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Israel es incapaz de decir la verdad sobre el agua que roba

Los portavoces israelíes tienen tres respuestas listas para usar cuando responden a preguntas sobre la escasez de agua en las ciudades palestinas de Cisjordania que destacan crudamente en comparación con la suficiencia hidrológica de los asentamientos: 1) El sistema de agua palestina es viejo, por lo que sufre de pérdida de agua; 2) los palestinos se roban el agua entre ellos, y de los israelíes; y 3) en general, Israel, en su gran generosidad, duplicó la cantidad de agua que suministra a los palestinos, en comparación con lo que se pidió en los Acuerdos de Oslo.

“Suministros”, escribirán los portavoces en sus respuestas. Ellos nunca dirán que Israel vende a los palestinos 64 millones de metros cúbicos de agua al año en lugar de los 31 millones de metros cúbicos acordados en los Acuerdos de Oslo. Acuerdos que se firmaron en 1994, y que se supone llegarían a su fin en 1999. No dirán que Israel vende a los palestinos el agua que les robó primero.

Bravo por la demagogia. Bravo por la octava parte de la verdad en la respuesta. El agua es el único tema en el que Israel (todavía) tiene dificultades para defender su política discriminatoria, opresiva y destructiva con pretextos de seguridad y de Dios. Es por eso que debe difuminar y distorsionar este hecho básico: Israel controla las fuentes de agua. Y al tener el control, impone una cuota sobre la cantidad de agua que se les permite a los palestinos extraer y consumir. En promedio, los palestinos consumen 73 litros por persona por día. Por debajo del mínimo recomendado. Los israelíes consumen unos 180 litros diarios en promedio, y hay quienes dicen que aún más. Y aquí, a diferencia de allí, no encontrará miles de personas que consumen 20 litros al día. En el verano.

Es cierto, algunos palestinos roban agua. Agricultores desesperados, defraudadores comunes. Si no fuera por la escasez de agua, no sucedería. Una gran parte de los robos ocurren en la zona C, bajo control israelí. Así que, por favor, deje que las FDI y la policía encuentren a todos los delincuentes. Pero justificar la crisis con los robos es un engaño.

Con los Acuerdos de Oslo, Israel impuso una división escandalosa, racista, arrogante y brutal de las fuentes de agua en Cisjordania: el 80 por ciento para los israelíes (en ambos lados de la Línea Verde), y el 20 por ciento para los palestinos (de pozos perforados antes de 1967; de la compañía de aguas Mekoror; de los futuros pozos, que se perforaría en la cuenca oriental del acuífero de la montaña; de los pozos agrícolas y manantiales. Muchas fuentes, por cierto, se secaron a causa de las excavaciones profundas de Israel o porque los colonos tomaron el control. Las formas de robo no tienen límites.

El veinte por ciento es realmente bueno, porque ahora los palestinos de Cisjordania tienen acceso solamente a alrededor del 14 por ciento del agua del acuífero de la montaña. Razones técnicas, irregularidades y errores humanos, y la insufrible burocracia arrasadora de Israel, cuyo objetivo es retrasar todo el desarrollo de la infraestructura de agua palestina y la mejora de lo que ya existe; dificultades inesperadas en la producción de agua de los pozos en los lugares permitidos, pozos antiguos que se han secado o cuyo caudal ha caído y que Israel no permitirá que sea sustituido por pozos perforados recientemente. Todo esto explica cómo hemos llegado a un 14 por ciento en lugar de lo que se firmó en Oslo, y por qué Israel vende a los palestinos más agua de lo que se ha comprometido a proporcionar. Después de todo, se la ha dejado con más agua a sacar a partir de este recurso natural, el cual, de acuerdo con el derecho internacional, le es prohibido a un país ocupante su uso para los fines de abastecer a su población civil.

Por supuesto que durante el verano, el problema se agrava. Sube la temperatura y la demanda de agua de los palestinos aumenta, no sólo la de los colonos. Así es que en el distrito de Salfit y al este de Nablus, Mekorot reduce la cantidad de agua que se vende a los palestinos. Los voceros no lo dirán de esta manera. Ellos hablarán de “regulación”, también dirán que en los asentamientos “también hay quejas sobre la escasez de agua” (parece que me perdí el informe de Arutz 7 al respecto).

Pero en Farkha, Salfit y Deir al-Hatab la gente describe, al borde de las lágrimas, lo humillante que es vivir durante semanas sin agua corriente. Y ni siquiera hemos hablado de las docenas de comunidades palestinas a ambos lados de la Línea Verde a las que Israel, una luz para las naciones, se niega a permitirles conectarse a la infraestructura de agua.

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