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La historia del equipo que perdió 4 finales Copa libetadores

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En algún momento de su vida, todo buen aficionado al fútbol se pregunta si sobre su equipo ha caído una maldición. Suele ocurrir después de una mala racha de resultados, cuando, por más que las programación de fútbol en la tele incluye los encuentros de tu equipo, dejan de interesarte porque sabes lo que va a ocurrir. Eso sí, por muy mal que marchen las cosas, ningún aficionado podrá comparar su desdicha a la de los seguidores del América de Cali.

Los seguidores de la ‘Mechita’ sí que saben lo que es ver a su equipo bajo los efectos de un conjuro maldito. Todo comenzó allá por 1948. Fue entonces cuando en el fútbol colombiano los distintos clubes se planteaban dar el salto a la profesionalización de sus estructuras y la junta de socios del América se reunión para determinar si ellos se unían o no al cambio. Uno de los más contrarios a esta transformación era el odontólogo Berjamín Urrea, conocido entre sus allegados como ‘Garabato‘.

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Suponemos que, atemorizado por los cambios que este gran cambio traería a la institución, Urrea no supo aceptar que el resto de socios se mostraran favorables y abandonó la reunión tan enfadado que la última frase que pronunció dejó perplejos al resto de asistente. “Que lo vuelvan profesional, que hagan del América lo que quieran, pero juro por mi dios que nunca serán campeones”, dijo sin remilgos ‘Garabato’. En aquel momento, nadie otorgó mayor importancia a aquellas palabras. Pero con el paso del tiempo los aficionados de los ‘diablos rojos‘ acabarían por bautizar aquel enunciado como “la maldición de Garabato”.

A medida que pasaban los años y el América no lograba alzarse con ningún torneo, más y más se acordaban los seguidores de la dichosa frase. No fue hasta 1979, más de treinta años después de aquella escena, cuando la ‘Mechita’ se proclamó campeón de la liga de fútbol de Colombia el 19 de diciembre tras vencer al Unión Magdalena. La espera había sido tan larga que, algunos meses más tarde, se decidió realizar un ritual en el estadio Pascual Guerrero para liberarse por completo de cualquier maleficio que hubiera podido caer sobre el club. Lo que no sabían los dirigentes y aficionados es que la historia traería a sus recuerdos aquellas palabras de Benjamín Urrea en más de una ocasión.

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La década de 1980 arrancó muy bien para la ‘Mechita’. El equipo se reforzó, acertó con sus fichajes y de la cantera salieron futbolistas destacados como el pequeño Antony de Ávila, que atesoraba una calidad técnica envidiable en apenas 1,60 metros de altura. Con todo ello, el América de Cali logró hacerse con 5 títulos ligueros consecutivos que pusieron al club del barrio de San Fernando, en la ciudad de Santiago de Chile, entre los más destacados de toda América Latina. Tal era su supremacía en el torneo colombiano que los ‘diablos rojos’ se marcaron un nuevo objetivo: conquistar la Copa Libertadores, el trofeo continental de clubes más importante de América.

En 1985 llegó la primera oportunidad de proclamarse campeones de toda Latinoamérica. Tras un inicio dubitativo en el torneo, los ‘diablos rojos’ derrotaron sin contemplaciones al Peñarol de Montevideo y al Nacional de Quito para colarse en la final, donde le esperaba el Argentinos Juniors de Buenos Aires. En la capital argentina, fueron los locales quienes se hicieron con la victoria por la mínima, una desventaja que el América superó en el partido de vuelta con un gol de Willington Ortiz. El partido decisivo se disputó en terreno neutral, en la ciudad paraguaya de Asunción.

Los colombianos lograron mantener el tipo durante todo el partido y el resultado final, después de la prórroga, era de empate a uno. El título se lo llevaría la escuadra que más acertada estuviera desde el punto de penalti. Los bonaerenses acertaron en sus cinco lanzamientos. El América de Cali anotó cuatro penaltis y necesitaba acertar en el último para seguir teniendo opciones. El joven Antony de Ávila asumió la responsabilidad y los nervios le vencieron. Mandó el balón fuera y Argentinos Junior se proclamó campeón de la Libertadores. Primera decepción para los de Cali.