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Las ambiciones de Japón

Las ambiciones de Japón sobre el hidrógeno como fuente energética

Las ambiciones de Japón

En busca de su independencia energética y credibilidad ecológica, Japón, sexto emisor de gases de efecto invernadero, quiere sorprender al mundo creando una “sociedad del hidrógeno”, un sueño que deja escépticos a los expertos.

El país decepcionó a sus socios con su compromiso de reducción de las emisiones en un 26% entre 2013 y 2030, presentado con vistas a la conferencia de la ONU sobre el clima de París, la COP 21.

No obstante, espera contribuir al debate gracias a su avance tecnológico en materia de hidrógeno, cuya ventaja es que no emite durante su combustión ninguna sustancia contaminante, sólo vapor de agua.

Esta es la nueva obsesión de Japón, que “ha construido una visión de sociedad basada en el hidrógeno, integrando la dimensión energía y transportes”, resume Pierre-Etienne Franc, director de mercados y tecnologías avanzadas del grupo francés Air Liquide, muy implicado en el tema.

“El hidrógeno es la energía del futuro”, según el primer ministro nipón Shinzo Abe, que aspira a un mercado de no menos de un billón de yenes (7.500 M de euros, 8.300 M de dólares) anuales para el sector en 2030, con entre tanto un escaparate ideal: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

El proyecto cobró importancia tras la catástrofe de Fukushima, que privó a todo el archipiélago de energía nuclear durante dos años.

Ya desde 2009, muchas casas están dotadas de pilas de combustible alimentadas por hidrógeno que producen electricidad desprendiendo calor. El objetivo es llegar a equipar 1,4 millones de hogares en 2020, y 5,3 millones en 2030.

– Un costo que podría ser disuasivo –

La conquista es lenta y solo 100.000 hogares están equipados con estas pilas actualmente. A pesar de las subvenciones estatales y de la ofensiva de empresas como Panasonic y Toshiba estos sistemas son todavía caros -unos 2 millones de yenes (15.000 euros, 16.500 euros) cada uno.

En el sector automotor, el archipiélago también lleva la delantera frente a Alemania y California, gracias al lanzamiento a finales de 2014 del “Mirai” (futuro en japonés) del gigante Toyota. Desde Japón, este “primer auto de serie en el mundo” alimentado por hidrógeno acaba de desembarcar en Europa y Estados Unidos.

A pesar de su precio elevado (más de 60.000 euros, 66.000 dólares sin contar impuestos), hay demanda. Pero su fabricación es delicada y se lleva a cabo con cuentagotas, por lo que solo algunos centenares de modelos circularán este año.

¿Sus ventajas? Cero emisiones de CO2 en su uso y “una autonomía similar a la de un auto con motor de gasolina para un tiempo de reabastecimiento de entre tres y cinco minutos”, avanza Toyota, que considera esto último la gran diferencia con los coches eléctricos.

“Los FCV (fuel-cell vehículos) se revelan como los autos ecológicos ideales”, estima Hisashi Nakai, experto del departamento de planificación estratégica del grupo. “El principal problema es su costo, acabamos de empezar, esto no se logra de un día para otro”, se justifica.

Interrogado sobre los temores de los usuarios sobre los peligros de este gas altamente inflamable, responde: El depósito puede resistir cualquier choque, realizamos centenares de pruebas. Inclusive si se le dispara (con arma de fuego) no explota”.

Toyota no está solo. Honda lanzará en marzo su propio auto con pila de combustible y Nissan ha sido involucrado por el gobierno en esta aventura, a pesar de sus reticencias, ante el escaso número de infraestructuras (apenas unas decenas de estaciones de servicio especializadas en todo Japón).

– ¿Para cuándo un hidrógeno ‘verde’? –

“En esta magnífica ambición, Japón peca por su estrategia de reglamentación sumamente limitante”, lamenta el responsable de Air Liquide, que habla de “obligaciones de seguridad” muy estrictas para evitar la menor fuga de este gas incoloro e inodoro. Así, su precio de coste es “entre dos y tres veces más alto” que en otros lugares y ronda los tres millones de euros (3,3 M de dólares) por estación.

Otra desventaja importante: actualmente el hidrógeno se produce esencialmente a partir de hidrocarburos, que sí emiten gases de efecto invernadero. “¡Vender la economía del hidrógeno sin cambiar su estructura de producción es una herejía!”, admite Franc.

Japón espera lograr a mediano plazo un hidrógeno “verde”, simplemente mediante un proceso de electrólisis del agua en el que la electricidad provendría de energías limpias (eólica, solar o hidráulica).

Para Hubert de Mestier, ex delegado general del grupo Total para el norte de Asia, la ambición japonesa en materia de hidrógeno es “un sueño” todavía lejos de poder hacerse realidad. “La tecnología no está totalmente lista, se necesitarán sin lugar a dudas varios años antes de alcanzar una producción masiva”, estimó.

“Japón se equivoca de prioridad”, afirma por su parte Ai Kashiwagi, de la organización ecologista Greenpeace. “Si quiere comprometerse con el desarrollo sostenible, que invierta más en energías limpias. Después, ya llegará el momento de pensar en el hidrógeno”.

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