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La disputa de las musas (poema propio)

Mientras una sacudía

la cabeza de la otra,

la segunda se encargaba

de patear sus oropeles.

-¡¡¿Que les pasa?!!

les grite algo trastornado.

Y ellas que nunca me vieron enojado,

se asustaron un instante,

pero luego prosiguieron

con la riña ensimismadas.

Hasta que les dije que me iba de casa,

que con gusto las dejaba.

en compañía de la nada.

Y una me dijo:

“¿No ves que estoy celosa?

ahora otra vive aquí,

y la piensas en tu cama,

cuando antes ante mì te persignabas

y querías mi sola caricia ultraterrena”.

Repliquè con cierta sorna:

“No soy dueño de ustedes,

más que ustedes de mi pluma,

así que no dejen revuelto

mi poema,

que yo traigo el pan a casa

sin problemas,

con mi verso en una u otra cultivado;

que de mí ya están preñadas,

como yo lo estoy de todas sus palabras,

y de sus gestos pasados o presentes”.

Fue así que mis dos musas se fundieron,

y en el eclipse de luna se acoplaron.

La disputa de las musas (poema propio)

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