de la mano de una devaluación aislada, con alta inflación y sin programa.

La política monetaria es el instrumento a la mano más efectivo para moderar el traslado de una suba del tipo de cambio a precios en los primeros meses. Después, la política más efectiva será moderar el déficit fiscal.

Las últimas acciones de esta administración ¨prueba y error¨

La actual administración impulsará una mayor oferta de divisas en el mercado libre en su habitual intento por contener las presiones cambiarias. Presiones que son muy altas por la caída que mostrarán las reservas internacionales debido al pago del Boden 2015 (aprox. US$5.900 millones) a lo que hay que agregar que se suma el compromiso financiero de la provincia de Buenos Aires que tiene otro vencimiento importante el 5 de octubre de US$1.050 millones).

Estos pagos son simultáneos con la aceleración en el proceso de compra de dólares que se está observando en las últimas ocho semanas. Con posibilidades mucho menores de ampliar el swap de monedas con el Banco Central de China y por las propias restricciones de financiamiento que enfrenta la República, las reservas internacionales disminuirán US$5.000 millones, caída mensual solo superada en enero de 2006 cuando se canceló la deuda con el FMI y los activos externos del BCRA se redujeron US$8.400 millones.

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