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La triste historia de WordStar

La triste historia de WordStar

En los años ochenta del siglo pasado, cuando la PC comenzó su vida, empezaron a surgir una serie de programas que tomaron literalmente por asalto al sistema. Uno de ellos fue WordStar, un procesador de palabras (en modo texto, no existía siquiera la idea de la interfaz gráfica), que se convirtió en el estándar de facto en su momento. Pero algo pasó y WordStar eventualmente desapareció.

Ésta es la historia del éxito y posterior fracaso de uno de los programas más emblemáticos de una época del cómputo.

Las mentes detrás de este programa incluyen al pionero Seymour Rubenstein, quien eventualmente desarrollaría un producto llamado Surpass, que se convertiría en la hoja de cálculo que Borland denominó Quatro Pro. Rubenstein había trabajado en la empresa IMSAI bajo la tutela de Bill Millard, en donde además estaba un gurú del lenguaje ensamblador, Roy Barnaby.

En algún momento Rubenstein decidió iniciar su propia compañía. Estudió los reportes sobre los procesadores de palabras y creyó que hacer una empresa de software no podía ser una mala idea. La llamo Micropro International.

Los dos primeros productos fueron un procesador de palabras y un programa para ordenar datos, los cuales fueron programados por Barnaby. En un par de meses Barnaby escribió ambos productos que se llamaron SuperSort y WordMaster. Estos se liberaron en septiembre de 1978 en una feria de cómputo en Nueva York. Rubenstein vendió unos 12 mil dólares en software en esa feria y con ello garantizó quedarse en el mercado.

Con el tiempo se halló que las necesidades de los usuarios empezaban a crecer y se requería, por ejemplo, que el procesador de palabras tuviese sus propias rutinas de impresión. Los procesadores de esa época usaban programas separados para escribir y para imprimir. Un software llamado “Electric Pencil” parecía ser el primer procesador que había incorporado las rutinas de impresión en el mismo software y los usuarios de WordMaster estaban esperando lo mismo.

En octubre de 1987, un mes después de haber introducido WordMaster, Barnaby comenzó a programar lo que sería WordStar, el cual tendría una buena cantidad de nuevas características.

De acuerdo a Rubenstein, le llevó cuatro meses a Barnaby codificar WordStar. Se escribió desde cero en lenguaje ensamblador. Solamente un 10% del WordMaster se usó en este programa en lo que se refiere a las rutinas de manejo de buffers de texto en memoria. En cuatro meses Barnaby escribió unas 137 mil líneas de ensamblador.

El éxito empezaba a dar sus frutos. Epson quería una versión especial de WordStar para su computadora portátil. Los cálculos más conservadores indicaban que el portar el procesador de palabras llevaría unos seis meses.

Rubenstein recontrató a Barnaby, a 100 dólares la hora, y éste terminó el trabajo en tres semanas. Un cálculo estimado del costo de este trabajo sería (3 semanas por 8 horas a 100 dólares la hora, unos 17 mil dólares, un montón de dinero en ese tiempo). De acuerdo a Rubenstein, Barnaby era un genio loco del lenguaje ensamblador. Barnaby era de por sí un tipo un tipo excéntrico. Le gustaba conducir una limosina Rolls Royce disfrazado de chofer. Fue probablemente uno de los programadores más famosos de esa época.

Las ventas de WordStar se dispararon. En 1979 la empresa hizo medio millón de dólares en ventas. Pero en 1980 las ventas llegaron a 1.8 millones de dólares. La compañía portó su producto a CP-M, CP-M 86 y PC-DOS y llegaron a vender 23 millones de dólares en software para abril de 1982. Alcanzaron 45 millones en 1983 y en 1984 la empresa vendía unos 70 millones de dólares anuales. Un gran éxito para la empresa de software más grande de ese momento.

El infarto de Rubenstein

La triste historia de WordStar

Dos meses antes de que la empresa cotizara en la Bolsa de Valores, en 1984, llegó el desastre: Rubenstein sufrió un ataque cardiaco.

Cuatro años antes había metido a un inversionista al negocio, invitado por el hermano político de Rubenstein. Eso resultó ser una “mala idea”, dijo Rubenstein y agregó: “fue el peor error que cometí en mi vida”.

El inversionista, llamado Fred Adler, le mandó un documento a Rubenstein en el hospital, en donde le pedía firmarlo y convertir así todas las acciones en un modo que prometía, haría que el público siguiera apoyando a la empresa.

Pero Rubenstein, quien pensaba que quizás no sobreviviría a su ataque de corazón, firmó y de pronto lo que Adler prometía no pasó y la empresa perdió su ventaja comercial. Haney, un programador en Sperry-Univac entonces se convirtió en el CEO de la empresa a petición de Adler.

Fue entonces cuando salieron a la escena una serie de procesadores de palabras: Volkswriter, Word Perfect, XYWrite, Word, Newword, etcétera, y la competencia empezó a luchar por ser el líder del mercado. Eventualmente Word Perfect salió avante debido a su mejor soporte técnico.

Word Perfect fue un grande del procesamiento de palabras pero cuando se lo vendieron a Novell algo pasó y perdió su empuje. Al final de cuentas Novell vendería a Corel el procesador de palabras e igual que Corel, finalmente se convirtió en un programa “del montón”

WordStar empezó a tener un número de problemas. La visión original de Rubenstein había desaparecido y la empresa se renombró. Ahora se llamaba WordStar International. En ese entonces se buscó tener una suite completa, y se liberaron programas como CalcStar y DataStar, que aunados con WordStar, hicieron un sistema llamado Starbust. El paquete era estupendo para la época, pero Adler mató la idea porque aparentemente no le vio futuro. Esta fue la suite original que dio pie al propio Office.

La compañía, para 1985, produjo un nuevo procesador llamado WordStar 2000, pero era un programa protegido contra copia, que no tenía nada que ver con lo que fue originalmente WordStar. El esquema de protección contra la piratería trabajó de hecho contra la propia empresa porque los usuarios estaban molestos con esto. El producto además era costoso y lento. Y como siempre pasa en estos casos, la piratería finalmente logra generar copias ilegales y la gente prefería usar esas copias a comprar el programa original.

Si WordStar vendía no solamente software, sino que muchos autores habían escrito libros de cómo usarlo y todos hacían dinero, pero para Adler, WordStar 2000 tendría que tener éxito, cosa que no ocurrió. En un esfuerzo por hacerse de usuarios, la empresa quitó el esquema de protección e incluso lanzó una versión para UNIX. Pero todo fue en vano: el producto ya no gozaría del éxito pasado.

WordStar 2000 fue de alguna manera el parte aguas entre el éxito y el fracaso. El código base del WordStar original se reescribió en un clon que se llamó NewWord, en donde se incorporaban características que le hacían falta al producto original. No estaba escrito en ensamblador, pero hacía la tarea bastante bien y el producto se vendió razonablemente en su momento. Corel curiosamente compró NewWord y Rubenstein dijo: “sospecho que Corel quiere tener todos los procesadores de palabras que ya nadie usa”.

WordStar fue el producto que inventó el WYSIWYG, es decir, “what you see is what you get”, o “lo que se ve es lo que se obtiene”, que significa básicamente que el producto mostrará la impresión casi idéntica a lo que se ve en pantalla. Fue un programa que incluyó los Overlays, lo que eventualmente evolucionó en los DLLs. Fue el primer producto con paginación dinámica y con niveles de ayuda. De alguna manera todos los procesadores de palabras le deben su existencia a WordStar, tal vez uno de los esfuerzos más grandes de programación realizados por un solo paquete de software, en toda la historia de la computación.



Referencias: Dvorak 

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