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La muerte más bella

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Marte tendrá su propio sistema de anillos cuando finalmente destruya a la mayor de sus lunas.

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Hablar de Fobos es hablar de un cuerpo condenado, destinado a desvanecerse en la nada en unas pocas decenas de millones de años. Desde nuestra perspectiva eso es una eternidad, y es posible que en el futuro aterrizamos en él, se convierta en una especie de puesto avanzado en la colonización de Marte, y acompañe a sus primeros habitantes, así como para a innumerables generaciones que les seguirán en las oscuras noches del planeta rojo, pero a escalas cósmica eso es mañana mismo. Su larga vida, quizás tan larga como el propio Sistema Solar, afronta sus últimos minutos de vida en el reloj del Universo.

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Fobos, ( del griego Φóβoς, ), mide 26,8 × 21 × 18,4 Km y es la mayor de las lunas de Marte, además de ser la que se desplaza más cerca de su planeta, apenas a 6.000 Km por encima de la superficie. Una proximidad que a la larga será fatal para ella.

Actualmente ya es el satélite más cercano a su planeta conocido, con una distancia a la cual las fuerzas de marea de Marte, que lo van frenando lentamente, no hacen sino reducir día a día. Y con ello aumentan las tensiones estructurales de Fobos, que tarde o temprano llevarán a su fragmentación final. Las señales de que esto ya está ocurriendo son visibles en su rostro. De 20 a 40 millones de años es el tiempo que le queda, mucho o poco, según la perspectiva, humana o cósmica, que utilicemos. Pero ocurrirá y ya nada puede impedirlo. Por tanto la siguiente pregunta es cómo será este final realmente. ¿Se precipitará en la atmósfera, generando una espectacular tormenta de fuego? ¿O quizás será, por el contrario, algo más lento y hermoso, formando un maravilloso anillo alrededor de Marte? La posible respuesta, según un nuevo estudio realizado por la UC Berkeley en Nature Geoscience, está a medio camino entre ambos extremos.

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Otra imagen de la forma que adoptarían los anillos de Marte, si es que llegaran a producirse. No hay duda que serían espectaculares de verse desde la superficie del planeta rojo, toda vez que la ligera atmósfera marciana no sería impedimento alguno para su observación.

Según los modelos manejados por el equipo de Ben Black, que lideró este nuevo estudio, una vez que la resistencia de Fobos se venga abajo y se fragmente, los trozos de mayor tamaño podrían ser capaces de resistir las mareas gravitatorias de Marte, para seguir cayendo en espiral y finalmente impactar contra la superficie en trayectorias oblicuas y a baja velocidad, colisiones previstas en la zona ecuatorial, que concentraría así toda la potencial amenaza de cataclismo.

Los restos de lo que una vez fue Fobos, la mayor parte en realidad, tendrá un destino mucho más hermoso: se convertirá en un sistema de anillos, haciendo que Marte ingrese en la misma y selecta familia de Saturno, Júpiter, Urano y Neptuno. Su esperanza de vida, empero, lo marcará en momento en que Fobos sucumba a su destino. Cuando antes suceda, más tiempo permanecerá,

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Júpiter a contraluz. Aunque solemos relacionar anillos con Saturno, todos los gigantes del Sistema Solar exterior, además de al menos un asteroide, tienen sistemas de anillos, aunque todos ellos oscuros por el material que los forma. Los de Marte seguramente serán parecidos.

“Si la luna se fragmenta a unos 680 Kilómetros por encima de la superficie, se formará un anillo muy estrecho, con densidades parecidas a la de uno de los anillos más masivos de Saturno”, explica Tushar Mittal, uno de los autores de este estudio, en un comunicado. “Con el tiempo se extendería y se haría más amplio, llegando finalmente a la parte superior de la atmósfera marciana en unos pocos millones de años, momento en que empezaría a perder material” por la fricción atmosférica. Si por el contrario la resistencia de Fobos colapsa más lejos de Marte, el anillo podría persistir por hasta 100 millones de años.

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Marte y Fobos. La luna ya está condenada, y sólo nos falta saber cuándo ocurrirá su destrucción, y si traerá consecuencias al planeta en la forma de diversos impactos.

En ningún caso sería un un gran espectáculo visto desde la Tierra, como ocurre con los anillos de Saturno, ya que estos últimos están compuestos sobre todo de hielo de agua, mientras que Fobos se compone principalmente de rocas ricas en carbono. Pero para cualquiera que viva en Marte decenas de millones de años a partir de ahora, los anillos serán un hermoso elemento permanente en el cielo. Qué mejor término podría haber para este incansable viajero que poner punto final a su larga vida con un último y maravilloso espectáculo, que haga que la gente que un día pueble el planeta rojo sepa que un día existió una luna mucho más allá de su propio tiempo, cuando ya se haya desvanecido en la nada, dejando trás de sí un hermoso rastro en el cielo.

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Los anillos de Marte no podrían extenderse mucho, además de quedar bastante cerca del planeta, dada la poca masa y la cercanía de la órbita de Fobos.

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