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Hourcade: “Estaba harto de la derrota digna”

Hourcade: “Estaba harto de la derrota digna”

Hourcade:

“El Huevo”, que aseguró que sigue dos años más en Los Pumas, reivindicó lo hecho por el seleccionado en el Mundial de Inglaterra. “Fuimos de frente y tomamos riesgos”.

“Por lo general, cuando estoy en Tucumán no me muevo de acá, pero fui al centro porque tenía que hacer unos trámites. En un momento, un taxista me ve, se baja y me da un abrazo. La gente miraba y yo me moría de la vergüenza”, cuenta Daniel Hourcade repantigado en el patio trasero de su casa, su lugar favorito en el mundo. Allí puede abstraerse de todo y volver a ser un tipo como cualquiera, que disfruta de la compañía de su mujer y de sus perros, que se engancha con series policiales en Netflix y que se reúne con amigos y familiares en el quincho del fondo. Sin embargo, las vibraciones de su celular se encargan de recordarle que él es cabeza del seleccionado argentino mayor de rugby, Los Pumas, al que posicionó entre los cuatro mejores del Mundial de Inglaterra y con él se ganó el reconocimiento de todos. Incluso en su provincia, donde sólo era conocido por “los del palo”.

– ¿Cuesta despegarse del Mundial y volver a ser Daniel?



– Para nada. Cuando volvimos empezamos a dimensionar el efecto que se había causado, porque allá estábamos tan enfocados en nuestro trabajo que no nos dábamos cuenta. Y eso que por las redes sociales nos llegaban muchísimos mensajes, tantos que era imposible contestarles a todos. Pero sí, me sorprendieron cosas como que la TV Pública haya tenido 15 puntos de rating en un partido de Los Pumas. Es una locura. Eso quiere decir que nos vio mucha más gente de la que suele ver rugby.

– Precisamente, estos Pumas cautivaron a mucha gente ajena al rugby por lo que mostraron, más allá de los resultados. ¿Cómo te pega eso?

– Es el resultado de un proyecto. Por ahí es difícil pensar en un proyecto a mediano y largo plazo en este país, en el que se exigen resultados inmediatos. Si te va mal, te cortan la cabeza y ponen a otro, y le pasa lo mismo. Nunca arrancás, o mejor dicho, estás siempre arrancando. Y en esto no hay recetas mágicas. A una idea hay que darle tiempo y trabajarla, mejorarla. Lo que vemos hoy no es de ahora, es fruto de lo que se viene haciendo desde 2009. Por eso me parece un lindo mensaje, y no sólo para el rugby: esto de creer en un proyecto, en el que todos trabajan en pos de un objetivo, y en el que también hay espacio para la discusión, porque no todos tienen por qué pensar igual.

– Pero dentro de ese gran engranaje, ¿qué sentís que le diste vos a Los Pumas? ¿Cuál fue tu impronta?



– Principalmente dos cosas. Una fue la decisión de ampliar la base de jugadores, dándole oportunidad a muchos que casi no tenían experiencia, pese a las críticas que nos llegaron por eso. No queremos que se repita lo de 2007, cuando la mayoría de las figuras que ganaron el bronce en Francia se retiraron y el equipo quedó desarmado, dando pie a una transición muy larga y difícil. Queremos que no haya más “camadas históricas”; la idea es que si se retira ‘Corcho’ (Juan Fernández Lobbe), lo reemplace (Tomás) Lezana que no se encuentre de repente con el primer nivel. Y la segunda fue una idea de juego más audaz, de convencer a los jugadores de lanzarse a jugar, de no tener miedo a tomar riesgos. Si les salía mal, la responsabilidad era mía.

– Vos mismo tomaste un riesgo muy grande al pedirles eso…

– Es que, honestamente, ya estaba harto del tema de la derrota digna. No me gusta comparar con el fútbol, pero imaginate que Boca o River vayan a jugar todos los fines de semana con Barcelona, Real Madrid y Bayern Munich, y contame cómo la sacan. Bueno, esa es la realidad de Los Pumas. La gente cree que vos les tenés que ganar, y estos tipos (de Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica) están en otra dimensión, con un presupuesto 100 veces superior y muchos años más experiencia y estructura. Lo nuestro era un corazón tremendo y nada más. Sí, todo muy lindo, pero ahora queremos empezar a ganar también. Y la única forma de ganarle a los mejores es arriesgándote, animándote a atacarlos. Por supuesto, eso implica también exponerte y cometer más errores. Nos pasó contra Australia, cuando por intentar salir jugando nos comemos 14 puntos de entrada. Pero contra Irlanda también lo hicimos y nos fue muy bien. Es así: contra las potencias, no arriesgarse es apuntar a lo sumo a perder por poco. O sea, a la derrota digna.



– ¿Estás en comunicación con Santiago Phelan?



– Todo el tiempo. “Tati” es un amigo en serio, un tipo que me apoyó muchísimo. No hay un partido en que no me llame. Es un señor con todas las letras, al que insisto se debería reincorporar al sistema porque es joven y tiene mucho para dar. Lo que le pasó (N del R: renunció cuando se hicieron públicas las internas en su staff y la desgastada relación con los jugadores) fue porque es buen tipo. Le tocó estar con gente que no era como él.

– Volviendo al Mundial, se alcanzó el objetivo de estar entre los cuatro mejores, pero no se te ve del todo satisfecho…



– Si uno se pone a ver, tendría que decir que sí, pero en realidad no. Porque creo que teníamos con qué llegar a la final. De hecho, las estadísticas del partido contra Australia marcan que fuimos superiores en muchos aspectos, pero nos faltó concretar nuestras oportunidades. Australia no estaba en su mejor momento y el propio Mario Ledesma (ex Puma y actual miembro del staff de los Wallabies) me lo confirmó. “Teníamos miedo a que nos golearan”, me dijo. Ese es el respeto que se ganó este equipo. Bueno, esos 14 puntos que tuvieron de entrada por dos errores nuestros les ayudó mucho, pero hasta cerca del final la diferencia fue de sólo siete puntos. Entonces, ¿estoy contento? No. ¿Estoy conforme? Sí, porque la entrega de los chicos fue total. Contra Sudáfrica buscaron el try hasta el final y lo consiguieron. Y contra Irlanda, cuando llevaban 23 puntos de ventaja y el partido terminaba, defendieron al borde del ingoal como si hubiera sido el último partido de sus vidas.

– Sos el primer argentino nominado a Entrenador del Año por la World Rugby…

– Lo tomo como un reconocimiento no personal, sino a un proyecto que comenzó hace varios años, cuando Agustín Pichot logró venderle algo a la Sanzar (unión de Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia), cuando no había nada. Porque de ese equipo sensación de 2007 no quedaba casi nadie. Logró que dejaran entrar al Tres Naciones a un equipo que no generaba nada, que no era peligroso en el juego ni redituable económicamente. Lo único que teníamos para darles a cambio era la promesa de dejar todo en cada partido. Agustín lo hizo de vuelta con el ingreso al Súper Rugby, porque hasta entonces Los Pumas no habían hecho gran cosa en el Rugby Championship. Hoy es diferente: Argentina mostró en el Mundial que ahora tiene qué ofrecer a cambio. Por eso digo que, aunque aparezca mi nombre, es un reconocimiento a todos lo que trabajaron y trabajan en este proyecto.

– De todos modos, alguna oferta extranjera te debe haber llegado. ¿Tenés definido tu futuro?



– Hubo algunos tanteos, pero no los atendí porque ya decidí que voy a seguir con Los Pumas. Para mí no hay nada superior a esto, nada puede seducirme más que dirigir a Los Pumas. Quiero disfrutar de esto, y acá. Ya tengo arreglado de palabra con la UAR, faltan detalles. Voy a seguir por dos años, porque a partir del año que viene también voy a estar ligado a la franquicia en el Súper Rugby, no en forma permanente, pero sí bajando línea, y eso puede producirme un desgaste importante. Si en dos años me siento con fuerzas, y a la conducción dirigencial que esté en ese momento le interesa, seguiré hasta el Mundial 2019. Y ahí sí o sí me voy. No es saludable que nadie se eternice en un cargo.

– Y es que tu plan de trabajo apuntaba a…

– …al Mundial de Japón, claro. Pero no necesariamente conmigo al frente. Eso ya se verá. Y estoy seguro de que Argentina llegará en condiciones de ser campeón. Este equipo, teniendo un promedio de edad de 23 años, jugando seis o siete partidos de máximo nivel por año y cometiendo muchos errores por inexperiencia, hizo un gran Mundial. Explicame cómo no tener expectativas si llegarán al próximo Mundial más maduros, con una base más amplia y jugando 27 partidos del máximo nivel por año, gracias al Championship y al Súper Rugby. Hace dos años yo ya decía esto y me contestaban “andá, dejen de pensar en 2019 y ganen el sábado”. Hoy se entiende mejor de qué hablaba. Este equipo va a ser poderosísimo y dará qué hablar en el mundo, acordate lo que te digo.

Decisiones fuertes



“Aprendí a convivir con las críticas. Cuando asumí, no me conocían y la situación era caótica; había que tomar decisiones fuertes, y lo hice. Comencé con un equipo que había elegido Santiago Phelan; el mío empezó en junio de 2014, con jugadores de acá, y ya antes del primer partido me mataban. Hoy digo que ni entonces era tan malo ni hoy soy tan bueno. Soy igual, con el crecimiento que te da la experiencia. Además, yo no estoy para taparle la boca a nadie, sino para trabajar para el rugby argentino; lo hago todos los días”. (Daniel Hourcade)

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