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Insultos que gente no entiende

Estos son unos insultos, insultenme vamos >:v

Berzotas. Sujeto alocado, escandaloso y poco serio; chisgarabís y bocazas con ribetes de chulo; berzas. Es uso figurado de la acepción principal del término: col grande, del latín viridia = verdura; término en uso desde el siglo XII. Como sinónimo de ignorante o necio pudo haberse dicho del refrán del siglo XVI: ‘Vos a las berzas, y yo a la carne’, porque el berzas consiente en tomar la peor parte y deja a otro la mejor, por lo que se dijo hacer el berzas a consentir el hombre en el adulterio de la mujer, siendo así voz intercambiable con cabrón. A connotar de ofensivo el término debió contribuir también la fama de gente ruin y zafia que tuvieron las berceras, mujeronas del pueblo bajo que competían de forma airada en los puestos, y se ponían de chupa de dómine en los cajones de los mercados. Es variante masculina de la verdulera, y forma parte de frases en las que el individuo aludido peca de tonto:’mezclar berzas con capachos’o traer a cuento cosas inconexas haciéndose un lío y formando el batiburrillo.’ Cuando no es por berzas, es por hilo negro’, dice el refranero dando a entender la insistencia machacona del tonto que pregunta cosas fuera de lugar. Con el valor semántico de bobo, sujeto crédulo y simplón, se empleó el término en el XVIII relacionado con la expresión rural ‘estar en berza’, con que se alude a los sembrados tiernos o en cierne, y en sentido figurado se dijo que está en berza el individuo que requiere experiencia. Asimismo se dice del novato, de quien está berza. Los madrileños zaherían a Murat, representante de Napoleón en Madrid cuando la francesada, dándole el nombre de el Berzas, corrupción del título de este personaje: Gran Duque de Berg. Referido a quien carece de habilidad en su oficio,o está empezando, se dijo antaño: está picando la berza. Hay quien nos sugiere que de barzonear, berzonear = rehuir el trabajo, gandulear, derivó berzotas, pero en nuestra opinión el término tiene que ver con el cruce de berza y berzoque, término con el que familiarmente se nombra al diablo, conclusión a la que

hemos llegado por haber escuchado en Teruel (1970) ‘Eres más malo que el demonio berzotes’.

Cantamañanas. Sujeto irresponsable mezcla de don nadie y zascandil que llevado de su inconsciencia se compromete a cosas que es incapaz de realizar. En la villa alicantina de Monforte del Cid: persona que no merece crédito, y en la cercana Aspe: ‘sabijondo e irresponsable’. En lugares de Toledo: persona de poco seso, y en la villa albaceteña de La Roda y su partido: sujeto irrecuperable para el trabajo.En la villa burgalesa de Tardajos y otras de ese contorno llaman así a quien no merece crédito, tipejo resabiado de quien no es inteligente fiarse. Es voz de creación caprichosa, aunque debe reseñarse que durante los siglos áureos se usó el adverbio mañana para mostrar disentimiento, desacuerdo o expresar la contrariedad que alguna cosa produce, de modo que cuando a uno se le pedía hacer lo que no quería, respondía:

Mañana harélo, a lo que se le replicaba:ya cantó mañana, que es tanto como decir que no lo quiere hacer, ni lo hará. Otra explicación estriba en la expresión cantarlas claras, que denota atrevimiento y descaro por parte de quien habla, variante de cantar a alguien las cuarenta.Ambos usos están documentados y pudieron entrecruzarse en el semantismo de claras del día = amanecer, y claras con el significado de lisas y llanas.Así, el cantamañanas es individuo no exento de osadía, pero inane o vacío de conocimiento, que canta ya de mañana porque está a verlas venir. A la persona informal que no cumple palabra ni es serio llaman también cantanoches, sucedáneo léxico de cantamañanas, de formación posterior. Juan García Hortelano en El gran momento de Mary Tribune (1972) dice: Dándose la madre por mentada, Carlitos llamó bestia a Ramón y entró al despacho, para salir, a paso de carga, embutiéndose la chaqueta, cuando Ramón, contradiciendo a Satur, negaba que fuese Carlitos un susceptible, que Carlitos era, sencillamente, un cantamañanas.

Catacaldos. En puntos de Toledo: irresponsable que se mete en asuntos de los que no puede salir airoso; persona irreflexiva que emprende muchas cosas y no se centra en ninguna, que abarca mucho y aprieta poco. Es voz expresiva de la actividad de estos individuos inconscientes, que todo lo prueban y a todo se comprometen a sabiendas de que carecen de capacidad para rematarlo. También se dice de las personas fisgonas, catasalsas, cataguisados. Pérez Galdós dice en Bodas reales (1900): El marido de Doña Isabel os dirá:’El liberalismo que yo traiga, que me lo claven en la frente…’. ¡Ja, ja!… ¡Apañados están los catacaldos del Progreso! Ayer conspirabais como topos, y hoy como gallos cantáis en el montón de basura más alto del gallinero… Pero no os hacen caso… saben del pie de que cojeáis.

Chisgarabís. Persona inquieta y de nula entidad social que va de un sitio para otro sin cometido claro. En Andalucía, donde parece que surgió el término, se alude con él a quien es culo de mal asiento, entremetido, bullicioso y malas trazas; llaman también así en Castilla al zascandil y mequetrefe. El madrileño Francisco de Quevedo da este sentido al vocablo en La visita de los chistes: Tenía dos hijos que, como digo, eran pintiparados y no le quitaban pizca al padre. El uno de ellos era la piel del diablo, el otro un chisgaravís.

En 1601 el médico cordobés Francisco del Rosal registra la voz chisgarabís en su Origen y etimología de todos los vocablos. José Castro y Serrano dice en sus Cartas trascendentales: Un chisgarabís sin oficio y sin fortuna arranca brutalmente del seno de sus padres a una pobre muchacha enloquecida. Parece voz de creación expresiva, de uso no anterior al XVI.

Descocado. En general llamamos descocada a la mujer atrevida y ligera de cascos que muestra excesiva libertad y desenvoltura y es capaz de insinuarse al hombre, o de hacer avances por su cuenta provocando al varón; desvergonzada. En la Ribera de Navarra se predica del hombre irreflexivo o alocado que no piensa las cosas. Celedonio Flores escribe (1982):

Si tu vieja, la finada, levantara la cabeza

desde el fondo del cajón y te viera en esa mano,

tan audaza y descocada, se moría nuevamente

de dolor e indignación.

Se dice asimismo de la mujer coqueta a quien no importa mostrarse aligerada de ropa o hablar con libertad de cosas inconvenientes expresándose con desahogo y desvergöenza. Baltasar Gracián advierte mediado el XVIII que en Madrid:’las calles hierven de mujeres tan descocadas cuan escotadas’. El madrileño Agustín Moreto de mediados del XVII pone en boca de una dama:

Que la poca cortesía

hable con ese descoco no me espanta,

porque un loco

es necio de fantasía.

Creen muchos que procede del uso figurado del término coca: cabeza, que a finales del siglo XV ya era vocablo afín a coco, por lo que descocarse es tanto como descabezarse o perder la cabeza. Como también se dijo coco a cada una de las partes en que una mujer dispone su cabello, descocarse equivaldría a soltarse una mujer el pelo,y en sentido figurado: desmadrarse, dejar de guardar la compostura y reflexión que a su sexo conviene. Ricardo Palma escribe, en Tradiciones peruanas (1875):

El cantor llevaba trazas de esperar a que

despuntase el alba para poner punto a

las ponderaciones y extremos de su

amor; pero vino a aguar la fiesta el ruido

estridente de un bofetón y una voz

catarrienta que decía:

-¿Te gustan villancicos, descocada?

Pues sábete que rondador que te requiera

de amores ha de entrar por la

puerta sin escandalizar el barrio. ¡Charquito

de agua, no serás brazo de mar!

Gazmoño. Hipócrita, criatura que finge devoción mostrándose ante los ojos de todos como piadoso, no siéndolo; mojigato que afecta escrúpulos y casos de conciencia no dándosele en su fuero interno nada de todo ello; que finge virtudes de las que carece. En puntos de Cáceres: persona inapetente, que selecciona de manera exagerada lo que come. El religioso y escritor mejicano Juan Martínez de la Parra emplea así el término en Luz de verdades (1691): ‘¡Miren -dicen- el gazmoño; miren la embustera…! ¿Para qué tanto confesarse y luego…’.Ya a finales del XVIII Leandro Fernández de Moratín escribe:’¡Qué poco me gustan

a mí las mujeres gazmoñas y zalameras!’.

Escribe Corominas: Parece derivado de gazmiar: quitar y andar comiendo golosinas, quejarse y resentirse, que junto con gazmio ‘rufián’, ‘amante’, procede de cadmia ‘residuos de óxido de cinc que quedan pegados a las paredes de los altos hornos’: de ahí ‘el que se fija en minucias’,’escrupuloso’, y por otra parte ‘el que hace escrúpulos de las comidas’.

El diccionario oficial mantiene como origen etimológico la voz vasca gazmuña, a pesar de que Corominas demostró que se trata de un invento lingöístico de Manuel de Larramendi en

su Diccionario trilingöe del castellano, bascuence y latín (1745) lleno de confusiones e incluso de voces que no existen ni existieron sino en la mente fantástica de este jesuita de Andoain.

Julay. Primo, pringa(d)o, julandras involucrada en asuntos turbios sin su consentimiento o conocimiento pleno. Imbécil que carga con culpas por fiarse en exceso de quien no debe;que se ‘come marrones’ ajenos y pecha culpas sin motivo. También se dice del homosexual pasivo, maricón paciente o puto, sobre todo en la forma ‘julandrón’, probable aumentativo de julay. Es insulto que a ofensa une desprecio grande, utilizado generalmente en medios marginales. En La Rioja dicen juliparda al mozo taimado; granuja, pillo. En Cádiz llaman julay o julandrón al sinvergöenza y pícaro. Aunque de difícil comprobación filológica podría derivar de julo: animal que va delante en la recua, generalmente un mulo o un asno grande del que julandrón sería aumentativo-despectivo,con cuyo valor se empleaba a finales del XV. En puntos de la Ribera de Navarra llaman julais a los gitanos, seguramente porque era palabra frecuente en la boca de esas criaturas. Puede ser voz gitana: julay = amo, mesonero, aunque su valor semántico no se aviene con el significado real del término caló, si bien hay que tener in mente la reputación y mala prensa de quienes regentaban esos establecimientos. No es descartable, como decíamos, su derivación del vocablo antiguo julo con cierta sexualización del sentido: fulano que es montado por detrás, arbitrariedad ocasionada por la fuerza de la rima en ‘-ulo’. De hecho, el término se emplea con ese valor a finales del siglo XV. No obstante lo dicho, el término exige otras explicaciones etimológicas.

Lameculos. Pocos compuestos tan ofensivos como éste, ya que con tan soez y baja práctica se denuncia al adulador impenitente y servil. También se dijo ‘lacayo lacayuno’: mozo de espuelas en exceso servil, que se ponía a cuatro patas para que lo utilizara el señor de banqueta para subir más fácilmente al caballo o al carruaje. En la comarca leonesa de Ancares al lameculos llaman lambecús: del sintagma leonés ‘lambe cu’. En puntos de Alicante: tiralevitas. En Murcia, Cádiz y Málaga: pelota. José Donoso, en El obsceno pájaro de la noche (1970), escribe: ¿Qué me exigía esa figura apocalíptica que llenaba la Casa? En la noche no me dejaba en paz en las galerías, gritándome insultos, cobarde, lameculos, apollerado, vendido, arrastrando todo su séquito revolucionario que recitaba las letanías de las tragedias del mundo

Leño. Familiarmente, se dice de la persona necia y torpe, de poco talento y

ninguna habilidad; zoquete, tarugo. Covarrubias (1611) corrobora esta acepción, en su Tesoro: ‘Al que tiene poca habilidad y discurso dezimos ser un leño’.Y antes que él, Juan Rufo, en Las seiscientas apotegmas (1596) describe así a estos zoquetes: Los necios se reducen a tres géneros: los unos son verdaderamente leños, porque discurren poco y hablan menos.

Del latín lignum = trozo de árbol cortado, o tronco sin desbastar. De esta condición ruda y no tratada, o trozo de la madera sin pulir, derivó la acepción figurada de persona no cultivada, o bruto sin desbastar.

Marisabidilla. Mujer que se da aires de intelectual y adopta actitudes de sabio; especie de culta latiniparla presumida que afecta sabiduría y conocimientos grandes. El madrileño Leandro Fernández de Moratín emplea el término a principios del XIX:

¡Que por fuerza he de ser doctora y

marisabidilla,y que he de aprender la

gramática, y que he de hacer coplas!

¿Para qué?

Francisco de Quevedo usa el término junto con el de marirrabadilla.Hoy es de uso raro, aunque se oye entre gente mayor referido a muchachas adolescentes que ya quieren sacar los pies del plato y expresarse.

Mercachifle. Despectivamente se dice del buhonero o vendedor callejero de mercancías sin importancia. Por extensión: merodeador y trotamundos de quien no conviene fiar. En puntos de Valencia: persona muy informal. Del latín merx = mercancía + sufijo despectivo /-ife, ifle/ habitualmente utilizado para nombres de trabajos bajos: matarife, alarife. Pudo también producirse cruce con chifla: silbato, menudencia, burla, por ser estos vendedores ambulantes gente de escaso negocio,o dedicarse a mercancías ridículas. Es voz de uso no anterior a finales del XVII. El diccionario oficial la registra en su edición de 1726.

Pitiminí. A quien es extremadamente delicado, flojo de cuerpo y ánimo, y al alfeñique llamamos de esta manera; también al hombre para poco o de poco más o menos; hombrín, como dicen los asturianos, a quien se lleva un soplo de aire; sujeto atildado y compuesto a pesar de su escasa enjundia, con lo que es más evidente lo insignificante de su entidad, lo escaso de su presencia. En la Ribera de Navarra: persona melindrosa, afectada y ñoña. En Málaga: sujeto un tanto afeminado. En su novela costumbrista Las águilas (1911), el sevillano José López Pinillos escribe:’Responde, guasón. Di si eres un macho o un mosito de pitiminí que ar primér tropieso se asusta’. Se alude al rosal de pitiminí, especie trepadora que echa rosas muy pequeñas, rizadas, pulidas, delicadas y de difícil cuidado. Benito Pérez Galdós emplea así el término en su Episodio, de El 19 de marzo y el 2 de mayo (1873):

-Canallas; ¿para qué os ponéis bragas si tenéis almas de pitiminí?

-Mujer -dijo Chinitas cargando su escopeta- quítate de en medio. Las mujeres aquí no sirven más que de estorbo.

-Cobardón, calzonazos, corazón de albondiguilla-dijo la Primorosa pugnando por arrancar el arma a su marido.

Del francés petit = pequeño y menu = menudo, de donde procede la expresión adverbial de pitiminí dicha de aquello que carece de importancia, o la tiene muy escasa.

Zascandil. Hombre enredador y entrometido; persona capaz de prometer lo

que no puede cumplir. Dícese también del pícaro que se mete donde no lo llaman. En cuanto a su uso, se emplea desde principios del siglo XVII.En el Cuento de cuentos de Francisco de Quevedo se lee:’¿No más llegar y zas, candil? A osadas que lo entiendo todo’.

El Diccionario de Autoridades (1726) lo define así: Hombre astuto, engañador, y zascandil que anda de una parte a otra, por lo regular estafando.Hombre de baxa esphera, y que se pretende autorizar entremetiéndose y ofreciendo lo que no puede executar.

Bartolomé José Gallardo en Zapatazo a zapatilla y a su falso buscapié (1851) hace este uso del calificativo: Pero… miente el bellaco, i remiente el bellacuelo que tál le haze dezir; porque yo con tal zascandil jamás atravesé palabra ni media, cuanto mas cruzarse carta mía con carta suya en ningún jénero de correspondenzia: i conociendo- le sólo de leyendas i oídas, i por sus pocas obras i malas, le reconozco por un solemne enredador; i yo soi enemigo jurado de chismes i de chismosos, de falsarios i falsedades.

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