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Le cambiaron la cara y la vida.

Le cambiaron la cara y la vida.

Antes de continuar leyendo quiero advertir que este artículo contiene información que puede herir la sensibilidad de algunos lectores. Afortunadamente esta triste historia ha concluido con final feliz, gracias a una serie de sucesos que vamos a contaros.

La solidaridad y la posibilidad de aliviar el sufrimiento de otros, pesan más que la pena y la amargura del momento, y por eso España es el país con mayor tasa de donación de órganos del mundo, siempre de forma altruista y gratuita.

La mayoría de la gente no es consciente de cuánto bien puede hacer este gesto para las personas receptoras y hasta qué punto puede cambiarles la vida.

Tradicionalmente la generosidad se limitaba a órganos vitales, pero el desarrollo tecnológico permite hoy abordar problemas mucho más complejos no quedándose ahí.

Le cambiaron la cara y la vida.

Ese es el caso de Patrick Harrison, un bombero de Tennessee que con 41 años de edad y en acto de servicio, sufrió un accidente dentro de un incendio en Senatoria, Misisipí en 2001.

Una deflagración impactó contra su traje, provocando que su máscara protectora se derritiera sobre su cara. Las quemaduras provocadas fueron extremadamente serias, perdiendo totalmente los párpados, las orejas, los labios, la mayor parte de su nariz y todo el cabello.

Durante los siguientes 63 agonizantes días, el equipo de profesionales del hospital de quemados, trató de reconstruir su rostro a través de injertos de piel y músculo de otras partes de su cuerpo. No obstante, la goma incandescente de la máscara había consumido los nervios, arterias capilares y músculos, por lo que todo el esfuerzo resultó en vano.

Su cara cicatrizó y nuestro héroe tuvo que vivir los siguientes 10 años con el estigma personal de no tener rostro. Sin embargo, el rechazo social que tuvo que enfrentar no ha sido nada,comparado con las molestias de comer sin labios, no poder gesticular, o cerrar los ojos para descansar. De hecho, no tener canales lacrimales ni párpados, ha estado a punto de dejarle ciego también.

La esperanza.

Le cambiaron la cara y la vida.

Su esperanza fue entrar a formar parte del programa de candidatos para recibir un trasplante de rostro, un procedimiento innovador y peligroso que podría devolverle una identidad y la calidad de vida que se merece.

Tras más de 70 cirugías previas, el pasado 15 de agosto de 2015, se llevó a cabo en el centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, el transplante de rostro más complejo del mundo. Una complicada operación en la que participaron más de 150 personas y que duró poco más de 26 horas, convirtiéndose además en la intervención de cirugía más larga historia de la medicina.

El donante y la nueva identidad

Le cambiaron la cara y la vida.

Cabe aclarar que el rostro no se limita a tu piel, sino que tus rasgos dependen de tu estructura ósea. Por ello y a pesar de que recibas el rostro de otra persona, no te veras como él. Los médicos tratarán de adaptar tu apariencia a tu identidad original, y los familiares del donante no reconocerán a su ser querido.

Le cambiaron la cara y la vida.

El donante y benefactor de Patrick fue David Rodebaugh, un ciclista de BMX de 26 años al que se le diagnosticó muerte cerebral después de un trágico accidente. Gracias a su generosidad, Patrick cuenta con un nuevo rostro, con pómulos, nariz, barbilla, canales auditivos, orejas y nuevo cuero cabelludo, pero lo que más agradece Patrick, es tener nuevamente párpados que le permiten tener los ojos cerrados mientras duerme.

Patrick ha declarado sentirse profundamente conmovido y en eterna gratitud con la familia Rodebaugh.

Un éxito total

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El hospital de Vall d’Hebron de Barcelona fue el primero en realizar un transplante de rostro completo del mundo. Si bien es cierto que la operación se realizó en 22 horas, el área trasplantada fue menor que en el caso de Patrick.

Le cambiaron la cara y la vida.

Debido a la extensión de piel, vasos sanguíneos, nervios, y músculos a conectar, la intervención solo contaba con un 50% de probabilidades de éxito, pudiendo incluso perder la vida en el proceso.

Sin embargo, tras tres meses de recuperación, la intervención y su posterior recuperación se ha calificado de éxito rotundo y Patrick puede volver a sonreír a la vida.

Le cambiaron la cara y la vida.

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