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Lo que debes saber para no “regarla” en Japón

Lo que debes saber para no

Además de ancho y ajeno, el mundo suele ser extraño a las costumbres que tenemos asumidas como universales. Una palmada en la espalda dada a un británico causa mala impresión y en Egipto, juntar los dedos y sacudirlos a la italiana como diciendo “no entiendo lo que decís”, allí significa “un momentito, por favor”.

Dar un agradecido beso en la mejilla a una japonesa o un simple contacto físico, te lo aguantan con resignación; pero si miras a tu alrededor, verás que todos te miran con reprobación. ¡Ni qué te digo en los países musulmanes! Hay cosas que toleran y cosas que no, por ejemplo entrar calzado en una Casa de Té hará que las geishas se abalancen para quitártelos.

Acá van algunas advertencias para quien tenga la suerte y el dinero suficiente para conocer Japón, uno de los países más apasionantes del planeta.

Los zapatos. Si te llegaran a invitar a su casa, cosa improbable por más corteses y amistosos que sean, no vayas a entrar calzado. Los zapatos se dejan junto a la puerta y junto a ella también suele haber sandalias. El problema será encontrar alguna que corresponda con el tamaño de tus pies. Si es de mala educación ingresar calzado a un hogar, más lo es ingresar a un templo cualquiera sea la fe que allí se profese. Lo mismo ocurre en el mundo musulmán. La interdicción de zapatos se extiende en Japón a algunos comercios y restaurantes tradicionales. La razón es higiénica y la única excepción es el baño. Allí te debes calzar las sandalias dedicadas a esa función. De manera que te conviene llevar zapatos fáciles de quitar y poner; tendrás que desprenderte de ellos varias veces al día.

Lo que debes saber para no

Los baños. A propósito de los baños, no te asombres si mientras estás en el baño de hombres ves entrar a una limpiadora. La desnudez del hombre no tiene nada de extraordinario y algunas familias practican el baño de inmersión en colectivo. Con frecuencia usan cucharones de madera y con ellos se mojan fuera de la tina, para luego enjabonarse y finalmente enjuagarse, todo fuera de ella. Es probable que no encuentres inodoros de pie fuera del hotel; los japoneses se acuclillan sabiamente para hacer sus necesidades, facilitando de esa manera el tránsito intestinal. Poca gente verás tan limpia como un japonés.

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Los paraguas. A la entrada de tiendas, algunas oficinas y toda clase de edificios públicos, verás cantidad de paraguas. Si estás saliendo y llueve, toma uno cualquiera sin problemas, son para eso. El paraguas no es un objeto personal en Japón, es una utilidad colectiva. No es que las tiendas los repongan cuando se acaban; nada de eso. Un japonés (no todos) que ve pocos paraguas en depósito, compra uno a la primera oportunidad y contribuye para que a nadie le falte.

La honestidad. En una oportunidad tomé un subterráneo dispuesto a ir hasta algún barrio fuera del circuito turístico para ver si todos los japoneses eran tan corteses como los que había visto. Bajé en una estación cualquiera y resultó ser una estación muy transitada y en la hora pico. Antes de bajar, retiré de mi escondite junto al cuerpo, un billete de cien dólares (que son de curso corriente en Tokio). Al bajar me encontré en medio de una increíble muchedumbre que pujaba por llegar a las escaleras mecánicas. Temeroso de no poder regresar (los carteles en inglés habían desaparecido varias estaciones atrás) me trepé a un murito para tratar de memorizar el escenario. De pronto, entre millares de japoneses, veo a uno que me sonríe y sacude un brazo en alto.

La posibilidad de que conociera a ese japonés era inexistente, pero, educado, respondí al saludo con la mano. Mi simpatizante redobló esfuerzos para luchar contra la corriente humana y aproximarse. Cuando llegó a mi lado me entregó dos billetes de cien dólares. Perplejo llevé la mano a mi escondite y comprobé que se me habían caído en medio de esa marabunta. Exclamé ¡Doumo arigatou gozaimashita! que significa ¡Muchísimas gracias! en tiempo presente, pues las fórmulas de cortesía ¡se conjugan!

Tres inclinaciones. Ningún japonés se ofenderá porque no conozcas las fórmulas de cortesía; pero es grande su gratificación cuando lo intentas aunque te equivoques… y te equivocarás. El ” Doumo arigatou ” se acompaña con tres inclinaciones. No dos, que lo transforma casi en un reproche, ni cuatro que suenan a burla. Si tu interlocutor lanza una exclamación y se inclina una sola vez mientras le hablas, no te asustes. Te está indicando que está muy atento a lo que dices y muy dispuesto a colaborar con lo que necesites. Repito, porque es nuestro error más frecuente, no se te ocurra saludar a una japonesa con un beso en la mejilla; la avergonzarás ante terceros.

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El inglés de Tarzán. Si tu inglés es pésimo y tu oído confunde los chistidos y siseos, si el inglés de Missouri o el empacado británico te vuelven loco, Japón es tu lugar. Allí muchos lo hablan como tú y, curiosamente, lo pronuncian tan mal como tú, pues sus y nuestras vocales y diptongos tienen sonido familiar.

A los tumbos con los palitos. La intérprete me lleva a un restaurante tradicional y me recomienda lo que resultó un bello tazón de sopa con algunos hongos y otras cosas gelatinosas flotando. En algunos restaurantes con esa sopa te dan una cuchara de porcelana que es una obra de arte. Acá no, acá te daban palitos, primorosos, pero palitos. Los miré por si eran huecos y había que introducirlos para chupar. No señor, había que atrapar los innominados nadadores, que eran muy resbalosos. Me costó atraparlos, pero divertí de lo lindo al resto de los comensales. ¿Y la sopa? Pues, se inclina el tazón y se sorbe sin ruido. Era deliciosa, todavía recuerdo el sabor.

No les voy a dar una clase magistral de gastronomía japonesa para la que tampoco estoy preparado, pero es necesario señalar que el arte culinario también se destaca en los utensilios. ¡Si parecen alhajeros! En realidad lo que verdaderamente disfrutan los japoneses es el arroz, que no es como el nuestro sino lo suficientemente pringosos para que se adhiera a los palitos. El resto es acompañamiento para resaltar el sabor del arroz. Hay cosas muy ricas y otras cosas muy agrias, que a ellos les encantan, pero si tienes predisposición a la úlcera gástrica te puede mandar al hospital.

Las casas de té. No deberías irte de Japón sin experimentar la ceremonia del té. Si tienes problema con tus articulaciones es posible que necesites ayuda farmacéutica para volver a incorporarte ya que pasaras más de una hora en cuclillas. La casita, el parque que la rodea, las fuentes de agua y los cucharones para probarla, la fragancia de las maderas, la elegancia clásica de las japonesitas y todos sus solícitos movimientos son la cosa más extraña y maravillosa que pueda verse. No te vayas a zampar el té de una: no señor, todas te están mirando para ver si bebés un sorbo, giras la taza y das otro sorbo y así sucesivamente. La ceremonia es intrincada y repleta de protocolo, pero no te angusties, te indicarán todo a cada paso.

Lo que debes saber para no

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx/destinos-viajes/2013/japon-costumbres-ridiculo-79660.html

Y algunas imágenes Lo que debes saber para no Lo que debes saber para no

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