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La experiencia de viajar con Guido Süller como azafato

De Barcelona a Buenos Aires, 13 horas de vuelo con un aditivo especial: el hermano de Silvia fue nuestro comisario de abordo

La experiencia de viajar con Guido Süller como azafato

Estaba volviendo de Barcelona en el vuelo 1161 de Aerolíneas Argentinas, (sobrevendido, para dar más datos) cuando de repente llego a la puerta de embarque y me encuentro con el comisario de abordo a cargo de nuestro viaje. Su cara me resulta familiar… reviso mi archivo mental y relaciono automáticamente esa cara con los programas de chimentos y con una mujer voluptuosa, figura emblemática de los 90. Era el mismísimo Guido Su (Süller), de impecable uniforme y peinado a la gomina.

Lo primero que pensamos es que era el piloto y temimos por nuestro destino. Hay que animarse a dejar la vida en manos de Guido Süller. Su novio adolescente se vino a mi cabeza y una mezcla de risa y miedo se apoderó de mí y también de mi amiga. Era el broche de oro para unas vacaciones increíbles por Europa.

Cuando subimos al avión, ahí estaba él para recibirnos y ahí entendimos que no era el piloto, si no nuestro comisario de abordo, bah, nuestro azafato estrella . El rumor entre los pasajeros se iba confirmando asiento a asiento: era él. Pero si quedaba algún distraído con el mensaje previo al despegue se evacuaron las dudas. “Bienvenidos al vuelo 1161 de Aerolíneas Argentinas, mi nombre es Guido Süller y en nombre del equipo les deseamos un placentero vuelo”. Instantáneamente estallaron las risas. Pero todavía faltaba lo mejor: la versión en inglés del hombre engominado y lleno de retoques: “Hello, my name is Guido Süller.

Minutos más tarde, con el avión ya en el aire, el comisario estrella se acercó a repartir los papeles de aduana. Dos asientos antes del mío, le entregó el documento a un pasajero que tenía a una mujer a su lado y le dijo: “¿Están juntos, no?” Al unísono y algo nerviosos respondieron que no. Y entre risas, Guido respondió: “Ay, ya los hacía pareja”. En la misma línea, una señora le mencionó sus apariciones mediáticas, a lo que él respondió “¡No, señora! Acá me porto bien”.

Después de eso no lo volvimos a ver porque él se encargaba de primera clase. Obviamente nosotras estábamos del otro lado de la cortina. Su presencia fue motivo de charla entre los pasajeros, que no podían creer que justamente él fuera nuestro comisario de abordo. Los que más sabían de chimentos recordaban que él trabaja de eso pero no sabían que seguía ejerciendo como tal.

Tras oír su increíble saludo en inglés de bienvenida todos esperábamos con ansias el de despedida. Un ligero desliz le hizo indicarnos que estábamos aterrizando en el aeropuerto Jorge Newbery y nos cortó la respiración por instantes. ¿Qué había pasado, no íbamos a Ezeiza? Pero todos confiábamos en la voz del comisario Guido. No se podía haber equivocado hasta que… terminada la frase, remató con un: “Aeropuerto Ministro Pistarini de Ezeiza”. Volvimos a respirar, al son de un concierto de críticas contra el blondo fanático del bisturí.

La experiencia de viajar con Guido Süller como azafato

Pero todavía faltaba el desafío final, necesitábamos pruebas. Para ganar credibilidad teníamos que robarle una foto sin quedar como cholulas. Ahí estaba él en la puerta despidiendo a los pasajeros y nosotras escondidas en los asientos, valiéndonos del zoom de la cámara para registrarlo. No se nos podía escapar. Así terminó nuestro viaje, con Guido Süller en el avión.

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