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La trampa del consumo y las deudas

Uno de los problemas al que se ve enfrentado hoy el joven

profesional y todos en general, es optar por una disciplina de no

dejarse atrapar por el sistema de consumo descontrolado, gastando

más de lo que gana, o peor aún, no ahorrar.

Si elegimos vivir bajo las reglas del sistema económico establecido

dentro de la sociedad, hay sólo una alternativa: ganar intereses

o pagar intereses. Las deudas son lo opuesto al ahorro, con la

diferencia que el ahorro es voluntario. En el caso de las deudas,

hay que pagar obligatoriamente, ¡aunque no podamos!

Cuando se tiene un monto ahorrado, éste se servirá del sistema

para ganar intereses y crecer.

El sistema financiero y comercial de la sociedad donde

desempeñamos nuestro trabajo está diseñado para facilitar el

endeudamiento a través del consumo. Será muy frecuente

encontrar todo tipo de ofertas de tarjetas de crédito entregadas

sin costo a domicilio, sin cargo anual, y absolutamente gratis.

Las tarjetas de crédito son el “genio en la botella” que nos hace

entrar mágicamente en el mundo del “hágalo realidad”,

permitiéndonos comprar todo aquello que no podemos tener.

También será usual encontrarse cotidianamente con propaganda

machacándonos los oídos, tratando de convencernos de que

todos los problemas se pueden solucionar acudiendo a la financiera

de turno, a retirar dinero en tan sólo 24 horas. En los spots de

televisión se muestran imágenes de personas felices recibiendo

dinero como si se lo regalaran. Obviamente, lo ofrecido en la

publicidad va más en beneficio del que avisa, que del usuario.

Además, las tasas de interés que cobran las financieras o las

casas comerciales son superiores a las del sistema bancario.

Una vez que el individuo está “ingresado”, debe comenzar a

pagar intereses al sistema, en vez de hacer trabajar al sistema

para sí mismo.

Por otra parte, las ofertas que uno encuentra en la mayoría de

las campañas publicitarias no son para que usted ahorre, sino

para hacerle más eficiente el consumo. Rara vez ese dinero

logrará separarse para ser depositado en una cuenta de ahorro.

Me atrevería a decir que cualquiera que sea el nivel de ingreso,

19la mayoría de las personas gasta más de lo que gana, tiene poco

o ningún dinero ahorrado, tiene deudas a plazos, y carece de un

plan económico de largo plazo.La trampa del consumo y las deudasLa trampa del consumo y las deudas
La mala costumbre de gastar más de lo que se gana para vivir,

es independiente del nivel de ingresos. Cualquiera que sea la

cantidad de dinero que se gane, siempre se gasta todo, y aun

más. Los gastos “necesarios” siempre crecen, a menos que

protestemos. Nunca es suficiente… porque si se gana más, ¡se

gasta más!

Se podría afirmar que nuestra generación no ha desarrollado el

hábito de ahorrar para planificar la compra de un bien, dado que

lo puede conseguir en forma inmediata a crédito. “Gaste ahora,

y pague mañana”. Pero rápidamente el crédito disponible puede

convertirse en un problema cuando no se tienen predeterminados

los límites de los gastos. No se trata de no incurrir en deudas,

pero debe tenerse presente que el endeudamiento indiscriminado

puede producir grandes dolores de cabeza.

No se trata de pagar todo al contado, sólo se hace la advertencia

de que el uso indebido de las deudas nos imposibilitará hacer un

buen manejo de nuestro dinero.

Uno habrá experimentado que, independientemente del nivel de

ingresos, a medida que fueron pasando los años, las cuentas

fueron creciendo hasta parecernos abrumadoras. Finalmente, la

meta de todos los meses se transformó en lograr pagar las

cuentas. Pero siempre mantuvimos la noble intención de que si

al final del mes sobraba algún dinero, éste se destinaría a ahorro.

Pero infaliblemente, cada mes terminaba, si no “ras ras”, con un

saldo en contra.

En el esfuerzo por dominar el monstruo de las deudas, perdemos

la calidad de nuestra vida, y la reducimos tan sólo a dos hechos:

trabajar y pagar cuentas. Esta es la trampa en que la mayoría

caemos; dejamos nuestra vida en suspenso mientras esperamos,

y confiamos en que nuestras finanzas mejoren. Mientras tanto,

las cuentas siguen creciendo, aumenta la ansiedad y se siente

que la vida está en vilo.

Si la persona quiere mantenerse dentro del sistema establecido,

no tiene alternativa, ya que es muy importante el comportarse

como una persona responsable y cumplidora, para reforzar su

auto imagen. Pero, por otro lado, el sistema no le dará tregua,

conminándolo a mantener al día los pagos de los compromisos

adquiridos, o de otra manera será expulsado fuera del sistema

como persona “non grata”. Esto hace que uno esté programado

inconscientemente a pagar en primer lugar las deudas, al momento

de recibir el sueldo, a fin de mes.

20Cuesta mucho llegar a entender que, mientras estemos vivos, es

natural que haya cuentas que pagar, y que los sueños deben ser

incorporados al presente y no ser postergados indefinidamente,

ya que la vida que tenemos hoy es lo único que poseemos.

Finalmente entendí que las cuentas deben ocupar la dimensión

apropiada en la vida, así como una de las muchas

responsabilidades que debemos asumir, pero ciertamente no una

responsabilidad única, abrumadora y avasalladora.

La solución de más corto plazo no es conseguir más dinero, sino

aprender a manejar el dinero de que disponemos hoy. Los

problemas económicos se deben resolver no tan sólo con más

dinero, sino también con imaginación.

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