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La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche


La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche

Lou Andreas-Salomé (12 de febrero de 1861, San Petersburgo, Rusia – 5 de febrero de 1937, Gotinga, Alemania) fue una escritora rusa, con inclinaciones liberales.

La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche

Compartió los secretos más íntimos de filosofía con Nietzsche, pero luego gracias a su magnetismo y belleza encontró su camino junto a Paul Rée (amigo de Nietzsche). Fue una intelectual, autora de muchos libros, psicoanalista, analizada por Sigmund Freud, y compañía espiritual de artistas y escritores (hombres y algunas mujeres) de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.


La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche

En un reportaje Lou contaba esto sobre Nietszche

¿Cómo conoció a Nietzsche?

-Yo estaba en Roma con mi madre. Tenía algo más de veinte años. Deseaba fervientemente aprender. Conocí a Paul Reé, quien me habló de un amigo suyo a quien admiraba, Friedrich. Una mañana, en San Pedro, mientras Paul trabajaba dentro de un confesionario, Nietzsche vino hacia mí y me preguntó: “¿En virtud de qué estrellas hemos ido a encontrarnos los dos aquí?” El tono ceremonioso tuvo que impresionar irremediablemente a una muchacha.

-¿Qué le contestó?

-Que yo venía de Zurich, y nos echamos a reír.


La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche

-¿Cómo era Nietzsche?

-Era de mediana estatura, de aspecto tranquilo y cabellos negros peinados hacia atrás, modestamente vestido aunque sumamente cuidado. Los rasgos finos y muy expresivos de su boca estaban casi completamente cubiertos por un espeso bigote. Podía perfectamente pasar desapercibido. Sus manos, sin embargo, conquistaban las miradas. Eran incomparablemente hermosas y finas, y el propio Nietzsche decía que revelaban su genio. Casi no veía, pero su vista enferma cubría sus rasgos con un encanto mágico, tenía la mirada volcada hacia adentro, porque toda su actividad no era más que una exploración del alma humana en busca de nuevos horizontes, en busca de esas “posibilidades no agotadas” que no se cansaba nunca de crear y transformar en el fondo de su pensamiento.

(…)

Con usted? -Sí, creo que pensó en que yo le acompañara en su epifanía. Pero todo se estropeó porque a los pocos días de conocerme me pidió en matrimonio. Paul Reé también lo había hecho. Les dije que no a ambos. No quería casarme. Mi sueño era un cuarto de trabajo agradable, lleno de libros y flores, flanqueado por dos dormitorios y -entrando y saliendo de nuestra casa- camaradas de trabajo reunidos en un círculo alegre y serio. Mis cinco años con Paul Reé se asemejaron mucho a eso. Pero Friedrich era distinto. Quería otras cosas. Y, además, su hermana consiguió que nos enemistáramos. Le conocí en marzo y nos vimos por última vez creo que en octubre. Durante una excursión al Monte Sacro quizá le besé. Eso fue todo.

La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche

Salomé y Rée se separaron de Nietzsche, después de un problema entre Nietzsche y Salomé, en el cual Nietzsche, sorprendentemente, le propuso matrimonio al creer haber encontrado en Lou a la única mujer que sería capaz de entenderlo. Ella no lo aceptó y a cambio propuso a ambos hombres enamorados unirse en una tríada de producción y trabajo intelectual. Una foto en la que aparecen los tres, con Lou conduciendo el carro quiso ser una alegoría de este pacto. Según investigaciones de la historia del psicoanálisis, Nietzsche habría incluido en Zaratustra a propósito de este asunto (y precisamente de esta foto que causó gran escándalo) la frase «¿Vas a ver mujeres? No olvides el látigo»

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Con Freud

Salomé fue una escritora prolífica, y escribió varias novelas, obras y ensayos poco conocidas; fue también una creativa feminista. A través de su vida de casada, se comprometió en romances y/o intercambio de correspondencias con el periodista alemán Georg Lebedour, el poeta austro-húngaro Rainer Maria Rilke, y los psicoanalistas Sigmund Freud y Viktor Tausk, entre otros.

La lincesa que friendzoneó a Freud y Nietzsche

En 1911 conocerá a Sigmund Freud. Este último siempre admiró tanto la belleza como la inteligencia de Lou Andreas Salomé. Freud le invitaría a muchas de sus reuniones psicoanalíticas y escucharía muy atentamente sus planteamientos. Da cuenta de muchos de ellos en su libro Lebensrückblick.

Era de una modestia y una discreción poco comunes. Nunca hablaba de sus propias producciones poéticas y literarias. Era evidente que sabía dónde es preciso buscar los reales valores de la vida. Quien se le acercaba recibía la más intensa impresión de la autenticidad y la armonía de su ser, y también podía comprobar, para su asombro, que todas las debilidades femeninas y quizá la mayoría de las debilidades humanas le eran ajenas, o las había vencido en el curso de su vida.

Sigmund Freud, Lou Andreas-Salomé (1937)


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En una carta de 1916, Freud elogiaba a Salomé llamándola “una ‛entendedora’ par excellence”. En diálogo con ella, los reconocidos pensadores que frecuentaron su amistad a lo largo de su vida se sintieron “forzados” a ser coherentes y profundos… aunque nunca le dio más cabida que la propiamente intelectual


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