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Llora la derecha: Desplazan a Durán Barba

Caputo toma el control de la campaña de Macri y desplazan a Durán Barba

Le reprochan el fracaso de la estrategia purista que excluyó a Massa y la fiscalización por Facebook.

Llora la derecha: Desplazan a Durán Barba

Caputo es el verdadero alter ego de Macri, con influencias en áreas clave del gobierno y considerado por muchos en el PRO como un hombre sensato y poco afecto a las teorías rutilantes del marketing político.

Caputo, Macri y otros amigos del secundario que se sumaron al gobierno porteño, forman parte de una cofradía que tiene una cita sagrada los sábados, cuando se reúnen para jugar al bridge, un ancestral juego de cartas de origen inglés, de cierta complejidad.

Luego del decepcionante resultado de las primarias, Macri quiso darle un giro a su campaña, al confirmar que no se confirmaron las premisas que largamente le había anticipado su consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Con los números sobre la mesa quedo claro que la idea del “purismo” no peronista fue un error, porque la supuesta polarización entre lo nuevo y lo viejo -el peronismo- era apenas un deseo. La vigencia electoral de la alianza de Sergio Massa y José Manuel de la Sota con un 20 por ciento de los votos del país, refutaba esa teoría y marcaba el error de la Convención radical de Gualeguaychú, que impidió la conformación de un frente amplio opositor que incluyera al líder del Frente Renovador en una gran primaria presidencial.

Esta idea purista, formaba parte además de un dispositivo más amplio que se apoyaba en un intenso trabajo en redes sociales -sobre todo Facebook- buscando construir una suerte de nuevo “partido ciudadano”, que reemplazara la militancia política tradicional, necesaria para tareas críticas como la fiscalización de los comicios.

El primer golpe duro a esta visión fue la inesperada derrota en Santa Fe, que significó el principio de la caída en desgracia de Durán Barba.

La relación entre el jefe de gobierno y el consultor ecuatoriano quedó muy deteriorada desde entonces y a Durán Barba lo corrieron de la campaña. El ecuatoriano, incluso no oculta por estos días su rencor y en conversaciones con líderes de opinión afirma: “No se de que se queja Mauricio, debería agradecerse que lo convertí en un candidato competitivo”. Y agrega algunos adjetivos sobre el jefe de Gobierno, para nada amables.

La decisión de entregar el comando de campaña a Caputo, es una movida que el PRO nunca blanqueará para no transmitir sensación de crisis en una etapa crítica de la campaña, pero es la movida más importante que vive el PRO por estas horas y alcanza a toda su estructura.

Se trata de un desplazamiento que incluye el paso a un segundo orden del influyente secretario General del gobierno porteño, Marcos Peña, que había concentrado el manejo político y mediático, a través de un amplio dispositivo que incluye al ministro de Gobierno Emilio Monzó.

Monzó ya venía sufriendo recortes de poder, luego que lo desplazaran de la campaña bonaerense de María Eugenia Vidal que quedó a cargo de Jorge Macri.

Tanto él como otros armadores de la estructura formal del PRO recibieron además duros cuestionamientos por la mala elección de Cambiemos en el Norte del país, donde Daniel Scioli sacó más de un millón y medio de votos de diferencia, pese a que en muchos de esos territorios Macri tiene buena intención de voto.

En definitiva, a la hora de la verdad, Macri decidió un giro de real politik y giró el corazón de su campaña hacía la política tradicional, aunque siga exhibiéndose Caputo es el verdadero alter ego de Macri, con influencias en áreas clave del gobierno y considerado por muchos en el PRO como un hombre sensato y poco afecto a las teorías rutilantes del marketing político.

Caputo, Macri y otros amigos del secundario que se sumaron al gobierno porteño, forman parte de una cofradía que tiene una cita sagrada los sábados, cuando se reúnen para jugar al bridge, un ancestral juego de cartas de origen inglés, de cierta complejidad.

Luego del decepcionante resultado de las primarias, Macri quiso darle un giro a su campaña, al confirmar que no se confirmaron las premisas que largamente le había anticipado su consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Con los números sobre la mesa quedo claro que la idea del “purismo” no peronista fue un error, porque la supuesta polarización entre lo nuevo y lo viejo -el peronismo- era apenas un deseo. La vigencia electoral de la alianza de Sergio Massa y José Manuel de la Sota con un 20 por ciento de los votos del país, refutaba esa teoría y marcaba el error de la Convención radical de Gualeguaychú, que impidió la conformación de un frente amplio opositor que incluyera al líder del Frente Renovador en una gran primaria presidencial.

Esta idea purista, formaba parte además de un dispositivo más amplio que se apoyaba en un intenso trabaja en redes sociales -sobre todo Facebook- buscando construir una suerte de nuevo “partido ciudadano”, que reemplazara la militancia política tradicional, necesaria para tareas críticas como la fiscalización de los comicios.

El primer golpe duro a esta visión fue la inesperada derrota en Santa Fe, que significó el principio de la caída en desgracia de Durán Barba.

La relación entre el jefe de gobierno y el consultor ecuatoriano quedó muy deteriorada desde entonces y a Durán Barba lo corrieron de la campaña. El ecuatoriano, incluso no oculta por estos días su rencor y en conversaciones con líderes de opinión afirma: “No se de que se queja Mauricio, debería agradecerse que lo convertí en un candidato competitivo”. Y agrega algunos adjetivos sobre el jefe de Gobierno, para nada amables.

La decisión de entregar el comando de campaña a Caputo, es una movida que el PRO nunca blanqueará para no transmitir sensación de crisis en una etapa crítica de la campaña, pero es la movida más importante que vive el PRO por estas horas y alcanza a toda su estructura.

Se trata de un desplazamiento que incluye el paso a un segundo orden del influyente secretario General del gobierno porteño, Marcos Peña, que había concentrado el manejo político y mediático, a través de un amplio dispositivo que incluye al ministro de Gobierno Emilio Monzó.

Monzó ya venía sufriendo recortes de poder, luego que lo desplazaran de la campaña bonaerense de María Eugenia Vidal que quedó a cargo de Jorge Macri.

Tanto él como otros armadores de la estructura formal del PRO recibieron además duros cuestionamientos por la mala elección de Cambiemos en el Norte del país, donde Daniel Scioli sacó más de un millón y medio de votos de diferencia, pese a que en muchos de esos territorios Macri tiene buena intención de voto.

En definitiva, a la hora de la verdad, Macri decidió un giro de real politik y giró el corazón de su campaña hacía la política tradicional, aunque siga exhibiéndose rodeado de globos de colores, que ahora quedaron a ras del piso, como símbolo de una experiencia que dio todo lo que pudo de sí, pero se quedó sin resto cuando llegó el turno de la pelea real.

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