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Insania

El chirrido de las ventanas me saco del sueño, las finas cortinas de lino ahora volaban libres. El viento frio de julio inundaba la habitación, oí el susurro de su voz hablándome, ¿Por qué? ¿Por qué me dejaste? Su hablar llego como un suave brisa a mi oído, Tamara, Tamara grite más fuerte, mirando a mi alrededor sin respuestas, la luz de la luna iluminaba la habitación, una tenue y fría luz, esa que me acompaño tantas noches, la helada tempestad entraba por la ventana, todavía fundía mi cuerpo la oscuridad y al gélido pesar, a mi alrededor no encontré mas amparo que los muebles de una casa vacía, todo parecía bailar un compas extraño, ¿Tamara estas? El dolor de su partida fue sublime, hace mucho tiempo que no siento, hace demasiado que soy un muerto en vida, gimiendo con lagrimas en los ojos, balbucee, vos me dejaste, se volvió a sentir la misma voz espectral, pero esta vez mas fuerte, lo que hacía que el tiempo parara cada vez que retumbaba en las paredes, yo no te deje, grite, lo que paso fue decisión tuya, la voz se volvió a oír.

– Yo caí de ese balcón, vos me dejaste caer.

Mi mente me está jugando una mala pasada pensé, corrí al balcón, agarraba mi cabeza como si fuera a explotar y mis movimientos eran violentos unos tras otros, adelante y atrás de mi cabello, Tamaraaa, tamaraaa, grite a los cuatro vientos, aaaaaaaaaaaa, por dios que está pasando, que es lo que pasa, al girar la vi, ella, la mujer de mis sueños, que tanto tiempo compartió lecho conmigo, ahora de blanco como en nuestra boda, todo su vestido roído por el tiempo, yo te enterré Tamara, esto no puede ser,

-Vos enterraste un cuerpo sin vida, acá hay un cuerpo sin muerte, yo estoy aquí para que veas tu egoísmo, tu miseria, esa que creaste vos y nadie más

No hay miseria en el amor Tamara, a pesar del miedo quise abrazarla pero la que alguna vez fue, no la que se me presentaba en un estado de tal putrefacción, al correr contra ella desapareció, todo se nublo, y yo desperté otra vez en la cama, todo había sido un sueño, un muy mal sueño, me incorpore todavía temblando, vi el balcón, la ventana estaba abierta, me asome para calmar mi ansiedad, volví a observar desde el balcón, la nieve todavía se juntaba en el piso de abajo, cuando sentí una mano helada, la cual parecía echa de puro hueso sin piel, sin carne, sin vida, caí por el segundo piso, tal y como lo hizo mi amada. Sin antes escuchar, “El precio de jugar con fuego es que te paguen con la misma moneda, en esta vida o en la otra, sufrirás las consecuencias de las acciones más viles que cometiste, no importa que fueran por insania o locura, lo que creíste verdadero fue falso, y lo que creíste imposible fue lo que hiciste, ahora sufrí lo que yo sufrí y repite el ciclo una y otra vez, este es tu infierno personal, por hoy y por el resto de la eternidad.” El chirrido de las ventanas me saco del sueño oí el susurro de su voz hablándome…

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