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La mejor manera de empezar el día, según la ciencia

La mejor manera de empezar el día, según la ciencia
La manera en la que arrancamos el día influencia en gran medida el posterior rendimiento psicológico, el humor y la productividad. La expresión “levantarse con el pie izquierdo” no es aleatoria, un día que comienza mal tiene más posibilidades de seguir yendo mal. Aquí van algunas ideas para evitarlo, según la ciencia.

Antes de despertar: cómo optimizar tus horas de sueño

Gran parte de de los elementos que definen el comienzo de un día empiezan, de hecho, la noche antes y durante el sueño. La realidad es, con todo, que no hay un número de horas ideal, ni perfecto, ni exclusivo ni mucho menos universal. Lo que sí hay es una pequeña porción neuronal en tu cerebro, elnúcleo supraquiasmático, que se encarga de regular los ciclos circadianos.

La mejor manera de empezar el día, según la ciencia
A las células del núcleo supraquiasmático, como a tantas otras en nuestro cerebro, le gustan los patrones (de hecho, lo que percibimos como bello es lo rítmico, lo que guarda un motivo repetitivo o simétrico). Incluso cuando se aíslan y se cultivan in vitro estas células siguen manteniendo su propio ritmo en ausencia de señales externas. Son el particular metrónomo de todo el organismo.

En condiciones normales, en un mundo idílico o una isla desierta sin las presiones de la vida moderna, nos iríamos a dormir cuando tuviésemos sueño y nos despertaríamos cuando hubiésemos dormido lo suficiente. Ese es el papel concreto que cumplen. Como eso por desgracia no ocurre habitualmente, lo más inteligente es acostarse y dormirse siempre a la misma hora. Incluidos, sí, los fines de semana.

Mi experiencia particular esta que es la manera más confiable y consistente de no despertarte cada mañana sintiendo que te acaban de pegar una paliza y pensando cuando volverás a caer rendido en tu querido colchón. Es sorprendente lo “simple” que es y lo bien que funciona, aunque como hemos visto su base biológica no es nada del otro mundo.

Matizo “simple” porque tiene una gran pega: para que funcione idealmente también tiene que cumplirse los fines de semana. No es mi caso. Gran parte de mi bienestar pasa por levantarme cada día con ganas de ser muy productivo, pero tampoco soy un robot. Salir los fines de semana o quedarme hasta las tantas jugando a League of Legends son actividades que también me hacen feliz y disfruto de igual modo. Con este sistema, los lunes cuestan un poco más porque has perdido ese ritmo circadiano, pero para el martes o el miércoles todo ha vuelto a la normalidad.

Al despertar: el botón de Snooze es tu enemigo

Llevar un horario fijo de sueño, o intentarlo, es probablemente una de las partes más importante (y la que menos se cumple) en lo relativo a un buen descanso. La otra tiene que ver con el acto en sí de despertarse.

Aquí hay una única norma, bien sencilla: el botón Snooze, ese que permite alargar el sueño durante otros idílicos 5 minutos, es tu peor enemigo. Peor enemigo al mismo nivel que Darth Vader o Sauron. El botón de Snooze puede arruinarte todo el día. Puede llegar a convertirte, literalmente, en un zombie adormilado e improductivo para el resto del día.