Facebook Twitter RSS Reset

Leon e Isabela

Hola a todos, soy escritor y estoy a punto de publicar mi segundo libro. Este cuento corto es el resultado de una serie de sueños, todo llevado al papel y lapiz y dando como resultado esta pequeña historia. Espero les guste, cualquier comentario y critica siempre es bienvenido. Saludos linces!

Tres somos en esta mesa… vos, yo y el silencio de este adiós.

Leon e Isabela

Leon la mira a los ojos, como pocos hombres se atrevieron y le dice la verdad, la cruda y temible verdad.

“No me pidas perdón, pensé que teníamos algo. No me podes mirar como si fueras una desconocida. Cuando te morías de miedo, me buscabas a mí y me mirabas a los ojos para ver si te podías mejorar, a ver si podías respirar. La misma persona que pateo la puerta y la tiro a la mierda ¿A quién estabas esperando ese día? A mí. No te quiero perdonar… quiero que vuelvas, eso quiero. Quiero la misma que cada vez que estaba muerta de miedo por algo me miraba a los ojos y se tranquilizaba. Yo también te quiero, ¿Pero sabes qué? Tenes miedo de todo. Tenes miedo de vivir sola, miedo del trabajo, miedo de saltar al vacío, tenes miedo de dejar todo a la mierda. Tenes miedo de Luciano, tenes miedo de tu viejo, miedo de mi… Tenes que pegar el salto. Un día lo tenes que hacer y ese día cambia todo para siempre. Pero una vez en la vida, una sola, tenes que pegar el salto porque si no todo se va a la mierda ¿Por qué sabes lo que va a pasar? Te van a asfixiar. Te va a asfixiar tu viejo, te va a asfixiar Luciano, te va a asfixiar la vida. Tenes que pegar el salto. Yo estoy acá, mírame… vámonos a la mierda.”

Leon e Isabela

El departamento esta deshabitado, las voces que solían recorrer los rincones grises se esfumaron con el último suspiro de desdicha. Luego de la tormenta, León e Isabela se miran como dos desconocidos con muchos recuerdos en común.

-Todo cambio, todo es diferente. Nada es como antes, ahora todos estamos distintos, estamos todos desparramados. – dice Isabela mientras toma su cartera. –

-Lo dicho, son etapas.

-O no, por ahí no son etapas, tal vez todo lo bueno ya paso.

-No, no digas eso… – retruca León mirándola a los ojos por primera vez. –

-¿Sabes lo que daría por apretar un botón y que todo vuelva para atrás? Estar todos juntos… vos, Jere, Cris. Discutiendo, matándonos a los gritos… pero no se puede.

-No, no se puede. Un montón de veces pensé en ese botón que decís, de apretar y decir esto no paso. Al final la vida es como si fuera un rompecabezas, juega como se le canta el culo y cuando parece que lo tenes todo armado, de repente viene un viento y tira todo a la mierda, te faltan las piezas más importantes. Y de golpe te das cuenta que tenes que abrir otro rompecabezas, tirar las piezas en el piso y están todas desparramadas. Pensas que no vas a poder… un día pasa el tiempo y de a poco tenes ahí, el rompecabezas armado otra vez.

-¿Me seguís amando o eso también cambio? – pregunta Isabela entre sollozos. –

-Te amo como el primer día que te vi. Si me acuerdo perfecto… fue como un flechazo en el medio del pecho. Lo sabes ¿Y vos me seguís amando o ya paso? No, mejor deja. No me digas, no quiero saber.

-¿Y porque me preguntas? Si yo te lo quiero decir.

-Porque realmente no quiero saber. Porque son muchas cosas que me molestan y me duelen. Me molesta verte sentada y no poder ir para hablar con vos con la libertad que quisiera, y hacer y decir las cosas que te quiero decir. Me molesta verte hablando con otra gente y sonriéndoles, me agarra un ataque de celos que no lo puedo evitar. No soy celoso, soy corto. Esta conmigo, sí. No está conmigo, no. Listo… me molesta todo. Pensar que vos vas a volver a tu casa y vas a estar durmiendo con otro tipo hace que me falte el aire. Entonces prefiero pensar que no me queres, porque si pienso que no me queres, entonces por ahí no me duele tanto. Porque si pienso que me queres o que me amas y que igual está pasando todo esto, este alejamiento y distancia inevitables, yo me muero.

Leon e Isabela

Las paredes grises de la sala de interrogatorio contienen a un hombre cansado de pelear, vencido por el sistema carcelario. Apestado por ojeras y cicatrices, aguarda por una visita inesperada. Hace tiempo que nadie lo llama, mucho menos lo ven detrás de las rejas, pero ahí está, aguardando vaya a saber uno por quien.

-¿Qué estás haciendo acá? – pregunta León, molesto y sorprendido. –

-¿Qué te paso en la cara? – pregunta Isabela, el amor de su vida. –

-¿Qué estás haciendo acá? No importa que me paso en la cara.

-Por favor, decime que te paso ¿Te pegaron? – insiste Isabela preocupada. –

-Estaba jugando a la payana. – contesta. –

-Te pegaron si no hiciste nada ¿Por qué te pegan? ¿Le avisaste a los guardias, les dijiste algo?

-Si, le dije a todo el mundo. Les dije a los guardias, van a llamar a la madre de los presos y le van a dar 20 amonestaciones a cada uno.

-¿Por qué me haces un chiste? – acusa Isabela con ojos llorosos. –

-¿Qué queres que haga? ¿Qué me ponga a llorar?

-Si ¿No queres llorar? ¿No te da ganas de llorar porque no podemos estar juntos? ¿Por qué no podes salir de acá?

Luego de unos segundos de silencio, en el cual no se oye ni el zumbido del tubo fluorescente, el prisionero se dispone a continuar.

-No, porque no creo que este equivocado. A mí me parece que yo hice bien, esa es la diferencia entre vos y yo. Lo que hice, 100 veces lo haría. Por vos mil veces… 1 millón. Mira yo no voy a poder salir de acá por lo menos por 6 meses. Al final vos tenías razón, yo puedo salir cada tanto, caminar por la calle, mirar los autos, sorprenderme con la gente, rodearme de gente importante, ponerme un traje… pero después tengo que volver acá, si yo pertenezco acá.

-Pero no es verdad, vos cometiste un error nada más. – insiste Isabela. –

-No, esa es la diferencia. Pensas que cometí un error, yo pienso que hice lo que tenía que hacer. Te salve como te se salvar, de la única forma que se… a las piñas.

-¡No, vos no sos eso! – dice la Isabela exaltada. –

-Si lo soy, soy eso. Mírame… mírame bien, mírame la cara. Veni dentro de 2 meses y sosteneme la mirada. Mírame las muñecas, estas son las marcas de las esposas cuando te las aprietan fuerte. Yo soy esto, conozco acá adentro, se cómo son los códigos y como se manejan. Tengo amigos guardias, amigos presos, al final conozco más gente acá adentro que afuera.

-Afuera estoy yo. – dice Isabela. –

-Sí, pero vos sos de otro mundo. Sos como un pájaro de esos que vuelan muy alto y yo soy un pez de las profundidades, de esos que nadan en el mar bien abajo, donde no llega la luz del sol. Por más que nosotros queramos estar juntos, tenemos que aceptarlo al final. Quisimos cambiar el uno por el otro, vos quisiste meterte hasta allá abajo y yo quise volar hasta donde volas vos.

-Son 6 meses nada más, vos en 6 meses vas a salir y no es nada, se van a pasar volando vas a ver. Yo te vengo a visitar y hacemos que sea llevadero.

-Los 6 meses van a pasar volando, pero cuando yo salga voy a salir con toda esta cárcel encima. Y van a volver las pesadillas y vas a volver a empezar, y va a volver algún pelotudo que te toque el culo y le voy a romper la cara a trompadas para volver a estar encerrado… otra vez. Hasta que algún día lastime sin querer fuerte a alguien, como ya paso y en vez de darme 6 meses me den 20 años. Yo soy eso ¿Y sabes qué? Me di cuenta que quise cambiar y que vos también quisiste cambiar, pero ahí nos equivocamos.

-¿Por qué?

-Porque lo que hay que hacer es aceptar al otro como es, eso es amar.

-Si y yo te acepto y te amo, te amo con todo mi corazón, te amo a pesar de todo te lo juro.

León le suelta la mano y toma cierta distancia.

-Después de escucharte decir eso, después de verte a los ojos mientras me lo decís, yo le pido a Dios que me den perpetua y quedarme con eso para toda la vida.

El guardia ingresa, ellos intentan tomarse la mano una vez más pero no lo logran. Si supieran que esa era la última vez que se iban a ver, se hubieran besado, pero no hay forma de saber cuándo es la última vez que vas a ver a alguien, nunca se sabe… solo el destino maneja los planes y caprichos del tiempo.

Leon e Isabela

No comments yet.

Leave a Comment