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Hoy yo marcho, pero…

Hoy todos se rajan las vestiduras por la violencia de género, pero seguimos atendiendo los flagelos sociales con ostentosas declamaciones y sin políticas concretas.

No comulgo con esto de la violencia de género, no bendigo la victimización de la mujer ni acepto ningún ranking de violencia. La violencia es violencia, acá y en la China.

Hoy, la violencia es una e inaceptable, en cualquiera de sus formas, y casi todas comparten los mismos diagnósticos. En especial la violencia intra familiar.

Por otro lado, hoy, las estadísticas demuestran que la diferenciación de la Violencia de Género no ha servido para nada, sino, por el contrario, esconde el origen del problema y, en algunos casos, hasta promueve la injusticia y más violencia.

O sea, el trato diferencial de la violencia por ser las víctimas mujeres no brinda ninguna ventaja cierta, pues el origen es transversal a la familia o al ámbito donde se desarrolle y, por lo tanto, así debe ser abordado.

También debo agregar que creo que esta moda, impulsada desde el Estado y tan bien acogida por la sociedad, contribuye a desfigurar el problema y, así, evitar atenderlo. Tal es así que, hoy, el mismo Estado, quien es qquien debería brindar sus soluciones, se suma a la marcha a la marcha a protestar.

Por todo esto, hoy, yo marcho junto a esta nueva movida de la Violencia de Género, pero no puedo dejar de diferenciarme y, teniendo la posibilidad de expresare, dejar claro estas delicadas cuestiones.

Hoy, yo marcho porque es necesario expresar la falta de políticas y el abandono de las víctimas de la violencia, sean estas mujeres u hombres, sean niñas o niños, sean abuelas o abuelos, sea violencia física o sicológica.

Y marcho para exigir un Estado presente y activo trabajando en serio en el diseño y aplicación de políticas contra la violencia en general, y, también, por una sociedad que no caiga en las trampas, propias y del Estado, para esquivar el problema o sepultarlo en meras declamaciones.

Este problema no se resuelve con emotivas peregrinaciones, se resuelve con un compromiso concreto y una militancia constante de todos para forzar a los responsables de la solución a torcer el timón hacia las soluciones ciertas, concretas y sustentables.

Hoy, la violencia, en todas sus manifestaciones, está presente en todos lados, y no discrimina a nadie, y si no se la ataca, seguiremos marchando tan emotiva como inútilmente. Tal es así que, desde la última marcha en 2015, hubo casi 300 homicidios de mujeres, esos que ahora califican como femicidios.

Norman Robson para Gualeguay21

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