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Lo que me enseñó el Síndrome de Asperger

“Ser asperger o autista, significa que lo que es normal para mí, no lo es para el resto de las personas. En cierto sentido estoy terriblemente desprovisto del equipo necesario para poder vivir en este mundo. Soy como un extraterrestre que se encuentra en la tierra sin ningún manual de supervivencia. Concédeme el derecho de conocerme a mi manera, reconóceme que somos extraterrestres el uno para el otro y que mis formas de vida no son solamente versiones de las tuyas.

Pon en duda tus ideas, define tus conceptos y trabajemos juntos en la construcción de un puente entre nosotros.”

Jim Sinclear

Mi papá me acercó un libro precioso, llamado “El curioso incidente del perro a Medianoche”, escrito por Mark Haddon, escritor, ilustrador, pintor y profesor inglés.-

El libro, narra en primera persona, con maravillosa exactitud y simpleza, lo sucedido a Cristopher, un joven con Síndrome de Asperger.-

Generalmente, este síndrome del espectro autista, trae numerosas complicaciones a la vida cotidiana, y el estrés consiguiente para quien lo posee y su grupo familiar. Pero hoy, en lugar de hacer hincapié en esas dificultades, quería contar todo lo que aprendí de mi hijo a través de conocer y entender cómo es la conducta de quienes lo tienen, y todo lo que también me ha aportado y enseñado para mi vida.

En el libro Cristopher cuenta:

“Me sé todos los países del mundo y sus capitales y todos los números primos hasta el 7.507.”

Y aprendí a prestar atención a detalles que no hubiera percibido nunca naturalmente, y descubrir todas las relaciones numéricas que hay en todo lo que nos rodea, encontrando patrones de una meticulosa exactitud, que sólo me demuestran lo maravilloso y exacto del Universo.

“Ahora cuando no sé qué me está diciendo alguien le pregunto qué quiere decir o me marcho.”

A través de la dificultad de comprender el lenguaje gestual y la no literalidad de algunos mensajes de la comunicación en el Síndrome de Asperger, tomé conciencia de las diversas interpretaciones que realizamos cuando alguien nos dice algo, y las confusiones y malos entendidos a las que dichas interpretaciones nos llevan, en lugar de simplemente preguntar directamente cuando tenemos dudas de algo que nos dicen. Y también de la cantidad de suposiciones que naturalmente realizamos, la mayoría equivocadas, que nos conducen a juicios apresurados acerca de las personas. Aprendí entonces, a no hacer suposiciones, y si algo me genera dudas, preguntarle directamente al otro qué me quiso decir.

“Me gustan los perros. Uno siempre sabe qué está pensando un perro. Tienen cuatro estados de ánimo. Contento, triste, enfadado y concentrado. Además, los perros son fieles y no dicen mentiras porque no hablan.”

Será por eso que a mí me encantan los perros también. Está buenísimo eso de tener cuatro estados de ánimo solamente… y nadie más leales que ellos. Nadie.

“No me gusta que la gente me grite. Me da miedo que vayan a pegarme o a tocarme y no sé qué va a pasar.”

A mí tampoco me gusta que la gente grite, es algo que me molesta profundamente. No me da miedo, me angustia la impotencia que demuestra el que grita en ese momento, y como no me gusta la victimización, me perturba que no se imponga verbalmente con argumentos y grite como un niño. Prefiero la firmeza al volumen.

“… y se me hace difícil imaginar cosas que no me hayan ocurrido a mí.”

Aprendí a ser realista, y moderar mi idealismo utópico, dándole el protagonismo a la realidad. Aprendí a no hacerme problema por cosas que imagino podrían suceder, y aún no han sucedido. Además siempre la realidad ha superado a la ficción de mi imaginación.

“Me gustan los perros porque son leales y honestos, y algunos perros son más listos y más interesantes que algunas personas. Steve, por ejemplo, que viene al colegio los martes, necesita ayuda para comer y ni siquiera es capaz de traerte un palo si se lo lanzas. Siobhan me pidió que no le dijera eso a la madre de Steve.”

Aprendí que algunos perros son más listos que las personas, porque no le mueven la cola a cualquiera porque sí, te miran genuinamente sin ningún interés mezquino, no muerden la mano de quién les da de comer, y dan su vida por defenderte. Aprendí a conocer y amar a los perros.

“Como me gustan los policías quería responder adecuadamente a la pregunta, pero el policía no me dio el tiempo suficiente para dar con la respuesta correcta.”



Aprendí que la respuesta correcta merece una pregunta correcta, y que a veces hace falta tiempo para encontrarla. Aprendí que todos hacen siempre las mismas preguntas, y tan sólo por ello, siempre encuentran las mismas respuestas. Aprendí que responder no es lo importante, el arte está en saber preguntar. Y que cada uno tiene sus tiempos, y respetar el tiempo de cada uno es amar.

“Hago ese ruido cuando llega demasiada información a mi cabeza desde el mundo exterior. “

Aprendí que a veces, es tanta la información y estimulación a la que estamos sometidos, y la velocidad con la que ésta cambia, que en lugar de ayudarnos nos altera, y no nos permite ver con claridad lo que sucede. Aprendí a valorar el silencio para entrar en mi mundo interior y hallar las preguntas correctas.

“Si trato de decir esta frase haciendo que la palabra signifique dos cosas distintas a la vez, es como si escuchara dos piezas distintas de música al mismo tiempo, lo cual es incómodo y confuso, no agradable como el ruido blanco. Es como si dos personas te hablaran a la vez sobre cosas distintas.”

Aprendí que cuando alguien no dice lo que piensa, ni actúa como dice, lo que genera es confusión e incomodidad. Aprendí el valor de la coherencia.

“Los números primos son lo que queda después de eliminar todas las pautas. Yo creo que los números primos son como la vida. Son muy lógicos pero no hay manera de averiguar cómo funcionan, ni siquiera aunque te pasaras todo el tiempo pensando en ellos.”

Aprendí que para conocer a alguien hay que quitarle todas las máscaras primero, que sería como eliminar todas las pautas sociales de las que se cubre, para llegar a su esencia. Y conocer es ver la esencia del otro. Que el funcionamiento del ser humano es infinitamente diverso, y que entender al otro es muy difícil cuando no te has entendido primero a ti mismo. Aprendí a valorar la autenticidad.

“La gente me provoca confusión. Eso me pasa por dos razones principales. La primera razón principal es que la gente habla mucho sin utilizar ninguna palabra. Siobhan dice que si uno arquea una ceja puede querer decir montones de cosas distintas. Puede significar «quiero tener relaciones sexuales contigo» y también puede querer decir «creo que lo que acabas de decir es una estupidez». Siobhan también dice que si cierras la boca y expeles aire con fuerza por la nariz puede significar que estás relajado, o que estás aburrido o que estás enfadado, y todo depende de cuánto aire te salga por la nariz y con qué rapidez y de qué forma tenga tu boca cuando lo hagas y de cómo estés sentado y de lo que hayas dicho justo antes y de cientos de otras cosas que son demasiado complicadas para entenderlas en sólo unos segundos.”

Aprendí que un mismo gesto, puede tener significados diversos y que la confusión viene principalmente del no detenernos a observar con paciencia. Que el lenguaje gestual es más fidedigno que el verbal, porque no está intelectualizado. Y que los hechos valen más que las palabras. Aprendí la importancia de observar al otro para aprender sobre uno mismo.

“Levantó la mano derecha y abrió los dedos formando un abanico. Yo levanté la mano izquierda y abrí los dedos formando un abanico e hicimos que nuestros dedos se tocaran. Hacemos eso porque a veces Padre quiere abrazarme, pero como a mí no me gustan los abrazos, hacemos eso en su lugar, y así me dice que me quiere.”

Aprendí que hay muchas formas de decir te quiero, pero que ninguna me gusta más que un abrazo, quizá justamente porque no puedo darle un abrazo a mi hijo como me gustaría porque cuesta mucho que lo toquen. Aprendí el valor del contacto (con-tacto), del tocar para sentir. Por eso a la gente que quiero mucho la saludo con un abrazo. Aprendí que un abrazo nunca se desperdicia, porque es muy importante.

“Yo siempre digo la verdad.” “Yo no digo mentiras. Madre solía decir que eso era porque soy buena persona. Pero no es porque sea buena persona. Es porque no sé decir mentiras.”

En el Síndrome de Asperger, existe una imposibilidad biológica de mentir, porque no existe la capacidad de imaginar algo que no es o no sucedió. Aprendí a valorar la verdad, porque es lo que es, y tomar conciencia que usualmente se miente en la mayoría de los casos. Y del dolor que ello provoca. También aprendí que a la gente en general no le gusta la verdad, le teme. Y a veces prefiere la mentira. Aprendí que yo prefiero la verdad.

“Normalmente, la gente te mira cuando te habla. Sé que tratan de captar lo que estoy pensando, pero yo soy incapaz de captar lo que piensan ellos. “

Aprendí que tratar de captar lo que piensa el otro, es una empresa difícil. Y que no siempre ello es visible cuando alguien te mira a los ojos. Me han mentido millones de veces mirándome a los ojos. Aprendí que es mejor atender a lo que hacen, que es lo que producirá consecuencias. Que no importa lo que pensemos, ni nuestras intenciones, importan nuestros actos, y que son estos últimos los que quedarán, y modificarán. Aprendí el valor de la acción.

“Yo dije que no era listo. Tan sólo advertía cómo son las cosas, y eso no es ser listo. Sólo es ser observador. Ser listo es ver cómo son las cosas y utilizar la información para deducir algo nuevo. “

Aprendí que está lleno de observadores, pero hay pocos listos. Que la originalidad en el pensamiento y en la acción, no están muy de moda. Y valoro cuando aparece, porque es escasa. Aprendí el valor de la creatividad.

“Eso es porque no siempre hago lo que me dicen. Y no lo hago porque cuando la gente te dice qué tienes que hacer, suele ser confuso y no tener mucho sentido. Por ejemplo, la gente te dice con frecuencia «Cállate», pero no te dice durante cuánto tiempo tienes que quedarte callado. O ves un letrero que dice «prohibido pisar el césped» pero debería decir «prohibido pisar el césped alrededor de este letrero» o “prohibido pisar el césped en este parque» porque hay mucho césped que sí se te permite pisar. Además, la gente se salta las normas constantemente.”

Aprendí a ser clara con lo que quiero, cuando lo pido. Para que no haya confusiones ni malos entendidos. Y que ser rebelde no significa no seguir las normas, sino tener el valor de cambiarlas.

“No me gustan los extraños porque no me gusta la gente que no conozco. Es difícil comprenderlos.”

Aprendí que para comprender a alguien es importante conocerlo primero, y conocerlo implica conocerme antes. Aprendí el valor de entender al otro para entenderme a mí misma.

“…probablemente era buena persona porque le gustaban los perros.”

Es difícil que a una buena persona no le gusten los perros. Mi hijo el otro día me dio una simple y linda definición de un docente. Me dijo que los profesores eran generalmente buenas personas. Y yo le pregunté por qué. Y me contestó que el enseñar supone ayudar a otro a aprender sobre algo, y para ayudar a otro hay que ser buena persona. Aprendí el valor de ayudar.

“A eso tampoco contesté, porque la señora Alexander estaba haciendo lo que se llama charlar, que es cuando la gente se dice cosas entre sí que no son preguntas y respuestas y que no tienen relación.”

Aprendí que la mayoría de las veces, la gente habla sin sentido. E incluso repite frases o pensamientos, sin comprenderlos cabalmente, sin internalizarlos. Y que es más difícil encontrar a alguien que quiera escucharte que alguien que quiera hablarte. Aprendí el valor de saber escuchar.

“Los niños de mi colegio son estúpidos. Pero se supone que no he de llamarlos estúpidos, ni siquiera aunque sea eso lo que son. Se supone que he de decir que tienen dificultades de aprendizaje o que tienen necesidades especiales. Pero eso es estúpido, porque todo el mundo tiene dificultades de aprendizaje, porque aprender a hablar francés o entender la relatividad es difícil. Y todo el mundo tiene necesidades especiales, como Padre, que tiene que llevar siempre encima una cajita de pastillas de edulcorante artificial que echa al café para no engordar, o la señora Peters, que lleva en el oído un aparato de color beige para oír mejor, o Siobhan, que lleva unas gafas tan gruesas que si te las pones te dan dolor de cabeza, y ninguna de esas personas son de Necesidades Especiales, incluso aunque tengan necesidades especiales.”



Aprendí cómo nos molesta llamar a las cosas por su nombre, como si las cosas fueran diferentes según como las nombremos. Y que todos somos especiales y únicos, y por ello nuestras necesidades siempre también lo son. Aprendí el valor de la individualidad.

“La gente dice que siempre hay que decir la verdad. Pero no lo dicen en serio porque no se te permite decirle a los viejos que son viejos y no se te permite decirle a la gente que huele raro o a un adulto que se ha tirado un pedo. Y no se te permite decir a alguien «No me gustas» a menos que esa persona haya sido muy mala contigo.”

Aprendí que adoramos vivir en la mentira. Que la hipocresía y los buenos modales son importantísimos para ser validados socialmente como personas aceptables. Que es más importante parecer que ser. Aprendí también que no quiero encajar con eso.

“El señor Jeavons decía que a mí me gustaban las matemáticas porque son seguras. Decía que me gustaban las matemáticas porque consisten en resolver problemas, y esos problemas son difíciles e interesantes, pero siempre hay una respuesta sencilla al final. Y lo que quería decir era que las matemáticas no son como la vida, porque al final en la vida no hay respuestas sencillas.”

Aprendí que las relaciones humanas son tan complejas, que no son buenas las generalizaciones. Y que los problemas que se generan con las personas, nunca tienen una respuesta sencilla. Aprendí a valorar al ser humano en su complejidad, lo que lo hace extraordinariamente atrayente.

También, aprendí que leer y escribir, es mucho más seguro que vivir, porque cuando leo o escribo, sólo hay un final posible. Y que las pruebas más difíciles se presentan en la práctica y no en la teoría. Aprendí la importancia de poner el cuerpo para aprender y correr riesgos.

“El mundo está lleno de cosas obvias de las que nadie se da cuenta nunca ni de casualidad.”…”Pero él sí se da cuenta, como yo. En el libro también se dice que Sherlock Holmes tenía, en grado sumo, el poder de abstraer su mente a voluntad. Y en eso es como yo, porque si una cosa me interesa de verdad, como hacer ejercicios de matemáticas o leer un libro sobre las misiones del Apolo, o los tiburones blancos, no me doy cuenta de nada más, y Padre puede estar llamándome para que vaya a cenar y yo no le oigo. Y por eso soy muy bueno jugando al ajedrez, porque abstraigo mi mente a voluntad y me concentro en el tablero y al cabo de un rato la persona con la que estoy jugando deja de concentrarse y empieza a rascarse la nariz o a mirar por la ventana y entonces comete un error y le gano.”



¿Existe un poder más grande que la concentración total en algún objetivo? Aprendí que tengo que abstraer mi mente, si es necesario, para encontrar alguna solución, y también a no darle a nadie el poder de distraerme de mis metas. También aprendí que en lo obvio, a veces, están las mejores soluciones.

“—Christopher, ¿entiendes que te quiero? Y yo dije que sí, porque querer a alguien es ayudarlo cuando se mete en líos, y cuidar de él, y decirle la verdad…”

Aprendí que querer a alguien es tan simple como ayudarlo, cuidarlo y decirle la verdad, para que entienda que lo queremos. Todavía no aprendí por qué algo tan simple nos cuesta tanto.

“…porque uno debería estar seguro de tener todas las pruebas disponibles antes de empezar a deducir cosas. De esa manera, es mucho menos probable que cometas un error.”



Aprendí que nada nos ayuda más a equivocarnos que los juicios, y mucho más si son apresurados. Aprendí a desechar los prejuicios sobre los demás.

“Y significa que a veces las cosas son tan complicadas que es imposible predecir qué va a pasar a continuación, pero en realidad obedecen a unas reglas muy sencillas.”

Aprendí que lo complicado no es el mundo en sí mismo, sino la manera de observarlo. Y que los mejores resultados, son aquellos más sencillos, porque simplemente siguen las reglas –también sencillas- del Universo. Por ello nada bueno surge de resistir o forzar situaciones. Nada.

“Y las personas son distintas de los animales porque pueden ver imágenes en la pantalla de su cabeza de cosas que no están mirando.”



Aprendí a manejar mi mente, para mirar lo que está sucediendo y no lo que imagino que sucederá. Aprendí el valor de la objetividad.

“Y por eso los cerebros de la gente son como ordenadores. Y no es porque sean especiales, sino porque tienen que estar desconectándose constantemente durante fracciones de segundo mientras la pantalla cambia. Y es porque hay algo que no pueden ver que la gente cree que tiene que ser especial, porque la gente siempre piensa que hay algo especial en lo que no puede ver”

Aprendí que no sólo pensamos que hay algo especial en lo que no podemos ver, sin percatarnos del milagro de lo que vemos, sino en que deseamos frecuentemente lo que nos falta, y no le damos importancia a lo que tenemos. Aprendí a aceptar y valorar quién soy, en lugar de añorar lo que no soy.

“Además las personas creen que no son ordenadores porque tienen sentimientos y los ordenadores no tienen sentimientos. Pero los sentimientos no son más que tener una imagen en la pantalla en tu cabeza de lo que va a pasar mañana o el año que viene, o de lo que podría haber pasado en lugar de lo que ocurrió en realidad, y si es una imagen alegre sonríen y si es una imagen triste lloran.”

Aprendí el valor de reír o llorar sólo por el presente. Y que hay situaciones que es mejor resolver con la mente, y otras con el corazón.

“… es durísimo decir la verdad todo el tiempo. A veces es imposible.”

Ni que lo digas…

“Porque…si uno no dice la verdad ahora, entonces más tarde… más tarde duele todavía más.”

A veces no decimos la verdad por no causar dolor, pero como la verdad siempre sale a la luz, a veces luego el dolor generado es más grande. Quizá el secreto esté en el momento y el modo de decirla, pero seguro no estará en no decirla. Aprendí el valor de ser valientes, y de afrontar la verdad aunque nos duela. Y sobre todo, la importancia de no mentirme a mí misma.

“Lo veo todo. Por eso no me gustan los sitios nuevos. Si estoy en un sitio que conozco, como casa, o el colegio, o el autocar, o la tienda, o la calle, lo he visto casi todo antes y todo lo que tengo que hacer es mirar las cosas que han cambiado o se han movido.”…” Pero la mayoría de la gente es perezosa. Nunca miran nada. Hacen lo que se llama «echar un vistazo», que es como chocar contra algo y continuar sin desviar el camino. Y la información en su cabeza es mínima.”



Aprendí el valor de prestar atención, especialmente a quién uno ama. Mirar con dedicación a verlo todo. Y que es mejor mirar mal, a no querer ver.

Y es así, como sigo aprendiendo. Y es así, como aprendiendo me equivoco, y vuelvo a intentarlo nuevamente. A veces con más o menos ganas de volver a empezar, pero siempre recomenzando. Y como siento que las lecciones más difíciles vienen de la mano de quiénes más amamos, seguramente lo más difícil de aprender para mí, viene de la mano de mi hijo, que es la persona que más amo en esta vida. Gracias papá, por haberme acercado este precioso libro, y gracias hijo por enseñarme tanto.

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