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Laboratorio Desconocido Del Ejercito De Chile

Recinto ubicado en la calle Pedro Montt es escenario de desconocidos experimentos.

Justo al lado de la Penitenciaría de Santiago hay un lugar en el que no cesan los disparos. No se trata de una ola delictual en el tradicional barrio Viel, una zona que durante varios años se ha caracterizado por el tráfago en torno al Centro de Justicia.

Las balas acá no se detienen, porque justo al lado del penal más antiguo del país, en la calle Pedro Montt, hay un recinto militar que se dedica, entre otras cosas, a testear municiones y explosivos. Incluidos aquellos utilizados en una faena minera o industrial.

Laboratorio Desconocido Del Ejercito De Chile

Laboratorio Desconocido Del Ejercito De Chile

Laboratorio Desconocido Del Ejercito De Chile

Se trata del Instituto de Investigaciones y Control del Ejército (IDIC), un espacio que tiene sus orígenes en 1911 y que hoy es un inédito, pero trascendental laboratorio para muchas reparticiones y empresas del país.

Por ejemplo, acá no solo realizan miles de ensayos balísticos cada mes, sino que también se mantiene el banco de municiones más grande de Chile, una especie de “registro civil”, que permite identificar una pistola solo con los restos de una bala.

“Las armas generan una huella digital y esta información queda completamente registrada acá. Con ello, si se comete un delito y la policía logra recuperar un arma, nosotros podemos buscar una copia del proyectil y así pesquisar a los dueños o importadores de un revólver”, explica el coronel Rodrigo Sobarzo, director del IDIC, detallando que existe un proyecto para digitalizar esta base, que hoy tiene más de 400 mil registros.

Testeos y pruebas

“Esta es una unidad que tiene más de cien años y hoy en día, actuamos en áreas que van mucho más allá del Ejército”, agrega Sobarzo.

Esto, porque acá existe tecnología que perfila al IDIC como uno de los laboratorios más avanzados del país y lo más curioso, en ámbitos tan disímiles como el vestuario, la alimentación o la ingeniería.

Acá, por ejemplo, se comprobó que los tristemente célebres departamentos Copeva no eran aptos para soportar altos niveles de humedad.

En este lugar, también, se analiza y aprueba el uso de las pinturas reflectantes con las que el Ministerio de Obras Públicas (MOP) demarca carreteras y avenidas a lo largo de todo el país. De hecho, hace cuatro años, los investigadores de este centro determinaron el color exacto que debían llevar los edificios del Barrio Cívico, cuando fue remodelado, en el año 2012. Fue así como comprobaron que el Banco Estado llevaba una tonalidad que no correspondía al predeterminado para el lugar…

Y además de empresas forestales, mineras, universidades y otros organismos, hasta los laboratorios del IDIC recurren bancos, joyerías o particulares, para un solo fin: comprobar el blindaje de vidrios y otros materiales.

En un par de túneles aislados acústicamente, que llegan a medir cien metros, los investigadores someten a pruebas a los más diversos materiales.

Por ejemplo, acá “se balean”, de manera controlada, uniformes militares, chalecos antibalas o murallas que han sido utilizadas para la construcción de algunos jardines de la Junji en zonas vulnerables.

También, se someten a rigurosas pruebas parabrisas y vidrios que después cercarán bancos, joyerías, casetas de peaje o, incluso, los vidrios que revestirán el futuro edificio que albergará a la Fiscalía Nacional. Todo, gracias a experimentos minuciosos, pero también, “a punta de disparos”.

Red

El Instituto de Investigaciones y Control del Ejército es parte de una red de laboratorios, compuesta por 14 países y que tendrán un encuentro en Santiago, en octubre.

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