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La guerra de las vírgenes.

La guerra de las vírgenes.

Carlos María de Bustamante, describiendo el ataque de la alhóndiga de Granaditas en Guanajuato el 28 de septiembre por el ejército insurgente dice: “de trecho en trecho, se veían banderas de todos colores, que parecían marcadas con una estampa de Nuestra Señora de Guadalupe en el centro”La guerra de las vírgenes.

Como resultado de todo esto, nos cuenta Ignacio Manuel Altamirano, los españoles comenzaron a ver con indudable aversión, tanto el culto de la Virgen de Guadalupe, como a los devotos. Y añade:

“Y entonces acudieron a un extremo que sí tuvo más de ridículo, que de sacrílego tuvo el que se había visto obligado a aceptar el caudillo de la insurrección.

Acudieron a la virgen de los Remedios cuyo santuario se halla en un pueblo situado al sudeste y cerca de México. Esta virgen de los Remedios es la pequeña imagen de madera que trajo consigo el padre Olmedo en el ejército de Cortés, la misma que según la leyenda arrojaba puñados de tierra a los ojos de los guerreros indios en las batallas, pero que sin embargo, de ser tan útil a los españoles, éstos se habían visto forzados a tirarla en su fuga de la Noche Triste, y que encontrada en un maguey, después de la Conquista, por el cacique indio don Juan Tovar, se veneraba con el nombre de los Remedios o de la Conquistadora. Era, por decirlo así, el numen protector o de la Conquista.

Las autoridades españolas, como lo hemos visto, se habían puesto frenéticas al ver el estandarte de Hidalgo, y gritaban ¡profanación! ¡Sacrilegio! Ante esta mezcla de religión con la política. Pero encontraron bueno y cristiano el recurso para ellos, y trayendo la pequeña imagen a la catedral de México, la revistieron de insignias grotescas. El virrey puso a sus pies su bastón de capitán general, le ciñó su banda, la nombró generala de los ejércitos realistas, y los españoles en fin, en su terror, la opusieron a la virgen mexicana.

Para condenar esta farsa, no hubo edictos de obispos, ni execración de inquisidores, ni Alamán tiene anatemas y dicterios, como los tuvo para Hidalgo. Las autoridades son las únicas que se creen con derecho de disponer de los dioses.”La guerra de las vírgenes.

Lorenzo de Zavala juzgó así el hecho:

“Los primeros desastres se presentaron como de costumbre, como efectos de la ira celeste por los pecados del pueblo. Se hizo conducir a México la imagen de la virgen de los Remedios, patrona de los españoles cuyo santuario está a tres leguas de la capital, y que es uno de los monumentos de la superstición de los peninsulares. Fue revestida de las insignias militares, se la invocó como intercesora entre los realistas y la divinidad, poniéndose como en una lucha las dos imágenes de la Madre de Dios; a saber: la de Guadalupe implorada por los insurgentes, y la de los Remedios por los partidarios del gobierno español. ¿No es esto semejante a los combates de los dioses en la guerra de Troya, descritos por Homero? Los nombres son los que únicamente han variado.” La guerra de las vírgenes.

Carlos María de Bustamante afirma que el odio de los españoles “subió a tal punto en aquellos días, que se tenía por insurgente y enemigo del gobierno castellano al mexicano piadoso que se mostraba devoto de la virgen de Guadalupe, o que al pasar por su capilla en la iglesia catedral, le hacía reverencia; que alguna vez se colocaba cerca de ella algún malvado para observar quien hacía alguna demostración de acatamiento, y de luego a luego, por sólo este hecho lo calificaba de insurgente”.La guerra de las vírgenes.

La guerra de las vírgenes. Gazeta del gobierno de México, viernes 28 de septiembre de 1810. Colección de Gacetas , año de 1810, tomo 1, núm 110, pág. 796.

La guerra de las vírgenes. Bustamante. Cuadro Histórico de la América Mexicana. Primera época, México, Imprenta del Águila, 1823 tom. 1a, pág.10.

La guerra de las vírgenes. Altamirano, La fiesta de Guadalupe. Publicado por primera vez en La República, el 12 de diciembre de 1870. Firmado con el seudónimo de Esquivel.

La guerra de las vírgenes. Zavala, Ensayo histórico de las revoluciones de México. Edición de 1845, tomo 1, pág. 51

La guerra de las vírgenes. Bustamante, La aparición de nuestra señora de Guadalupe. México, Cumplido, 1840, pág. 10

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