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La actriz que cambió Bellas Artes por la industria porno

La actriz que cambió Bellas Artes por la industria porno


La actriz que cambió Bellas Artes por la industria porno

Hace cuatro meses volvió de Los Ángeles, Estados Unidos, donde, asegura, “me costó encontrar un lugar en la industria del sexo”. Una vez lo logró, trabajó en más de 20 rodajes. Esta experiencia la registró, a manera de crónica, en una conocida revista española. Le gusta escribir y, por eso, se embarcó en un nuevo proyecto que se titula “Manual de psiconaútica” (Lapsus Calami), un libro de relatos cortos que narran imágenes captadas en varios momentos de su cotidianidad y, según ella, reflejan “una suerte de laberinto”.

Amarna Miller (nombre artístico), nació en 1990, en Vallecas, un barrio popular de la capital de España. En 2008 la joven montó una productora de cine triple X llamada Omnia-x, hoy desaparecida.

“ME HE LLEGADO A SENTIR MEJOR CONMIGO MISMA”

La actriz que cambió Bellas Artes por la industria porno

Después de cursar varios semestres en la Universidad Europea en su país, y de no sentirse a gusto con la educación que le ofrecían, cuenta, se trasladó a Nuevo México, Estados Unidos, donde se graduó de la Universidad Europea de Arte y Diseño de Santa Fe como licenciada en Bellas Artes.

Con la fotografía comenzó a experimentar su intimidad, esa de la que habla abiertamente, sin tabú.

– ¿Qué le aporta su trabajo?

– Gracias a la industria del sexo he conseguido abrir mis horizontes sexuales y muchas cosas que en un principio pensé que no me gustaban, pero que hoy me causan placer. Por otra parte, me he llegado a sentir mejor conmigo misma. Hace unos años era una chica con muchos complejos, y el hecho de estar delante de las cámaras me ha ayudado a tener una imagen realista de mí misma.

– ¿Por qué decidió dedicarse a esta industria tan joven?

— los 19 años no me planteé la pregunta, era simplemente un hobby. Siempre he sido una persona con la libido muy alta, muy sexual, y me gustaba mucho experimentar. Aparte, ya había estado trabajando como modelo artística y me sentía cómoda delante de las cámaras. Hacer porno era un paso más, pero como no me gustó el trabajo que me ofrecieron en España, monté mi propia productora.

– ¿No cree que apoyar esos cánones de belleza, en ocasiones, se pueden interpretar como una esclavitud?

– No soy buen ejemplo, porque de hecho no cumplo los cánones de nada. Soy una persona que ha llevado el pelo verde durante no sé cuántos años y que antes estaba cubierta de “piercing”. Así que no me considero la típica chica que le pone muchísima atención a su imagen, que siempre lleva las uñas arregladas y está depilada. Soy una mujer muy natural y voy según me apetece. Desde que me dedico a este trabajo he decidido mantener mi imagen estándar y llevar el pelo rojo, pero básicamente porque la gente tiene que acordarse de tu cara.

– Sé que tiene proyectos en los que confluyen el arte y la pornografía, ¿de qué se tratan?

Mi tesis de carrera en la universidad trazaba las relaciones entre cinematografía, arte y pornografía, que en un principio se establecen como elementos separados. Pero he comprobado que todo lo que tiene que ver con creatividad en el campo artístico puede entremezclarse. Es cuestión de combinar géneros y, como la pornografía es otro género dentro de la cinematografía, lo que hay que hacer es romper las barreras mentales

La actriz que cambió Bellas Artes por la industria porno

– ¿Cuál es su relación con la literatura?

Me influyó toda la literatura de la Generación Beat, la de los años cincuenta. Lo que fue William Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg, pero no solamente sus obras, sino ellos mismos, su día a día. Uno de los libros que más me marcó cuando era pequeña fue “En el camino” de Jack Kerouac. Son historias de él en una América de la depresión, totalmente caótica, llena de drogas, de alcohol, muy bohemio y a la vez muy destructivo. Cuenta, además, cómo un grupo de amigos van sobreviviendo a las tesituras del destino dentro de un mundo que les es adverso.

– ¿Algún libro que haya leído en los últimos meses?

“Erotismo de autoayuda”, de Eva Illouz. Es un ensayo que explica por qué una novela como “Cincuenta sombras de Grey”, repleta de fórmulas y lugares comunes, ha tenido tanto éxito.

–¿Por qué?

– La autora hace una comparación sociológica entre las relaciones interpersonales del mundo actual y las que se presentan en la novela. Básicamente establece que dentro de esa novela erótica existen unos roles de género muy marcados: el de la independencia de la mujer en la vida pública y el de la sumisión en la vida sexual, que existen también en la realidad. Y esa resonancia que causa el libro en las estructuras sociales se debe a una afirmación del yo moderno.

— ¿Cree que este tipo de planteamientos son fieles a la realidad?

– De hecho creo que el éxito de la novela se da porque presenta un modelo real del que prácticamente nadie habla. Creo que la sociedad sigue siendo muy patriarcal y machista, especialmente en lo que tiene que ver con la educación, porque desde pequeños se nos plantean unos roles de género muy marcados. Y estos roles nos están bloqueando en lo social y sexual.

–¿Cómo hizo para romper con esos roles de los que habla? ¿Sus padres la educaron de otra manera?

– En cuanto a la sexualidad tuve un gran vacío porque vivía prácticamente todo el tiempo en mi casa, desde que fui muy pequeña hasta que estuve relativamente mayor. Nadie me habló de educación sexual y los únicos conocimientos que tuve fueron a través de lo poco que enseñaban en el colegio y lo que hablaban los compañeros de clase. Esto es un problema porque le sigue pasando a muchos niños hoy en día. La cuestión es que la ausencia de información en cierto sentido fue favorable, porque al no tener estímulos que me llevasen de un lado o del otro, pude desarrollar mi bisexualidad de una forma que considero muy pura, sin normas morales.

– ¿Alguna vez comentó a sus padres esto?

–No lo preguntaba porque cuando era pequeña y mis padres y yo no teníamos una relación cercana. Entonces no hablaba con ellos de cosas muy íntimas, ni de sentimientos. Más bien de cosas fácticas, por ejemplo de lo que me pasaba a diario en el colegio. Me lo guardé para durante mucho tiempo, hasta que sentí que lo podía hablar con alguien.

– Cuando lo exteriorizó, ¿tuvo algún tipo de choque con su entorno?

– Cuando llegué a cierto punto de mi vida me di cuenta que eso no era lo normal. Por un lado estuvo bien, pero por el otro no, porque acabas buscando patrones de comportamiento en la industria X o en situaciones fantasiosas, lo cual también puede ser peligroso.

La actriz que cambió Bellas Artes por la industria porno

– ¿Y lo fue?

– En mi caso no. Siempre he sido una persona muy abierta de mente, con pensamientos aperturistas y bastante fuera de la “normatividad”. Eso no quiere decir que haya sido fácil encontrarme con la realidad, porque cuando te das cuenta de que el mundo no funciona así, y que la gente te critica si quieres tener una relación abierta, por ejemplo, te planteas si a lo mejor eres tú la que lo está haciendo mal. Pero claro, una vez te vas haciendo mayor, y te parece que tus ideales son firmes, te deja de importar lo que piensen los demás. Claro, necesitas tiempo.

– ¿Qué tan valorados son los actores que se dedican a su profesión?

– Hay muy pocas leyes que establecen la seguridad de los trabajadores sexuales porque los gobiernos no quieren legalizarlo, pues significaría aceptar la prostitución, cosa que moralmente no está bien vista. Nuestras condiciones laborales son penosas, denigrantes, porque las compañías pueden hacer prácticamente lo que quieran y no tenemos nada con qué defendernos, ni acciones legales, ni sindicatos, ni grupos de apoyo.

– ¿En qué consiste lo que se denomina “porno feminista”?

– Erika Lust plantea una visión igualitaria del porno. Tanto chicos como chicas cumplen el mismo papel. Hay escenas en las que giran alrededor del placer del hombre y otras en torno al de la mujer.

– ¿Qué pensaría una feminista frente a este tipo de propuestas?

– Las feministas están contentas. Erika es una abanderada de este planteamiento y ha obtenido varios reconocimientos. Además no hay forma más feminista que hacer lo que te apetece con tu cuerpo. Entonces, si alguien es feminista y piensa que está mal que una mujer haga pornografía tendría que revisar sus valores.

– Pero si hablamos de las actrices que solamente lo hacen por dinero…

– Hay una gran cantidad de chicas que están en la industria por dinero, lógicamente. Pero me parece un opción valida.

– ¿Por qué lo hace usted?

– Porque me hace feliz.

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