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¿Hacia un futuro sin trabajo?

Los retos que plantea la tecnología y las posibles soluciones políticas

Henry Ford II: “Walter, how are you going to get these robots to pay union dues?”

Walter Reuther: “Henry, how are you going to get them to buy your cars?”

(Una supuesta conversación entre Henry Ford y el presidente del sindicato de trabajadores del sector del automóvil en una visita a una fábrica automatizada de coches.)

Los ordenadores se están haciendo dramáticamente mejores para realizar tareas especializadas, rutinarias y predecibles y parece muy probable que pronto estarán en disposición para superar muchas de aquellas personas que ahora hacen estos trabajos.

Un ordenador no necesita replicar el espectro entero de tus capacidades intelectuales para desplazarte de tu trabajo; sólo necesita hacer las tareas específicas para las que te pagan.

Las máquinas y, especialmente las aplicaciones informáticas, pueden ser replicadas muy fácilmente. Desde la perspectiva de muchos trabajadores, los ordenadores dejarán de ser herramientas que mejoran su productividad y, en lugar de ello, se convertirán sustitutos viables de los trabajadores.

La continuidad del progreso depende de un mercado vibrante para las futuras innovaciones y ello, a su vez, requiere una distribución razonable del poder de compra.

Buena parte de la investigación básica que ha hecho posible el progreso del sector informático ha sido sufragada (en EEUU) por los contribuyentes estadounidenses.

Martin Ford

Con estas citas extraídas del libro que menciono en la nota queda resumido su mensaje que ahora me extenderé en exponer con datos muy interesantes. Lo haré en tres partes: 1) Con ejemplos de los avances informáticos. 2) Con datos que muestran que el problema ya lo tenemos aquí. 3) Explicando la solución política que propone Ford.

PRIMERA PARTE

En resumen: La pérdida de puestos de trabajo que han supuesto las diversas revoluciones industriales no es algo nuevo. Ya los ludditas, en la década de 1810, lucharon contra la instalación de los telares mecánicos y hicieron frente al ejército británico que, en su momento, utilizó más soldados contra ellos que contra Napoleón en la península ibérica. Sin embargo, hasta ahora, las diferentes revoluciones industriales habían acabado creando más trabajo que la que destruían. Pero esto no debe ser así en la actualidad. Entre otras razones porque la tecnología informática es de propósito general, puede hacer casi cualquier función. Una de las pocas cosas en las que, de momento, los ordenadores no se acercan a los humanos es en el trato humano. Los ordenadores, que no son todavía verdaderamente inteligentes, pero quizá lo sean en el futuro (ver nota 1), no tienen sentimientos y, por ello, los trabajos en las que haya más interacción con personas son las que estarán más protegidos en los próximos años.

Sin embargo, IBM con su software llamado Watson, que batió a los campeones de un juego bastante complejo llamado Jeopardy, ya está colaborando con la empresa Fluid, Inc. para desarrollar un asistente personal para cuando se hacen compras por internet imitando la calidad de servicio que tenemos en una tienda tradicional. Los avances informáticos junto con la especialización de los trabajos convirtiéndolos en rutinarios y predecibles ponen en riesgo, según, Carl Fray y Michael Osborne de la universidad de Oxford, el 47% (64 millones) de los puestos de trabajo de los EE.UU. en los próximos 10 a 20 años. Podríamos pensar que esto puede ser un problema específico de un país tan avanzado, pero el hecho es que China perdió 16 millones de puestos de trabajo industriales (15%) entre 1995 y 2002. China es ahora el mercado de robots que crece más rápidamente. Foxconn, el subcontratista de Apple, tiene previsto comprar un millón de robots.

Las máquinas están dejando de ser una herramienta para los trabajadores y se están convirtiendo en sus sustitutos. Y no hablamos sólo de trabajos de bajo nivel. Formar un buen radiólogo requiere a E.U.A. 13 años después del bachillerato. Pronto los algoritmos de reconocimiento de imagen superarán los radiólogos en la interpretación de resultados. (Actualmente un radiólogo y un programa especializado ya son tan buenos como dos radiólogos examinando una radiografía). Facebook tiene un algoritmo que puede determinar si dos fotografías representando dos caras en orientaciones y iluminaciones diferentes son idénticas en el 97,25% de los casos. Los humanos lo hacen en el 97,53% de los casos.

Los algoritmos ya hacen una buena parte de las crónicas deportivas en América y se prevé que el 90% de los artículos de noticias los redactarán algoritmos en 15 años. Narrative Science es la empresa que ha desarrollado este algoritmo que se llama StatsMonkey y ya ofrece ahora un software, Quill, que va más allá. http://www.narrativescience.com/quill

Baxter es un robot que puede coexistir con los humanos (no es peligroso) y puede ser entrenado moviendo sus brazos. Una vez programado un robot la programación se puede copiar en cientos o miles (obsérvese la diferencia con los humanos). Uno de los trabajos que hace es poner productos en una caja. Su precio es menor que el coste anual de un trabajador. Hoy en día existe un sistema operativo estándar para robots: ROS (Robot Operating System). Y ya sabéis lo que pasa cuando Se estandariza una sistema operativo.

Hay algoritmos capaces de descubrir leyes de la física, por ejemplo, estudiando cómo se mueve un doble péndulo. Algoritmos llamados genéticos han descubierto dos invenciones patentables y uno ha descubierto una ley que rige la bioquímica de ciertas bacterias que aún tiene confundidos a los biólogos. El software se llama Eureqa. http://creativemachines.cornell.edu/Eureqa. Puede sustituir algunas de las tareas rutinarias que hacen los científicos. http://singularityhub.com/2009/12/17/eureqa-software-to-replace-scientists/.

La machine learning es otra de las técnicas avanzadas que hoy se usan. El ordenador examina los datos y escribe su propio programa basado en las relaciones estadísticas que descubre. Uno de los principios del Big Data es que las predicciones basadas en correlaciones estadísticas descubiertas por los ordenadores son suficientes y que un conocimiento profundo de las causas es a menudo inalcanzable e innecesario.

Otra amenaza para los puestos de trabajo es la que representan empresas como Workfusion. Ofrece a las grandes empresas una plataforma que gestiona casi completamente la ejecución de proyectos que hasta ahora requerían la participación de muchas personas. Usa una combinación de automatización y crowdsourcing. Su software analiza el proyecto para determinar qué partes pueden ser automatizadas y cuáles envía para que las hagan colaboradores externos freelance que encuentra en webs como Craiglist. El software divide las tareas entre los colaboradores. Lo hace preguntándoles cosas de las que ya conoce la respuesta. Observa la productividad de los trabajadores y si uno no puede hacer la tarea en el tiempo previsto la asigna a una persona más competente. Esto parecería que crea empleo para trabajadores freelance peor pagados o más competentes que los de la empresa y, por tanto, no sería algo tan mala. Pero lo que ocurre es que el software va aprendiendo. Es decir, sin saberlo, los humanos que participan están entrenando el software y, por tanto, cavando su propia tumba.

Otros ejemplos del impacto que puede tener la tecnología en trabajos de nivel en el propio sector informático es el algoritmo Cyborg de Facebook, mediante el cual un solo técnico puede manejar 20.000 servidores. O el hecho de que la empresa Good Data, usando la nube de Amazon con 180 personas, hace análisis de datos para 6.000 clientes que habían necesitado unas 30.000 personas para hacer este trabajo. Hoy en día se pueden alquilar 10.000 servidores de la nube de Amazon por 90 dólares la hora. Las tecnologías de la información se están convirtiendo en el que los americanos denominan utilities, usadas por todos los sectores económicos como la electricidad, el agua, el gas o el teléfono y ya sabemos que estas empresas no generan muchos puestos de trabajo.

Sin embargo, pueden los ordenadores realizar obras de arte que parecería que sólo podrían ser el resultado de la labor creativa de un ser consciente? En julio de 2012, por primera vez, una orquesta de renombre, la London Symphony Orchestra, ejecutó una composición musical escrita por un algoritmo y los críticos la valoraron con buena nota.

Del 50% al 70% de las compras y ventas en las bolsas más importantes se hacen automáticamente y las compañías propietarias instalan sus potentes servidores bien cerca de los mercados de valores para ganar milisegundos.

En Japón ya se está desarrollando un algoritmo capaz de superar los exámenes de entrada en las universidades más prestigiosas.

SEGUNDA PARTE

Las consecuencias de todo esto ya son visibles en las estadísticas de los últimos años, las cuales nos indican ya una tendencia preocupante. En 2013 el trabajador típico americano empleado en producción ganaba un 13% menos (después de hacer los ajustes por la inflación) que en el 1973 cuando la productividad en este periodo creció un 107% y con el factor negativo que en los EE.UU. tanto el coste de la vivienda como la educación universitaria o la salud no han hecho otra cosa que aumentar muy por encima del IPC.

En julio del 2013, en los EE.UU., menos del 50% de los trabajadores entre 20 y 24 años que no eran estudiantes tenían un empleo a tiempo completo. No es exactamente la situación que tenemos en España, pero tampoco está tan lejos. El sueño americano en el que cualquier persona que ponga voluntad y esfuerzo puede subir en el ascensor social ya es una quimera. La desigualdad en los E.U.A. está al nivel de Filipinas y peor que Egipto. El 5% de los hogares hacen el 40% del gasto en consumo. La otra 95% está demasiado endeudado. Desde la recesión de 2007 los únicos que han contribuido a recuperar el consumo han sido este 5% de hogares.

En la década de 2000 a 2010 no se creó ningún puesto de trabajo neto en EE.UU. pese a que la población creció. El problema no es que se pierdan puestos de trabajo en las recesiones, es que en las recuperaciones se crean menos de los que se perdieron. Y la estadística del paro es engañosa. Por una parte en las cárceles estadounidenses hay 2,4 millones de presos, el 60% por delitos no violentos, a un costo de 26.000 dólares por año y prisionero. Esta población reclusa representa una tasa 10 veces más alta, por cápita, que la de Dinamarca o Japón. Por otra parte, en los EE.UU. si una persona no busca activamente trabajo se considera que no le interesa trabajar y deja de estar en el global de la población activa. Entre los hombres, en el 1950, de los que estaban en edad de trabajar, el 86% quería hacerlo. En el 2013 la tasa era del 70%. Entre las mujeres la tasa alcanzó el 60% en el 2000 y, a partir de ahí, ha ido bajando. Al mismo tiempo, ha habido un aumento muy considerable de las personas que reclaman algún tipo de discapacidad que ha pasado de 1,2 millones en el 2000 a 3 millones en 2011.

En el 1998 el sector empresarial de los EE.UU. trabajó 194.000 millones de horas, las mismas que se trabajaron en el 2013 cuando este sector, en este periodo, añadió un valor de 3,5 billones de dólares (después de ajustar por la inflación), o un 42% más. Al mismo tiempo que no se producía un incremento de horas trabajadas en estos 15 años, la población creció en 40 millones de personas.

TERCERA PARTE

Dado que los robots no necesitan un departamento de recursos humanos ni mandos intermedios ni oficinas ni se enferman ni hacen huelgas ni hacen vacaciones ni dejan la empresa para ir a la competencia, etc. está claro que serán cada vez más unos competidores formidables de los trabajadores. Es, sin embargo, evidente que el crecimiento económico tan necesario hoy en día para que el pago de la deuda sea posible en un futuro, no se puede sostener sólo con el 5% de los hogares. Sin las grandes inversiones en innovación que hay que hacer para progresar y que necesitan de los beneficios empresariales que a la larga sólo pueden venir del crecimiento, nos encontraremos en un callejón sin salida.

La única solución es distribuir las rentas para que la población en general pueda seguir consumiendo y empujando el crecimiento. Existe una propuesta que no es nueva, pero cada vez se está tomando más en serio. Un renta básica mínima para todos los adultos. La propuesta no es tan atrevida como parece. Los EE.UU. gastan en programas sociales un billón (con 12 ceros) de dólares: cupones para comida, ayudas en el hogar, etc. Si se repartieran 10.000 dólares para cada americano adulto el programa costaría el doble, con la ventaja de que se podría suprimir toda la burocracia que ahora gestiona todos estos programas que, además, se prestan a fraude. En principio se pensaría que esto sólo habría que hacerlo por los pobres que no tienen trabajo, pero eso crearía unos incentivos perversos.¿ Si ya estoy cobrando 10.000 dólares sin hacer nada, porque aceptar un trabajo por 11.000? Y si estoy haciendo un trabajo para 10.100, mejor dejarlo y cobrar 10.000 sin trabajar.

El programa se podría probar poco a poco y se podría dar una mejor renta a quien hiciera un trabajo por el medio ambiente o para la comunidad. También se podría incentivar a los jóvenes que terminaran el bachillerato dándoles un suplemento. Habrían ventajas. Si soy un emprendedor y dependo de un trabajo para terceros quizás no me atreveré a dejarlo para montar mi negocio, pero si tengo una renta mínima disminuyo el riesgo y quizás me atreveré. Por lo tanto, no está claro que un programa como este genere una multitud de vagos como alguien podría pensar. También sería un incentivo para repoblar las zonas rurales o ciudades como Detroit donde el costo de alquilar o comprar una casa es mucho más bajo que en las grandes ciudades que son centros económicos de primer orden.

Además, la renta mínima podría estar sujeto a un impuesto como las del trabajo. Aunque os pueda sorprender, la idea ya la planteó uno de los economistas tenidos por el gurú de los conservadores, Hayek. Hayek estaba a favor del mercado y de la poca intervención del estado, pero veía la renta mínima como un seguro contra la adversidad y como una función eficiente social y económicamente. De hecho, tanto en Arabia Saudí como Alaska los ciudadanos reciben rentas del petróleo (entre 1.000 y 2.000 dólares en Alaska). En un país conservador como Suiza ya se han obtenido firmas suficientes para poner a votación una propuesta que asegure 2.500 francos suizos mensuales a sus ciudadanos.

Por otra parte, el hecho de que buena parte de la investigación básica que ha servido para hacer los grandes avances tanto en electrónica, informática y muchas otras tecnologías ha sido iniciada o soportada por el estado, implica que los contribuyentes tienen el derecho moral a ser partícipes de sus beneficios.

Cuáles podrían ser las fuentes de financiación? Entre otras quizás más polémicas, un impuesto para las energías fósiles, el IVA que no se ha implantado en EE.UU. o un impuesto sobre transacciones financieras.

Uno de los inconvenientes a tener en cuenta sería el factor llamada. Habría que restringir fuertemente la inmigración o el acceso a la ciudadania.

Para terminar, una anécdota de Pep Guardiola. Cuando visitó el MIT (Massachussets Institute of Technology) en la sesión de preguntas un estudiante le hizo esta: “Pep, si construimos un equipo de robots, ¿vendrías a entrenarlo?” Y Guardiola le dijo: “El principal reto de entrenar un equipo no es diseñar el plan de juego, sino meter en la cabeza de los jugadores el plan. Ya que en el caso de los robots no le veo el reto, amablemente declino la oferta ”

Nota 1. Según IBM, Watson sabe lo que sabe. Recientemente, IBM ha desarrollado los Watson paths, gracias a los cuales se pueden examinar las fuentes que Watson ha usado para resolver un problema así como la lógica y las inferencias que ha hecho para llegar a la conclusión. Los investigadores pueden ahora aprender la forma como razona el sistema para resolver un problema complejo. Hasta ahora esto era un misterio. Estamos ante un cambio de paradigma. Antes los humanos enseñaban a los ordenadores. Ahora son los humanos los que aprenden los ordenadores.

Nota: La fuente de esta newsletter es el libro de Martin Ford Rise of the Robots. Technology and the Threat of a Jobless Future.

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