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La fragata “Argentina” en la isla de Java

La fragata
Por la ruta del escorbuto (por Daniel Cichero)

Sin dudas, el tramo final de la navegación por el Índico y el paso por Java formaron parte de un camino por la cornisa del desastre. El escorbuto apareció durante la larga navegación a lo ancho de ese océano, que duró dos eternos meses (entre septiembre y noviembre de 1817). En ese tramo del viaje, cayeron postrados “84 hombres”, es decir la mitad de la gente embarcada.

La llegada a la isla Peucang (isla Nueva de la Cabeza de Java), un lugar desierto y agreste, fue tan desesperada, como el método intentado para enfrentar la enfermedad. ¿De dónde salió la idea de enterrar a los enfermos en la playa hasta el cuello durante cada noche? Sin dudas, de la concepción humoral-hipocrática de la medicina, en la que —de seguro— se formó el sacerdote-cirujano Bernardo Copacabana. Pero para 1817, ya había conocimientos acerca del tratamiento en base a la ingesta de cítricos. De hecho, el “Tratado sobre el Escorbuto” que describió la enfermedad y su curación es muy anterior al viaje de Bouchard (James Lindl, 1747). Sin embargo, la práctica de proveer cítricos para las largas travesías demoraría aún décadas en imponerse entre los marinos.

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Lo concreto es que los enterramientos del padre Copacabana no lograron detener el avance de la masacre sanitaria provocada tras cuatro meses de navegación sin la alimentación adecuada. Y la muerte de casi 30 hombres en el término de una semana dio cuenta de la urgencia de encontrar otras formas para contener la enfermedad. En su informe —redactado muchos meses después de los hechos— Bouchard omite casi todos los detalles de la terrible situación que devino luego de la aparición de la epidemia de escorbuto a bordo de “La Argentina”. Sin embargo, Píriz en sus memorias, señala con precisión un dato que Bouchard pasa de largo:

“Fué forzoso arribar dos veses a las costas de la isla de Yaví (Java) y de Batavia después de pasado el peligroso estrecho del Sonda porque temíamos que el Escorbuto y otras enfermedades huviesen causado mayores estragos”.

Se trata de tres escalas olvidadas, de las cuales —al menos de dos de ellas— ignoramos hasta el lugar dónde se llevaron a cabo. Llegados a este punto, sólo se puede hipotetizar sobre la base de datos fragmentarios.

Las únicas fechas documentadas que tenemos a mano son dos. Sabemos que entre el 7 y el 18 de noviembre, la expedición permaneció en Isla Peucang (al sur de Java) enterrando a los enfermos y que hacia el 9 de diciembre (es decir, 21 días más tarde) la nave se encontraba detenida por falta de viento en el estrecho de Macassar, entre Borneo y las islas Celebes.

¿Qué pudo ocurrir en esas tres semanas de las que poco y nada se sabe?

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Entramos en un terreno de hipótesis. Siguiendo el comentario de Píriz, planteamos que después del fracaso de isla Peucang, Bouchard ya no iba en demanda de lugares aislados para reestablecer a la tripulación, sino que buscaba con desesperación ciudades que pudieran contar con algún hospital importante, medicamentos específicos y médicos habituados al tratamiento de la enfermedad. El indicio de esta idea lo ofrece la misma elección de Batavia —la tercera escala—, una ciudad con un tráfico naval enorme en la que, de seguro. existiría una larga experiencia en el tratamiento de la llamada “peste de mar”.

¿Cuáles pudieron ser las Escalas 1 y 2? Si —como creemos— el criterio fue buscar puertos importantes, la búsqueda se facilita bastante. Sólo hay dos ciudades relativamente notorias entre la boca norte del estrecho del Sonda y Batavia: una es Lebak Gede (sobre la esquina noroccidental de Java) y la otra Ketapang.

Pero, evidentemente, en ninguna de las dos se encontraron las condiciones buscadas porque la expedición debió continuar a Batavia, donde —finalmente— se consiguieron los primeros resultados positivos.

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¿Por qué suponemos que hubieron resultados positivos? Un comentario de Bouchard referido a los sucesos ocurridos en el estrecho de Mocassar (9 de diciembre) en ocasión del sorpresivo ataque de piratas indonesios a La Argentina, parece indicarlo:

(…) me vi obligado a ponerme a la defenza con las armas de chispa y algunas blancas por no poder hacer uso de mi bateria, tanto por la escases de gente q.e entonces me habia sobrebenido una disenteria a todos los hombres que se habian mejorado del escorbuto.

El olvidado paso por Batavia debió extenderse por entre diez días y dos semanas. No hay constancias de desembarco de los enfermos, ni de internaciones en hospitales locales ni de médicos holandeses a bordo de La Argentina para revisar a los escorbutados. A juzgar por las fechas, las mejoras fueron sumamente rápidas, con lo que es de suponer que se suministraron cítricos en forma intensiva. (Lo cual no significó que las condiciones de higiene de la nave mejoran y que se desatara una nueva epidemia, ahora de disentería).

Fueron días cruciales para la continuidad de la expedición y —paradójicamente— quedaron afuera del relato de los propios cronistas y, más tarde, de los historiadores navales. Como tarea pendiente, queda investigar con las autoridades de los archivos de Jakarta si sobrevivió hasta hoy algún registro sobre la extraña presencia en 1817 de una nave corsaria sudamericana en las costas de Java.

El autor de este texto, Daniel Cichero, es autor de una de las mejores obras escritas sobre el corsario Hipólito Bouchard. El título de dicha obra es “El corsario del Plata”, el cual les recomiendo leer.

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