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La economía comienza a darle buenas noticias a Mauricio

La economía comienza a darle buenas noticias a Mauricio

Cada Presidente tiene su contexto internacional, sus circunstancias y el mundo que lo rodea. Néstor Kirchner tuvo el viento de cola de las materias primas, que se le había negado a Fernando de la Rúa. En su era, Carlos Menem contó con las privatizaciones, las inversiones y el primer mundo. Ahora Mauricio Macri va encontrando el suyo: después de nueve meses donde todo parecía jugar en contra, de repente los planetas comenzaron a alinearse en su favor.

Un poco por mérito propio y otro por la necesaria fortuna que todo Gobierno debe tener, lo importante para el jefe de Estado es que las buenas nuevas comienzan a aparecer en el costado más flaco de su gestión: la economía. Justo cuando la política, el gran sostén de esta administración en su primer semestre, comienza a dar señales de irregularidades.

Así como las malas noticias se acumulan, también las favorables pueden venir todas juntas. Algunas son perceptibles en la superficie: en la misma semana, el Gobierno logró un fallo favorable de la Corte Suprema a uno de los tarifazos (el de la luz) y confirmó que la inflación, su gran debilidad, comenzó a bajar en serio. Otras son más profundas y técnicas: el contexto económico internacional no puede ser más favorable para Macri. A las tasas cero de endeudamiento financiero, se suma el sostenimiento del precio de la soja, el incipiente crecimiento de la economía brasileña y la nueva recuperación china. ¿Qué más se puede pedir? Mejor inclusive que el primer Kirchner, quien no gozó de créditos internacionales a precios de saldo.

La inflación, el gran drama del primer semestre, aparece como domada. No dejó de ser un problema como aventuró Prat Gay (¿es verdad que volvió a renunciar en China?), pero claramente dejó de ser una mala noticia para convertirse en una buena. Si bien es fundamental para el ánimo del mundo económico y también del ciudadano común bajar la barrera del 1% en agosto, la clave pasa por otro lado: lograr que el año cierre por debajo del 40%. Poco importa si esta mejoría mensual es fruto de un juego estadístico -honesto al fin- que descuenta los tarifazos de luz y gas. Si se logra una inflación anual de entre 38 y 40% significa que no habrá nueva ronda de paritarias, porque los acuerdos salariales habrán quedado por debajo en porcentajes recuperables en la futura negociación. Con agosto en -1, la inflación anual está cerca del 44%. Poco importa, por estas horas, que haya cálculos que señalen que la inflación de octubre podría volver al 2% y que el núcleo se ubica en el 1.4-1.5%. No hay tiempo para pensar a más de una semana. Letra chica: cerrar el año con una baja del salario real no es un dato menor, pero como el plan económico macrista no se sostiene en el consumo sino en el ordenamiento de la economía y las inversiones futuras – tesis expuesta el viernes por Roberto Lavagna-, el tema por ahora puede esconderse debajo de la alfombra. Al respecto: hay un campeonato entre consultoras para ver quién tiene el peor dato de caída del consumo en agosto.

El contexto financiero internacional ha mutado la “lluvia de inversiones” a una “lluvia de créditos”, como tan bien lo define el colega Claudio Chiaruttini. El mundo paga hoy 0 o tasa -0. Si la Argentina no tuviera una historia crediticia tan negra, alimentada de defaults y discursos populistas innecesarios como el kirchnerista, con los actuales 451 pbs de riesgo país medidos por el índice del JP Morgan, podría endeudarse alrededor del 5%, como Bolivia. Hizo mucho ruido en el mercado esta semana un eurobono de Ghana colocado al 9.25, por el que obtuvo 750 millones de dólares a 6 años. La agencia Bloomberg explica que el ministro de Finanzas Seth Terkper señalo que “fue muy alto el apetito del mercado por la deuda ghanesa”, al punto que recibieron ofertas por 4.000 millones. La deuda a la que hace referencia Mr. Terkper tuvo un reciente “downgrade” en su calificación y las cuentas fiscales están tan mal que hasta el FMI tuvo que freezar un pago. O sea, el mercado le presta a quien quiera pedir. No importa quien sea, ni como esté. Cualquier parecido con la irresponsabilidad de los acreedores de las épocas de las hipotecas es pura casualidad.

¿Y por casa cómo andamos? Chubut logró colocar un bono por 650 millones de dólares apalacando con regalías al 7,75%; la provincia de Buenos Aires, por 1.250 millones en marzo pasado; Salta, 300 millones al 9,125%; la CABA, Mendoza y Neuquén también emitieron deuda. El caso Chaco impactó (mal): consiguió 250 millones al 9,5% en agosto -post acuerdo con los buitres- y encima trascendió que los fondos se utilizarían para pagar gastos corrientes como los aumentos a los docentes.

Esta “lluvia de créditos” es la que permite que no se dispare el déficit fiscal, más allá del 6,5% que se calcula informalmente si el Gobierno no utilizara la estrategia de contabilizar como ingresos auto prestamos del Estado. Con el nivel de gastos y la caída brutal de la recaudación -como consecuencia del descenso del nivel de actividad, la recesión y la baja del consumo-, para muchos economistas el crédito internacional es para Macri lo que la soja fue Kirchner.

¿A cuánto asciende la emisión total de deuda del Estado en este 2016? De acuerdo a las cifras del Observatorio de la Deuda de la Fundación Germán Abdala, desde enero hasta aquí llega a los 38.159 millones de dólares. En el cálculo se incluye la friolera del pago a los holdouts y las emisiones de las provincias.

Traducción: hasta que la economía se recupere -lo que tendría que pasar a partir del primer trimestre 2017- y comience a crecer en forma sostenida -no sabe cuándo todavía- el crédito internacional sostendrá el modelo macrista. La gradualidad en la aplicación de los tarifazos, y el criterio político que se ha impuesto por encima del fiscalista a la hora de gastar los recursos del Estado, se explican por la facilidad de crédito externo.

El plan del Gobierno es que la lluvia de créditos sea el puente que permita unir la etapa de la transición actual de la economía con el crecimiento y la llegada de inversiones. El hipotético gran momento futuro de la economía local permitirá pagar la gran deuda y evitar caer en el final de fiesta de Menem-De la Rúa.

¿Llegará ese momento? Un hombre que sabe mucho de economía y que tiene dialogo directo con el Presidente le pronosticó el futuro inmediato referenciándose en el pasado: “Desde hace 5 años la economía cae 3% con alta inflación y al año siguiente sube al 2% con baja inflación. Fue la inercia con la que vivieron Cristina y Kicillof. El año que viene será el segundo acto de la misma obra. Tenes que romper este ciclo”.

El viento de cola no se termina en el “crédito fácil”. El Embajador de Brasil en Argentina, Everton Vargas, en el discurso del acto por el 194 aniversario de la independencia brasileña en la representación en Buenos Aires, dijo el miércoles que la economía de su país “va a crecer al 1% con una baja inflación en el 2017”. La recuperación del Brasil es fundamental para la industria argentina: el 46% de las MOI (Manufacturas de Origen Industrial) van a parar a ese país. El sector automotriz y provincias como Córdoba son “brasildependientes”. Que Brasil se recupere es clave porque la permite a la producción industrial local encontrar un mercado que consume, independientemente del argentino.

La visita al G20 le permitió al Presidente enterarse de más novedades internacionales. La primera es que China aumentaría las compras a Argentina. La segunda tiene que ver con la política continental: la ausencia de líderes regionales y la aparición de Macri con un discurso alineado con Washington, obliga a los Estados Unidos a darle un status especial.

La economía comienza a darle buenas noticias a Mauricio

Brasil tiene un gobierno débil y frágil, en Venezuela, Ecuador y Bolivia hay enemigos declarados de los norteamericanos, Michele Bachelet está enredada en cuitas domésticas y la imagen del colombiano Juan Manuel Santos como aliado de Washington está un poco gastada: las novedades son el peruano Pedro Pablo Kuczynski y nuestro Mauricio Macri.

Las relaciones con EE.UU. en general en Argentina son manejadas con más pasión que con razón. Se pasa de una amistad promiscua a una enemistad acérrima. El gobierno a través de Susana Malcorra prometió relaciones maduras. Lamentablemente el cholulismo -hasta fotográfico- de la Casa Rosada con Barack Obama, como si se tratara de Bono, Cristiano Ronaldo o Ricky Martin ha impedido por ahora llevar las relaciones a un plano más profundo de cooperación. El discurso Macri es ideal y perfecto para Washington, no le cuesta nada defender a Michel Temer o condenar a Nicolás Maduro. Hace mucho tiempo que los norteamericanos no tenían en Argentina una voz tan parecida a la de ellos. El desafío de la Casa Rosada es como transformar esta buena onda en cuestiones concretas. ¿Acuerdo con el FMI? ¿Un préstamo del Tesoro? ¿Más créditos del Banco Mundial y del BID? Todo eso, desde ya. Pero las urgencias del gobierno argentino son más terrenales: inversiones norteamericanas para la economía real ya. En eso están. El caso Turner es el leading case: su desembarco en el futbol y Telefe es fruto del apretón de manos de Obama y Macri en Buenos Aires. Por ahora no se firmó nada.

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En el mundo de la política el Gobierno comenzó a exhibir cambios: Juan José Aranguren visitó a todo el mundo para explicarle el nuevo cuadro tarifario del gas; entre ellos, gobernadores, diputados, senadores, expertos, organizaciones de consumidores, etc. La estrategia de humanizar al ministro de Energía mejoró la percepción acerca del nuevo gradualismo en la aplicación de los aumentos, pero cuidado que algunas cosas siguen estando poco claras; por ejemplo, la explicación oficial sobre el famoso precio del gas en boca de pozo. El tema promete monopolizar la incierta audiencia sobre el tarifazo del gas de dentro de dos semanas; a propósito: ¿es verdad que nadie quiere presidir este ágora gasífero, al punto que el candidato natural, el titular del Enargas, David Tezanos, presentó su renuncia para evitar el momento?.

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El Presidente y sus ministros volvieron a la televisión, los diarios y la radio. O sea, los medios tradicionales. La semana que pasó se vio desfilando a ministros por toda la televisión nocturna, desde el mismísimo Marcos Peña hasta el célebre Aranguren. Los tiempos del monopolio de la comunicación oficial en manos de Facebook parecen haber acabado.

Se sigue comentando que Susana Malcorra no tiene intenciones de seguir en Cancillería. La designación de Rogelio Frigerio como el suplente de Marcos Peña es un signo claro. El alejamiento de Malcorra obligaría a lo que el Presidente no quiere hacer: cambiar ministros. Llevado por las circunstancias, no se sabe si sólo se tratará del Ministerio de RR.EE. o si se aprovechará para más novedades: es que los dos candidatos naturales a suceder a Malcorra ya tienen cargos. Son el Jefe de Gabinete y el ministro de Hacienda y Finanzas.

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