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Hay cosas peores que las malas calificaciones.

Carta de un adolescente a sus padres.

Era el último día de clases, y un padre que pasaba cerca del cuarto de su hijo vio que todo estaba limpio, ordenado y hasta la cama estaba hecha. Parecía como si su hijo hubiese recogido sus cosas y se hubiese marchado. Sus sospechas se volvieron más intensas cuando sobre la mesa vacía vio una carta en cuyo dorso decía “Para papi“.

Hay cosas peores que las malas calificaciones.
Él, con las manos temblorosas agarró la misiva y la leyó:

“Querido papaíto.

Lamento tener que comunicarte por escrito que decidí irme de casa con mi nueva novia, yo sabia que si lo hacía personalmente mamá y tú me harían un escándalo. Yo la amo mucho pero yo también sabía que ustedes no estarían de acuerdo con nuestra relación porque ella tiene un piercing, algunos tatuajes, se viste con ropa muy pequeña y bueno, es algo mayor que yo. Pero no sólo se trata del amor que siento; ella está embarazada.

Hay cosas peores que las malas calificaciones.
Se llama Laura y está segura de que seremos muy felices. Al fin de cuentas, ella tiene un remolque en el bosque y toda una montaña de leña que alcanza para calentarnos todo el invierno. Soñamos con tener muchos hijos, además, Laura me abrió los ojos al hecho de que la marihuana no es tan mala como todos dicen, por eso estamos pensando en cultivarla para nosotros y vender la que sobre a otras personas de mente abierta, para que nos quede dinero para comprar algo de cocaína, ¿sabías que puede tener efectos terapéuticos si se usa en pequeñas dosis? Rezo mucho para que se encuentre la cura para el SIDA, hay que curar a la pobre Laura, ¡ella se lo merece!

No te preocupes por mí, ya tengo 15 años y puedo cuidarme solo. Un día pasaremos a visitarlos para que puedan conocer a sus nietos

Con amor, tu hijo Juan.

Hay cosas peores que las malas calificaciones.
P.S. Papi, todo lo anterior es un invento. Estoy en casa de Sergio, sólo quería recordarte que hay cosas peores que las malas calificaciones de este periodo, que están en la mesa de la cocina. Llámame cuando pueda regresar a casa. ¡Los amo!”

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