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“La Hora de los Pueblos”: Juan Domingo Perón

La hora de los pueblos, obra plasmada por el general Juan Domingo Perón en 1968 durante su exilio madrileño, es un punto de inflexión entre sus textos gubernamentales, los de la resistencia y estos nuevos que adelantan un cercano porvenir protagonizado por las grandes mayorías.

Certero en su análisis de la necesaria unidad latinoamericana, los capítulos dedicados a la juventud exhiben su condición de visionario y estadista.

CONCLUSIONES

1) En el mundo complejo que hoy nos toca vivir, nada se desarrolla en compartimientos estancos. El progreso de las comunicaciones y transportes ha empequeñecido en tal medida la tierra, en el espacio en el tiempo que la vida de relación es tan intensa, que nada escapa a la influencia de los fenómenos que se producen, en todos los órdenes, en toda la extensión del planeta.

2) Por eso, no se puede analizar los problemas intrínsecamente nacionales, sino sometidos a la evolución general del mundo y a las influencias de todo tipo que esa evolución infiere, de acuerdo con las condiciones de tiempo y lugar, a las conexiones existentes y a la influencia de “los poderosos” que intentan dominar.

3) A todo lo anterior, es preciso agregar que el desarrollo tecnológico y la explosión demográfica, desenvuelven un proceso nuevo, o por lo menos ampliado, y acelerado de lo que ha sido hasta ahora la influencia evolutiva en los países y sus pueblos.

4) Es indudable que el mundo se encuentra en plena evolución hacia nuevas formas en lo económico, en lo social, en lo político, en lo cultural, etc., para caracterizar una nueva etapa en la evolución de la humanidad, destinada a satisfacer mejor las necesidades del mundo y del hombre de hoy.

5) El progreso de la ciencia y de la técnica por un lado, que brindan más posibilidades y la explosión demográfica por otro, que crea mayores necesidades y nuevos problemas, nos impulsan constantemente hacia nuevas formas de vida y sistemas sociales más acordes con esas necesidades y problemas.

6) Dentro de lo anterior, las diferencias entre el desarrollo y el subdesarrollo, han dividido prácticamente al mundo; en dos sectores: uno que lucha por dominar y otro que trata de defenderse contra la explotación y el dominio de los fuertes. De lo que resultan las actuales agrupaciones que obedecen al imperialismo yanki, al imperio soviético y los que intentan conformar un “Tercer Mundo” tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes.

7) De ello también resultan las actuales ideologías: los que siguen pensando que la solución es insistir en el sistema capitalista, los que piensan que la solución ha de ser el socialismo internacional dogmático y los que creen que la verdadera solución depende de un socialismo nacional. Frente a la caducidad insoslayable del capitalismo demoliberal, se puede predecir que el mundo será en el futuro socialista: los hombran dirán en cuál de sus aceptaciones.

8) Es indudable que, dentro de este panorama, la lucha se desencadena en todas partes, tanto donde hace explosión como donde acumula presión para el futuro, en los países que pretenden liberarse de los poderes imperialistas o en los pueblos que intentan hacerlo contra las oligarquías aprovechadas como contra las burguesías de la explotación. En el problema mundial en su conjunto, las ideologías han sido superadas por la lucha, por la liberación.

9) La Argentina actual encaja perfectamente en este esquema: es un satélite del imperalismo yanqui y su Gobierno está al servicio de la oligarquía y de la burguesía. Su Pueblo, lógicamente, está tan en contra del imperialismo como de la oligarquía y de la burguesía, pero especialmente opuesto al Gobierno que los sirven y a las fuerzas de ocupación que lo hacen posible.

10) A esta oposición individual, corresponden en conjunto, aunque no organizadamente, casi todas las fuerzas políticas, pero su conducta y actitud no llegan a nada concreto contra la dictadura militar que azota al país, o porque están cansadas de la larga lucha, o porque no hay cargos a la vista o porque temen a la represión violenta de la dictadura, de lo que se infiere que la falla está especialmente en el horizonte directivo.

11) Los últimos veinte años de historia, vienen probando elocuentemente con los hechos, la razón que ha asistido al Justicialismo en sus premisas esenciales: la necesidad de una evolución, la conveniencia de una integración geopolítica continental y la oportunidad de una integración histórica en el “Tercer Mundo”.

12) Es indudable que el imperialismo yanqui se opone solapadamente a la integración Latinoamericana, porque su política ha sido siempre la de “separar para reinar” y porque a los Estados Unidos no le interesa una América Hispana fuerte, ni rica dentro del neocolonialismo a que está sometida en la actualidad.

13) De la misma manera se opone casi abiertamente a su desarrollo, especialmente industrial, primero porque es su proveedora y luego porque una América Latina industrializada dejaría atrás su subdesarrollo, dejando de ser prácticamente una colonia yanqui, con lo que la metrópoli perdería sus actuales negocios y el sometimiento que, políticamente, es indispensable en la actual situación americana.

14) La actual intervención norteamericana, con el “cuento de la cooperación”, en la integración latinoamericana, es una forma de sabotearla inteligentemente. Históricamente, la intención yanqui ha sido siempre la misma desde 1820 en que intenta el manejo económico por la constitución de la “Alianza Comercial General” y todas las organizaciones posteriores, promovidas por los Estados Unidos hasta nuestros días, han tenido la misma finalidad.

15) La “Alianza para el Progreso” como todos los sistemas de “ayuda” puestos en ejecución, no son tales ayudas: es la simple colocación de capitales sobrantes con intereses leoninos sin riesgos para el prestamista. Cuando se dice la ayuda será por los capitales privados, ya sabemos de lo que se trata. La inversión de capitales, como la radicación de industrias y empresas comerciales norteamericanas en la América Ibérica, no son sino formas de descapitalizar y endeudar a nuestros países.

16) La integración continental de la América Latina es indispensable: el año 2000 nos encontrará unidos o dominados, pero esa integración ha de ser obra de nuestros países, sin intervenciones extrañas de ninguna clase, para crear, gracias a un mercado ampliado, sin fronteras, las condiciones más favorables para la utilización del progreso técnico y la expansión económica; para evitar divisiones que puedan ser explotadas; para mejorar el nivel de vida de nuestros 200 millones de habitantes; para dar a Latinoamérica, frente al dinamismo de los “grandes” y el despertar de los continentes, el puesto que debe corresponderle en los asuntos mundiales y para crear las bases para los futuros Estados Unidos de Latinoamérica.

17) Sólo mediante esta Comunidad Económica Latinoamericana se puede dar origen a un Mercado Común Latinoamericano y solamente ello puede asegurar, junto con nuestro propio esfuerzo y nuestro trabajo, superar la crisis económica y el subdesarrollo que agobia nuestros países.

Nadie se hace rico pidiendo prestado ni siendo objeto de la explotación ajena.

18) La penetración imperialista americana en el mundo ha sido denunciada con claridady certitud desde Europa y especialmente desde Francia, como asimismo los métodos que han venido empleando los Estados Unidos en su penetración. Para los hispanoamericanos no es una novedad: nosotros lo hemos venido sufriendo desde hace un siglo, de una u otra manera, al punto de poder afirmar con realidad, que lo que le puede pasar a un país, es que U.S.A. lo ayude…

19) Un ejemplo de ello lo da la Argentina Justicialista, que en sus nueve años de gobierno, prescindió de toda “ayuda” americana, no aceptando ni empréstitos, ni inversiones, ni radicaciones, etc. Pues bien, en esos nueve años fue la primera vez, en toda la historia de la República Argentina, que consiguió poner a punto su economía: repatriando el total de su deuda pública, constituyendo una reserva financiera, reduciendo al mínimo los servicios financieros anuales al exterior, logrando una balanza comercial favorable y constituyendo una economía de abundancia sobre la economía de miseria que recibiera nueve años antes.

20) El desarrollo industrial lanzado decididamente adelante por el Justicialismo fue detenido y luego destruido por los gobiernos “gorilas” obedeciendo a un mandato imperialista, haciendo retrodecer veinte años el desarrollo argentino y transformando en subdesarrollado a un país que marchaba decididamente hacia su grandeza, descapitalizándolo de nuevo, y endeudándolo en pocos años en una proporción jamás alcanzada antes, volviéndolo a una economía de miseria, acumulando un desempleo monstruoso con una economía popular de miseria, etc.

21) Para nuestros países es preciso persuadirnos de la necesidad de evolucionar para realizar desde ahora lo que pueda irnos encaminando, sin esperar a que el tiempo luego nos lleve a empujones. Por otra parte, sólo podremos neutralizar la acción imperialista, en la medidad que seamos capaces de luchar para colocarnos cultural y tecnológicamente a su altura. Sabemos cómo puede hacerse. Todo depende de que seamos capaces de realizarlo.

22) Nuestro país, dentro del complejo mundo que hemos mencionado, encuadra su situación particular dentro de una evolución propia, influenciada por sus características originales, pero no escapa en manera alguna a lo que es común en la evolución general. Pero, desgraciadamente, los hombres a quienes el destino o la casualidad han puesto en situación de decidir, están en otra cosa que poco tiene que ver con la grandeza de la Patria y la felicidad de su pueblo.

23) Dentro del drama que vive la Argentina actual, con ser importante la destrucción de su economía, ha sido mucho más desastrosa la “destrucción del argentino” que el gorilismo ha logrado y que se evidencia en el desánimo, incertidumbre, la apatía y el desinterés ciudadano que se nota en todas las manifestaciones anímicas de los hombres del pueblo Argentino.

24) Un Pueblo que asista impasible a semejante situación sólo se puede explicar porque haya perdido sus valores esenciales, pero yo tengo fe en el Pueblo Argentino y espero confiado en su reacción. Para ello es indispensable la unión de todos los argentinos, cualquiera sea la posición política para poder ponerse en defensa de todo lo que hemos ido perdiendo moral y materialmente en este ya largo período de depredación nacional.

25) Apreciamos que la experiencia de estos doce años de irregularidad gubernamental ha sido grande y valiosa para todo el Pueblo Argentino. Percibimos claramente que la opinión pública comienza a ser cada día más favorable a la evolución aconsejada por esa experiencia. Sabemos que el Justicialismo es cada día más compartido por la ciudadanía, tal vez no porque nosotros hayamos sido demasiado buenos, sino porque nuestros sucesores, hayan sido tan malos que, en último análisis, hemos venido, resultando óptimos.

Consideramos que es imprescindible poner remedio a la intolerable situación reinante y que para ello debemos conjuntar los esfuerzos en una acción decisiva. Por eso somos partidarios de una unión de buena fe de todos los argentinos, para conformar un gran movimiento nacional con qué enfrentar a la dictadura militar en la forma que sea preciso, a fin de devolver cuanto antes al Pueblo Argentino la soberanía de que ha sido despojado.

26) Pero, para lograr tan altos objetivos, es preciso la masa esté encuadrada por dirigentes capaces y que la conducción sea la garantía del éxito que buscamos y que no ha de alcanzarse con conductores que hayan perdido sus condiciones, porque nada podrá conseguirse con la utilización de cerebros marchitos ni corazones intimidados.

27) Ello obliga a realizar cuanto antes una renovación de valores que sólo puede llegar por un trasvasamiento generacional que ponga a la juventud en situación de decidir, a lo que tiene un inalienable derecho, ya que ha de ser ella la que ha de gozar o sufrir las consecuencias del quehacer actual. En el concepto político, la juventud, no es cuestión de edades sino de mentalidades. Los espíritus juveniles han de pensar también que, en política no se regala nada, el derecho a encuadrar como a conducir, se gana en la tarea de todos los días. Cada uno lleva “el bastón de mariscal en la mochila”, ahora es cuestión que sepa hacer uso apropiado de él, en todas las ocasiones.

28) El actual conflicto planteado entre la fuerza y la opinión, provocado por la usurpación del poder, sólo puede solucionarse si se desarrolla una acción capaz de desmontar la fuerza para luego imponer la opinión. Es una operación en dos tiempos: el primero de oposición actica y combativa y el segundo, de reconstrucción nacional. Si en esta tarea nos empeñamos todos con decisión y energía, la dictadura no podrá durar y entonces habrá llegado el momento propicio para que todos, con la mayor grandeza y desprendimiento iniciemos solidariamente la tarea de reconstruir el país en los aspectos en que la destrucción sistemática haya actuado en los años de depredación.

29) La misma dictadura, a la que no creo malintencionada sino equivocada e incapaz, dominada por círculos de presión, puede resignar su actual contumacia, o caerá por la disociación de sus propios componentes. Para ese caso también es preciso estar preparados, a fin de que no se reproduzcan los anteriores enfrentamientos suicidas que no pueden conducir sino al dominio espurio de la fuerza y tendencias que actualmente dominan.

30) Finalmente, es preciso pensar que el éxito no es obra de la casualidad o la suerte, como muchos piensan: el éxito se concibe, se planea, se prepara, se realiza y se explota. Es, en síntesis, una obra del arte de conducir que obedece a una teoría y a una técnica pero que, más que nada, depende del “óleo sagrado de Samuel”, que el conductor haya recibido al nacer…

Aquí la obra completa para quien le interese:

http://www.movimientoperonista.com/ficheros/LaHoradeLosPueblos-Peron.pdf

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