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Invierno (poema propio)

Necesito las olas del mar chocando mis piernas,

necesito que el sol deje de quemar,

necesito que las estrellas vuelvan a brillar.

¿Es que acaso no ves, niño ciego?

¿Es que acaso no sientes, pequeño misántropo?

Los días pasan,

y las noches son cortas.

¿Cómo puedes alcanzar sirenas,

si solo miras tiburones?

Las voces suenan lejanas,

a pesar de que grites en mi oído

y los colores están apagados

a pesar de que usas un lienzo blanco.

¿Qué pasó, pequeña flor?

¿Qué pasó ayer?

Porque tu tallo se encorva cada vez más

y tus pétalos están marchitos.

¡Probablemente ni llegues al verano, pequeña flor!

Cuídate del frío.

Estoy contigo, pero

¿estas acaso tu conmigo?

Te acaricio en la lejanía, mas

¿sientes si quiera mi tacto?

Y, si robase tu oreja,

certeza tengo de que me oirías más que ahora.

Sé que te escondes de mí, pequeña,

me lo dijo el sol,

sé que guardas tus espinas,

bajo dolor y sedas finas.

¿No te das cuenta?

El frío no sólo heló tus frutos,

¡está helando tu alma!

Y sé que es difícil caminar sólo en éste mundo ominoso,

y sé que duele la primavera

cuando en tu jardín es aun invierno.

Por eso no debes preocuparte,

porque veo en ti lo que los demás no ven

y sonrío a las mismas estrellas

esperando a que ellas lo hagan de vuelta.

Ven conmigo, dulce flor,

¡abandona la tierra ya!

Volemos juntos hacia la luna

y fundámonos en el mar.

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