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Hablemos de la Resurreción ¿Es posible?

Hablemos de la Resurreción ¿Es posible?

Hace poco estuve en un funeral cristiano, había un reverendo esforzándose en confortar a los dolientes, con relatos bíblicos acerca de la resurrección.

¿Cuántas personas fueron resucitadas de los muertos, según la Biblia?

Hablemos de la Resurreción ¿Es posible?

«Eliseo el profeta resucita al hijo de la sulamita». De Benjamin West (1738-1820), pintor estadounidense.

La Biblia menciona a nueve personas siendo resucitadas de los muertos. Siete de ellas son en un momento específico y las otras dos son por implicación. Las siete son el hijo de la viuda de Sarepta, resucitado por Elías en 1 Reyes 17:17-24, el hijo de la mujer sunamita, resucitado por Eliseo en 2 Reyes 4:32-37, la hija de Jairo en Mateo 9:18-26, el hijo de la viuda de Naín en Lucas 7:11-17, Lázaro en Juan 11:38-44, todos estos últimos por Jesús, Tabita en Hechos 9:36-40 por Pedro, y Eutico por Pablo en Hechos 20:7-12. Además, a pesar de que la Biblia no lo confirma específicamente, yo creo que tanto Jonás (Jonás 2:6) y Pablo (Hechos 14:19-20) fueron resucitados de los muertos por Dios.

¿Llegaremos a ser inmortales alguna vez?

Según los científicos, la especie humana podría alcanzar la inmortalidad en este mismo siglo. Ésta es la conclusión a la que han llegado numerosos científicos, neurólogos, médicos, ingenieros y biotecnólogos que se han dado cita en el foro “Futuro Global 2045”.

La fase Avatar B: sería “una especie de transplante de nuestro cerebro a un cuerpo sintético”, según explicaba el doctor en psiquiatría español José Miguel Gaona. La fase Avatar C consistirá en “que de alguna manera pudiéramos trasladar el contenido cerebral a una mente sintética” y finalmente, la última fase, Avatar D, culminaría el programa con la creación de un “holograma que reemplazaría totalmente a nuestro cuerpo y nuestro cerebro, lo que supuestamente tendría que llegar en 2045”, siempre según las explicaciones de Gaona.

La última fase del proyecto (Avatar D), consistiría en un holograma proyectado desde un gran ordenador central donde estaría almacenada nuestra conciencia, nuestro contenido cerebral. Desde ahí y a través del holograma, podríamos seguir interactuando en el mundo. Para estos científicos, cada día que pasa, el hombre se acerca un paso más al ansiado sueño de la inmortalidad.

El término resurrección (del sustantivo latino resurrectĭo, -ōnis; derivado del verbo resurgo (resurrexi, resurrectum -3.ª declinación): levantarse, alzarse, resurgir, renacer) hace referencia a la acción de resucitar, de dar nuevo ser o nueva vida. La resurrección constituye un símbolo de la trascendencia.

1 El judaísmo y el islam aceptan la existencia de la resurrección.

2 Para el cristianismo es el pilar de su fe: «Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía es también nuestra fe» (I Corintios 15, 14).3

La resurrección en algunos mitos

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Estatua de Asclepio, encontrada en un santuario dedicado a él en Epidauro (Grecia). Esculpida en mármol, datada de 160 d.C., es copia de un original del siglo IV a.C. En las proximidades de la pierna izquierda, los restos de una serpiente, símbolo de la medicina y de las «ciencias ocultas», ligada a las fuentes de la vida. Museo Nacional Arqueológico en Atenas.

Desde la antigüedad, la resurrección se consideró el símbolo más indiscutible de la manifestación divina, ya que se suponía que el secreto de la vida no puede pertenecer más que a la divinidad. El propio «sol inmortal», que cada noche descendía al «reino de los muertos», podía llevar consigo a los hombres y, al ponerse, matarlos. Pero también podía guiar a las almas a través de las regiones infernales, «resucitando» a la luz al día siguiente, con la mañana.

Cuando Asclepio, hijo de Apolo y de la mortal Corónide, semidios de la medicina (al que los romanos llamaron Esculapio), instruido por el centauro Quirón en el arte de curar las enfermedades, alcanzó tales progresos que consiguió ser capaz de resucitar a los muertos:

1 Su ciencia llegó al punto de provocar las quejas de Hades. Zeus, temiendo que el arte de Asclepio trastornase el orden del mundo, fulminó al médico con un rayo.

2 La «ciencia de la resurrección» era, pues, una ciencia prohibida.

Las «religiones del misterio», en particular los misterios de Eleusis, así como las ceremonias funerarias egipcias, testimoniaron una expectativa humana vivaz por la resurrección.1 Los ritos de iniciación a los grandes misterios eran símbolos de la resurrección esperada por los iniciados. Si algo tienen en común con la idea bíblica de resurrección es que todos sitúan el principio de la resurrección fuera del poder del hombre.

La experiencia pascual de Jesús de Nazaret

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«Tomás el incrédulo», obra del pintor Mathias Stomer (1590–1656). Museo del Prado, Madrid. Según los Evangelios, Jesús resucitado no es un fantasma: su cuerpo es visible, y las llagas de su crucifixión, tangibles.

Los Evangelios no describen el momento de la resurrección, ni dicen que alguien haya visto a Jesús resucitar. En cambio, describen distintos momentos en que Jesús resucitado se manifiesta a testigos escogidos.

Los apóstoles «hasta entonces no habían comprendido que, según la Escritura, Jesús debía resucitar de entre los muertos» (Juan 20:9); por eso la muerte de Jesús y su sepultura los llena de temor (Juan 20:19) y sobresalto (Lucas 24:21-23).

  • La experiencia del sepulcro vacío no es suficiente para convencerlos, y piensan que las mujeres que anuncian que el sepulcro está vacío están locas (Lucas 24:11).
  • Luego comienzan las apariciones del resucitado. Jesús aparece «durante muchos días» (Hechos 13:31), «durante cuarenta días» (Hechos 1:3). Los relatos subrayan el carácter concreto de estas manifestaciones: el que aparece es ciertamente Jesús de Nazaret.
  • Las mujeres lo ven y le abrazan los pies (Mateo 28:8-9).
  • Los apóstoles lo ven, lo tocan y conversan con él (Lucas 24:36-40, Juan 20:19-23).
  • Los apóstoles comen con él, y él realiza gestos por los cuales se le reconoce (Lucas 24:30-31, Juan 21:9-14).
  • Pedro anunciaría más tarde lo mismo: que comieron y bebieron con Jesús resucitado (Hechos 10:34-41).
  • Jesús resucitado no es un fantasma, porque aparece con su propio cuerpo, tiene «carne y huesos», y desafía a Tomás el Apóstol a probar la existencia de sus llagas (Juan 20:24-27),

La resurrección: ¿un mito hecho realidad? Las opiniones de Tolkien y Lewis

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El escritor J. R. R. Tolkien en 1916, durante la Primera Guerra Mundial. El autor de El Silmarillion, El hobbit y El Señor de los Anillos, entre otras obras, sostenía que «los mitos que tejemos, aunque con errores, reflejan también un astillado fragmento de la luz verdadera, la verdad eterna de Dios».

Desde otro ángulo, la discusión académica sobre el «mito de la resurrección» quizá obnubila otra posible relación entre los mitos antiguos y la resurrección de Cristo, que bien pudo intuir «poéticamente» J. R. R. Tolkien (1892-1973), escritor, poeta, filólogo y profesor universitario. De hecho, el famoso novelista C. S. Lewis, quien en su juventud fuera un ateo interesado por la mitología y el ocultismo, debió a esta interpretación de su amigo Tolkien su conversión final al cristianismo. Según Walter Hooper, amigo y biógrafo del escritor C. S. Lewis, la comprensión de la verdad en las mitologías desencadenó la conversión de Lewis.

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Osiris es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad y regeneración del Nilo; es el dios de la vegetación y la agricultura. También preside el tribunal del juicio de los difuntos en la mitología egipcia.

Su nombre egipcio es Asir o Usir (asir es la transcripción de su jeroglífico).1 En castellano suele nombrársele con la forma helenizada Osiris (del griego Όσιρις).

El largo intercambio de opiniones entre C. S. Lewis, J. R. R. Tolkien y Hugo Dyson (los tres, miembros del cenáculo conocido como los Inklings) que tendría luego un impacto revolucionario en la vida de Lewis, se desarrolló en el marco de una reunión efectuada el 19 de septiembre de 1931, después de que Lewis invitara a Tolkien y a Dyson a cenar en sus habitaciones en el Magdalen College de Oxford.

Después de la cena los tres hombres fueron a dar un paseo junto al río y discutieron la naturaleza y el propósito del mito. Lewis explicó que él sentía el poder de los mitos pero que ellos eran, en última instancia, falsos o, como lo expresó a Tolkien:

—Pero los mitos son mentiras, aunque esas mentiras sean susurradas a través de la plata. («Myths are lies, even though lies breathed through silver»).

—No –dijo Tolkien–. No lo son.

Tolkien reanudó la conversación con el argumento de que los mitos, lejos de ser mentiras, eran la mejor manera de transmitir las verdades que, de otro modo, serían inexpresables. Señalando las ramas de los grandes árboles de Magdalen Grove dobladas por el viento, inició una nueva argumentación.

—Llamas árbol a un árbol —dijo—, sin detenerte a pensar que no era un árbol hasta que alguien le dio ese nombre. Llamas estrella a una estrella, y dices que es sólo una bola de materia describiendo un curso matemático. Pero eso es simplemente como las ves tú. Al nombrar y describir las cosas no estás más que inventando tus propios términos. Y así como [en este sentido] el lenguaje es invención de objetos e ideas, el mito es invención de la verdad. Venimos de Dios —continuó Tolkien—, e inevitablemente los mitos que tejemos, aunque contienen errores, reflejan también un astillado fragmento de la luz verdadera, la verdad eterna de Dios. Sólo elaborando mitos, sólo convirtiéndose en un sub-creador e inventando historias, puede aspirar el hombre al estado de perfección que conoció antes de la Caída. Nuestros mitos pueden equivocarse… sin embargo, conducen de forma trémula hacia el puerto de la verdad…

C. S. Lewis expresó su concepción posterior con las siguientes palabras:

Las historias paganas son Dios mismo expresándose a través de la mente de los poetas, usando las imágenes que él encontró allí, mientras que el cristianismo es Dios mismo expresándose a través de lo que llamamos «cosas reales». Por lo tanto, son verdad, no en el sentido de ser una «descripción» de Dios (que ninguna mente finita puede captar), sino en el sentido de ser la forma en que Dios elige (o puede) aparecer a nuestras facultades. Las «doctrinas» que extraemos del verdadero mito son, por supuesto, menos ciertas: se trata de traducciones a nuestros conceptos e ideas de lo que Dios ya ha expresado en un lenguaje más adecuado, es decir, la encarnación real, la crucifixión y la resurrección.

La «resurrección» y la ciencia

Para los cristianos, el cuerpo resucitado es un dato de fe. La revelación no ofrece ninguna explicitación científica al respecto y no existen trabajos científicos sobre el tema de ninguna naturaleza. En ese marco, José María Cabodevilla (1928-2003) escribe en su libro El cielo en palabras terrenas sobre el tema de la resurrección:

¿Se trata de una transformación límite de la materia en energía?

La ciencia actual tiene un concepto de la materia sumamente elástico: esta puede ser inconmensurable, imponderable, inextensa. La gran variedad de seres que pueblan el mundo se debe únicamente a la manera de combinarse sus partículas elementales; todo se reduce a estructura. Esos mismos componentes pueden presentarse aquí como corpúsculos y allí como ondas. ¿Como ondas inmateriales? Inevitablemente tendemos a pensar que para que haya ondas tiene que haber algo que ondule, es decir, un soporte o conductor de dichas ondas, lo mismo que hace falta la cuerda vibrante de un violín para que haya vibraciones. La física moderna niega tal necesidad. Koestler desafiaba a sus oyentes a imaginar una vibración de la cuerda pero sin cuerda, una onda de agua pero sin agua, la sonrisa del gato de Alicia pero sin gato. La verdad es que no hace falta que algo sea imaginable para que sea verdad. El grado exigible para que algo pueda considerarse real, para que podamos afirmar que tiene entidad material, ha descendido bajo mínimos. Nada más amplio, nada más flexible y acomodaticio que el concepto actual de materia. Diríamos que la frontera entre lo que llamamos material y lo que llamamos inmaterial se ha hecho no sólo borrosa, sino incluso permeable.

¿Se puede esperar que la ciencia confirme la resurrección? Cabodevilla responde negativamente.

Por supuesto, así como la revelación no proporciona ninguna explicación científica, tampoco debemos esperar que la ciencia confirme o esclarezca los hechos revelados. Pero sí cabe decir, al menos, que las teorías de la física moderna son tan sorprendentes, tan extrañas al sentido común, tan inverosímiles como un dogma de fe. Nada imaginable o inimaginable contradice de suyo a las leyes de la naturaleza, sino solamente el exiguo conocimiento que podamos tener de las mismas. Nada atenta contra las leyes de la naturaleza, sino únicamente contra el cálculo de probabilidades.

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