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La mentira de la autoayuda

Si hay un tema que suscita adhesiones inquebrantables y críticas feroces a partes iguales es el de los libros de autoayuda.

Sus defensores aseguran haber encontrado en ellos la solución a muchos de sus problemas y la ayuda necesaria para superar una situación de crisis.

Por su parte, sus detractores argumentan con frecuencia que son libros simplistas, vacíos y dirigidos a personas poco inteligentes o con graves problemas de autoestima.

En medio de estos dos bandos, están los que opinan que algunos libros pueden servir a algunas personas en algunas situaciones, lo que es lo mismo que no decir nada.

Hace casi dieciocho años comencé a darme cuenta de que en las estanterías de la mayoría de las casas se podía encontrar alguno de los llamados “libros de autoayuda”.

Desde aquella época, cuando alguien descubre que soy psicólogo, me pregunta sobre un título en concreto y me pide que le recomiende “un buen libro para su problema”.

Al comenzar la carrera, yo no sabía prácticamente nada sobre estos libros que tanto parecían fascinar a algunos de mis compañeros, e incluso a muchos profesionales y profesores de la facultad, y con el tiempo descubrí que ellos tampoco tenían una respuesta rigurosa sobre ellos.

“Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” es el resultado de una investigación dirigida a responder a preguntas que, durante años, habían permanecido sin respuesta. La cuestión más urgente era saber si realmente hay pruebas de que alguno de estos libros funcione para poder utilizarlo como una herramienta más en mi trabajo de consulta.

Pero la tarea no resultó tan sencilla como creía. Para empezar, había que definir algunas características que permitieran diferenciar a los libros de autoayuda de otros libros dirigidos a ensañar a las personas a realizar determinadas tareas por sí mismas (como, por ejemplo, libros de jardinería) e incluir los diferentes tipos que encontramos en el mercado, como la llamada “literatura inspiracional” y los libros dirigidos a alcanzar el éxito económico (la llamada “autoayuda económica” por algunos autores).

También era necesario explicar el origen esotérico de muchas de las ideas que encontramos en estos libros, nacidas al calor de la llamada Nueva Era.

Una de las cuestiones más interesantes sobre los libros de autoayuda ha sido entender por qué hay personas que dicen que les han funcionado a pesar de la abrumadora falta de pruebas sobre su eficacia, y cómo la creencia en ellos no depende de la inteligencia del lector ni de su autoestima, sino de otros factores como el conocimiento previo que tenga sobre el comportamiento humano y su implicación a la hora de valorar los argumentos que exponen.

Resulta imposible abordar el tema de la autoayuda sin abordar el papel de los expertos en nuestra sociedad, y concretamente el mundo del coaching, que está actualmente tan de moda. Uno de los capítulos del libro está dedicado exclusivamente a descubrir que los supuestos expertos no siempre lo son y a conocer un poco mejor en qué consiste esta disciplina que tanta polémica provoca, en qué se basa y si cuenta con pruebas suficientes sobre su eficacia.

En último lugar, resultaba imposible tratar el tema de la autoayuda sin analizar en profundidad la cuestión de la felicidad, sus connotaciones religiosas y políticas y el movimiento de la “psicología positiva”, un epígrafe bajo el que encontramos a muchos profesionales vendiendo la fórmula “científica” para ser felices. Veremos cómo la felicidad tiene muy poco de “natural” y por qué el optimismo y las llamadas “emociones positivas” no son siempre tan positivas y las “negativas”, tan malas como las pintan.

“Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!” está escrito de forma sencilla con la intención de que pueda ser entendido por la mayoría de la gente. A pesar de que el título pueda echar para atrás a algunas personas, espero que sirva tanto a quienes defienden (con razón) que la mayoría de lo que se vende como autoayuda no cuenta con ningún aval mínimo de eficacia, como a aquellos que se plantean si deben gastar su dinero en este género.

Este artículo nos lo envía el propio autor, Eparquio Delgado, licenciado en Psicología por la Universidad de la Laguna y Master en Psicología Clínica y de la Salud. Ha trabajado como educador, psicólogo y coordinador de proyectos de intervención social y desde 2008 ejerce como psicólogo y director del Centro Psicológico Rayuela (La Orotava, Tenerife)

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