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La leyenda de “Kilroy was here”: Un enigma para Hitler

La leyenda de “Kilroy was here”: el Banksy de la Segunda Guerra Mundial (y un enigma para Hitler)

La leyenda de “Kilroy was here”: Un enigma para Hitler

Un hombre calvo mirando por encima de una cerca junto a las palabras “Kilroy was here” (Kilroy estuvo aquí). Este escueto dibujo aspira a ser el grafiti más legendario del siglo XX. Una obra objeto de culto que apareció en la Segunda Guerra Mundial, mucho antes de que existiera Internet, para reproducirse de tal forma que dejó intrigados, entre otros, al propio Hitler o Stalin, quienes creían que tras la obra había un enemigo. Esta es la historia de un dibujo y su misterioso autor original. El Banksy de la WW2.

Los grafitis o dibujos en el contexto de las guerras han tenido siempre un poderoso significado. Tras ellos se escondían las esperanzas y los temores de las tropas. Es posible por tanto que, de todos los grafitis y parecidos que han existido en la historia de la humanidad, los más conmovedores sean estas inscripciones personales dejadas por los soldados.

La vida militar ha estado marcada por la soledad, la ansiedad, momentos de espera para la acción, la falta de la misma, el drama repentino y, sobre todo, la posibilidad de una muerte violenta en cualquier momento. Esta sensación de transitoriedad hacen que estos pequeños dibujos o garabatos un diario personal y prueba de vida, en ocasiones de entretenimiento ante el tedio y el aburrimiento de una larga espera.

Además los hay muy diferentes en su contexto. Desde el fatalista hasta el irónico, el divertido, socarrón, escatológico o misterioso como fue el caso de Kilroy en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué quería decir exactamente ese dibujo? ¿Quién fue el autor original? o ¿cómo pudo llegar a tantos países en tan poco tiempo?

Aún hoy la historia real del grafiti es ciertamente turbia, pero a partir de los documentos, artículos y relatos de personas que vivieron en la misma época, podemos trazar una línea del tiempo sobre la historia de este dibujo y su autor. Así fue su historia, o al menos, así la cuentan.

Kilroy antes de Kilroy

La leyenda de “Kilroy was here”: Un enigma para Hitler

La revista Life señaló en un artículo que los militares estadounidenses en las guerras mundiales eran muy aficionados a marcar todos los espacios a los que llegaban. Es de suponer que no sólo los estadounidenses, sino la gran mayoría de tropas en el mundo. En cualquier caso para seguir la pista de Kilroy habría que remontarse unos años antes, en la época de la Primera Guerra Mundial.

Ahí surgió lo que muchos apuntan como el precursor de Kilroy, un grafiti conocido como Foo was here por las tropas australianas, quienes dejaban constancia así de los espacios por los que pasaban. Si damos por válido este precursor estaríamos a 20 años de la llegada de Kilroy.

La radio busca al creador de Kilroy y se presentan docenas de personales reales que afirman ser el mismísimo Kilroy

Años más tarde surge el que para muchos es considerado “primo-hermano” de Kilroy. Nos referimos al grafiti del Reino Unido conocido como Mr. Chad o tan sólo Chad. Se trataba de un dibujo garabateado en todo el país como crítica a la escasez y racionamiento de comida durante la guerra. Chad fue bastante parecido a Kilroy en su concepto, aunque en este caso iba acompañado del mensaje “Wot? No Tea?” (en vez de tea se puede poner cualquier bien que escaseara). Chad fue también anterior a Kilroy y se atribuye su origen al dibujante británico George Chatterton hacia finales de 1930.

Así que llegados a este punto y muy cerca en el tiempo de la primera aparición de Kilroy, podemos imaginarnos que, en algún momento de la guerra, los soldados estadounidenses tomaron prestada la imagen de Chad para convertirla en su propio símbolo. Puede ser, pero, entonces, ¿de dónde viene el nombre de Kilroy?

¿Fue Kilroy el verdadero Kilroy?

La leyenda de “Kilroy was here”: Un enigma para Hitler

El grafiti se hizo tan popular que en el año 1946 se lleva a cabo un concurso para averiguar el origen del mismo. La radio American Transit Association (ATA) busca al creador de Kilroy y se presentan docenas de personales reales que afirman ser el mismísimo Kilroy.

Y es aquí cuando aparece la, hasta el día de hoy, fuente más creíble sobre su origen. Tras una larga investigación resulta ganador James J. Kilroy, quién trabajó en el astillero Bethlehem Steel en Quincy (Massachusetts) durante la guerra.

Durante el contexto de la Segunda Guerra Mundial, la contribución militar de Estados Unidos en Europa estuvo marcada también por la producción de barcos, tanques, aviones y armas para las fuerzas aliadas. James había sido supervisor revisando los remaches de las planchas de acero.

Cuando acababa con una era el momento de hacer una señal con tiza para diferenciarlas de las que no había comprobado todavía. Ocurre que el hombre se da cuenta de que en ocasiones le devolvían planchas ya revisadas, quizá porque la marca de la tiza se borraba por el camino.

El grafiti había alcanzado el estatus de culto llegando incluso a las instalaciones de los nazis

Para James esto era un inconveniente en su jornada de trabajo y le hacía perder dinero, ya que cobraba en función del número de planchas que revisaba. ¿Solución? Nuestro hombre cambia la manera en la que marcaba las planchas, ahora con pintura donde escribía la frase Kilroy was here.

Tenía todo el sentido del mundo. Y es que lo normal una vez se acababan de construir un buque, es que la pintura de James Kilroy se mantuviera. De esta forma cuando los barcos se usaban para el transporte de las tropas, estos pudieron ver la “firma” de James, de forma que se acabó extendiendo entre los soldados estadounidenses en la guerra.

James Kilroy le dijo a la ATA que también podían corroborar su versión con los hombres con los que trabajó en el astillero. No hizo falta, le dieron como ganador y oficialmente creador del legendario grafiti (ganando además un coche).



La leyenda de Kilroy

La leyenda de “Kilroy was here”: Un enigma para Hitler

Sin saber el origen real del dibujo, los soldados que veían el grafiti en los barcos creían que se trataba de una especie de talismán, un certificado que significaba que el barco había sido debidamente comprobado y que estaría protegido contra el enemigo. A partir de entonces los soldados estadounidenses comenzaron a garabatear el dibujo original de Kilroy y a reproducirlo. El grafiti se extendió durante este período de tiempo por Europa, Asia y África.

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial el grafiti había alcanzado el estatus de culto llegando incluso a las instalaciones de los nazis. Se convirtió de un grito de los éxitos de los aliados. Y mientras que para los soldados aliados se trataba de una manera de dejar huella allí donde pasaban, para el enemigo se convirtió en algo más serio.

Kilroy, el Banksy sin quererlo, estuvo en muchos sitios, en otros puede ser que sólo fuera su leyenda

Según contaría en el libro The World War II Quiz & Fact Book el infante de marina Timothy Benford, las tropas japonesas llegaron a reportar, desconcertadas, la aparición del grafiti en tanques bombardeados en la isla del Pacífico Gudalcanal. Informes que llegaron a los altos cargos de inteligencia sobre estas misteriosas pintadas.

Gordon L. Rottman contaba en su libro Soldier Slang of World War II que Hitler llegó a suponer que Kilroy era una especie de super espía, ordenando a un contingente de hombres a la búsqueda y captura del personajes. Obvio, jamás dio con él. Al igual que Stalin, quién llegó a exigir saber la identidad tras encontrar la “huella” de Kilroy en unos baños de la conferencia de Potsdam en 1945.

Lo cierto es que con el paso de los años la fuerza del grafiti se fue apagando. Su figura se desvanecía de la memoria colectiva después de un pequeño resurgimiento en popularidad durante la Guerra de Corea en la década de 1950. Kilroy, el Banksy sin quererlo, estuvo en muchos sitios, en otros puede ser que sólo fuera su leyenda. Aunque de manera indirecta, de lo que no hay duda es de que fue precursor de una era que estaba por llegar, mucho antes de que Internet aterrizara y con ella las redes sociales, los motores capaces de viralizar y construir de la nada lo que hoy llamamos meme.

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