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La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

El ataque a las iglesias fue consumado en represalia por el bombardeo a la Casa de Gobierno que algunas horas antes habían lanzado varias unidades de la aviación naval con el objeto de atacar al presidente Perón.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

Al caer la tarde del día 16, comandos peronistas incendiaron varias iglesias del centro de Buenos Aires.

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 La Curia Metropolitana fue destruida, las sacristías saqueadas, el mobiliario y las estatuas destrozados con ensañamiento, “narra Alain Rouquié en Poder militar y sociedad política en Argentina, 1943—1973.

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 Curiosamente, Perón ordenó una “severa e inmediata” investigación para identificar a quienes habían provocado el incendio y el saqueo de los templos. La investigación se hizo y dio origen a un curioso expediente en el cual se terminó responsabilizando oficialmente de esos sucesos

“a una logia masónica antiperonista”.

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En realidad, el plan de ataque a las iglesias estaba preparado antes del 16.

En las primeras horas del 15 fueron allanados en Buenos Aires y en el interior, parroquias, asilos, colegios, seminarios, monasterios y todos los locales en que funcionaban centros o círculos de la Acción Católica y clausuradas las sedes de la junta central, consejos femeninos y consejos de hombres.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

 El 16 de junio se cumplió la orden de incendiar los templos de la ciudad de Buenos Aires, y otros del interior. La agresión fue realizada por diversos sectores del peronismo, y muy particularmente por las fuerzas de choque existentes en varias reparticiones públicas.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

El mayor número de iglesias atacadas fue en Buenos Aires, donde actuaron tres grupos organizados que partieron de dos reparticiones del Estado y de un local del Partido Peronista, dirigiéndose separadamente a las iglesias. También hubo hechos similares en algunas ciudades del interior de Argentina.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

Los atacantes, ingresaron en las iglesias, provocaron destrozos, ocasionaron algunos incendios y, en algunos casos, robaron elementos de las ]mismas.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.
Comandos peronistas con atuendos robados en las Iglesias.

 En general las personas que se encontraban en esos lugares pudieron huir, existiendo versiones sobre agresiones personales que provocaron lesiones. La policía y las fuerzas militares no golpistas se abstuvieron de intervenir, y los bomberos actuaron contra el fuego una vez terminada la agresión.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

 Esa sucesión de circunstancias parecen robustecer la presunción de que en junio de 1955 el gobierno peronista estaba sumamente debilitado.

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 Perón no era ya el líder brioso y autosuficiente de los años cuarenta: ahora se parecía más a un gobernante abrumado por sus contradicciones interiores.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

Algunos testigos de la época aseguran que ese debilitamiento presidencial se había empezado a manifestar ya en 1953, cuando Perón cometió el grueso error de permitir que activistas del oficialismo saquearan e incendiaran las sedes de la Unión Cívica Radical, del Partido Socialista, del Partido Demócrata y del Jockey Club de Buenos Aires.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

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 Al alentar la instalación de la violencia en las calles, el peronismo estaba firmando, probablemente, su propia sentencia de muerte.

La Resistencia Peronista y la Quema de Iglesias en 1955.

Es cierto que la represión y la violencia habían sido siempre para el peronismo instrumentos de uso cotidiano, pero el saqueo y el incendio desenfadado de edificios y templos sacaba la violencia a la vía pública y le daba al régimen una patente demasiado ostensible de organización volcada a lo delictivo. Para Perón eso iba a tener, tarde o temprano, un efecto letal.

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Entretanto, el 16 de junio de 1955 quedaría para siempre en la memoria de los argentinos como la mejor demostración del altísimo precio que los pueblos están condenados a pagar cuando la historia se escribe con omnipotencia, furia e irracionalidad.

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Escudados bajo cualquier nombre de “fantasía”, ellos eran, fueron, y serán, siempre así.

Violentos y prepotentes. !!!



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