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“Hablemos de drogas”, la carta de un adicto en recuperación

En Facebook se ha vuelto viral el post de un joven que según sus palabras “probó de todo”. Con crudeza, cuenta qué vivió mientras se drogaba. “El cobarde eras vos, el careta eras vos”. Tomate unos minutos, leelo y compartilo. Acá te mostramos parte de esa carta:

Entre las tantas cosas que hay para leer y compartir en las redes sociales, este fin de semana un post en Facebook realizado por un joven que es adicto a las drogas y está en recuperación captó la atención de los usuarios de esa red social quienes compartieron su relato y su mensaje

“Hablemos de drogas”, dice el título de la publicación de Ezequiel, quien con absoluta crudeza y en un lenguaje claro y directo cuenta cómo “fue su viaje” desde el faso de marihuana hasta el LSD. Y cómo dijo “basta”.

“Te diste cuenta que en realidad el cobarde eras vos. El que le huía a los problemas fumándote uno eras vos. El que se tomaba un cartón para poder reírse eras vos. El careta eras vos”, dice el joven en una parte de su texto.

A continuación, parte del post de Ezequiel, te invitamos a tomarte unos minutos y leerlo, vale la pena.

Probé el primer porro cuando tenía 16 años. Al principio viste que mucho no pega (hasta sospecho que fumé mal). Recuerdo que en ese tiempo escribía en un block de notas de la compu las cosas que hacía todos los días. Pensaba que cuando tuviera 50 años me gustaría leer ese archivo y recordar las cosas que hacía de pibe.

En un momento la compu se rompió y la llevamos al técnico amigo de papá. El “técnico covani”, que será siempre recordado por mí como la persona que me mandó al frente ante mi viejo porque de curioso nomás abrió el archivo y leyó “hoy nos fumamos unas flores con los pibes, un viaje”.

Como pueden observar, desde los comienzos fue todo muy complicado. Creo que le debe pasar a mucha gente que fuma. Tus viejos no saben lo que haces cuando salís con tus amigos. No importa de dónde seas, podes ser rico o pobre, tener un millón de amigos o seguir juntandote con la barrita de siempre. No te mientas. El faso siempre esta dando vueltas por ahí y somos cómplices en esta.

¡Que alegría los primeros viajes! Después que pasas la fase de “no me pega”, empieza el torbellino de la alegría. Pega siempre, todo es un viaje. “Que viaje mirar Animal Planet re loco”, “que viaje comer Nutella re loco”, “que viaje mirar las nubes re loco”, “que viaje caer a comer de tu abuela re loco”, “que viaje mirar a las hormigas llevar hojas re loco”. Todo es un viaje y todo es risas.

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Detrás de esto, en mi profunda y honesta consideración, se esconde el aburrimiento. Ya comiste Nutella mil veces, miraste Animal Planet un montón de veces, fuiste a visitarla a tu abuela muchas más. Llega un punto en la que esas situaciones cotidianas aburren. Necesitamos un empuje, una aventura, una mirada diferente.

De repente descubriste que las hormigas transportan el doble de su peso, que la cara de abuela tiene unas cosas raras, que el Nutella se deshace en tu boca de una manera prodigiosa. Del aburrimiento pasamos al conocimiento. A la otra visión. De repente te diste cuenta que todo es mejor si estás re loco. Todo es mejor y no voy a meter con eso. Todo es mejor, en serio.

Pero volvamos al comienzo. ¿Por qué se torna aburrido visitar a tu abuela si no estás locazo? ¿Por qué no podemos escuchar Pink Floyd si no estamos muy locos? ¿Por qué necesitamos fumar antes de comer algo rico? ¿Necesitamos entender algo nuevo? ¿Qué buscamos?

Por un lado creo que la obsesión comienza con una parte de nuestro ser que necesita emoción. Lo cotidiano es absurdo. Necesitamos sorprendernos de esas cosas que ya probamos. Coger con tu novia re loco debe estar muy bueno. Seguro que sí, pero, ¿no será que ya te aburriste de tu novia? ¿No será que el Nutella ya dejó de ser rico? ¿Quedarse despierto toda la noche mirando documentales de animales no será un fiasco ya? ¿No necesitarás algo nuevo?

Justamente creo que detrás de la obsesión por las drogas se esconde la maldita cotidianeidad. El punto de fuga es el faso. Quiero caer en esto porque me tocó estar detrás de eso. Hay gente que no lo entiende al faso.

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Me he peleado con mil personas defendiendo el consumo. Mi respuesta caía siempre en lo mismo, “fumar esta muy bueno, te da otra visión de las cosas, todo es mejor”. Interiormente hasta me creía mi visión bondadosa de las cosas. Necesitamos una excusa pero no ahondamos en la verdadera causa de nuestra adicción. No hay problemas, porque el faso nos hace olvidarnos.

En un momento, pasé de ser un fumador ocasional, el llamado “fumador-social-de-chirulo”, que fuma solo cuando hay uno dando vueltas, a ser el fumador 24/7. Fumaba todos los días porque lo necesitaba. Lo necesitaba para comer, para dormir, para jugar al fútbol, para salir a pasear, para salir de joda. Era una necesidad vivir en constante estado de no lucidez. Era una parte de mí. Era yo en mi relación con el faso, mi verdadero yo. O por lo menos eso es lo que yo me contaba.

Todas las noches antes de irme a dormir fumaba uno para escaparme de los problemas del día. Había noches en las que probaba no fumar, para ver si podía dormir igual. Me terminaba levantando a la madrugada a fumar porque no había manera. De la nada me había convertido en un adicto, sin querer queriendo. A los problemas, le había sumado un problema más. No había escapatoria. ¿No hay escapatoria? Los fumadores tenemos un fuerte: el problema con las drogas siempre es de otros. Nosotros nos decimos que no somos adictos porque el problema lo tienen los pibes en la villa que fuman paco todo el día.

Nosotros, los clase-media, fumamos porque somos rebeldes y no queremos convivir con los problemas mundanos de la sociedad. Nos rebelamos ante el sistema con un faso en la mano. Y sin querer queriendo, terminamos siendo un problema más, siendo sin querer un número más en la estadística que discuten afamados doctores en sus convenciones. Pero igual, nosotros no somos el problema, el problema son los pibes de la villa.

Hay gente que jamás ha probado marihuana y critica a los fumadores con el Wikipedia abierto. Esta gente no puede entender al fumador porque nunca ha estado en su posición. Y si yo digo que la gente fuma porque está aburrido de su miserable vida carente de emociones, seguro que vos también sos un ser afligido pero que la caretea. De ahí la pelea que se remonta a tiempos de Sarmiento con su dicotomía civilización-barbarie, careta-drogón.

De ahora en más, cuando veas a alguien fumando decile que empiece kung fu o que haga un curso de cocina. Seguro que él a la segunda clase cae re locazo. Pero no importa, vos lo entendiste. Cada loco con su viaje.

Siguiendo con estos lineamientos, el fumador fuma porque está aburrido y el careta caretea su apatía por el mundo. El fumador quiere que pase algo todo el tiempo. El mundo es insoportable. ¿Dónde esta el problema? El problema es, y a esto lo digo con conocimiento de causa, que la marihuana abre las puertas hacia otras drogas. Si, señora de 70 años, usted tenía razón.


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De la marihuana salté a la cocaína, al LCD, a la pasti y a la keta. ¿Por qué? Por que la marihuana me aburrió y quería probar cosas nuevas. Tomé más cocaina de la que hubiera querido, tomé muchos más cartones porque está buenisimo, la rueda me hacía bailar sonidos inbailables y la keta me dejaba tirando cortes.

No voy a entrar en los efectos que tiene cada cosa sobre uno, porque es un mundo sin fin. Cada loco con su viaje. El tema viene a colación porque realmente es necesario decir que en personalidades obsesivas es un patrón que se repite. La aventura y el riesgo de ser atrapado con una sabol en la billetera es un patrón de conducta que se repite.

Más de una vez, se me ocurría pensar por qué hacía lo que hacía. Nunca llegaba a conclusiones muy profundas porque todo el viaje que hiciste para llegar hasta ahí valió la pena. Me acostaba a dormir pensando que no quería tomar más, que era la última vez que tomaba merca. Siempre es la última vez y siempre hay una más.

Las drogas son realmente un flagelo. Le pasa a cualquiera, no distingue clase social, edad, condición ni género. El tema es que son pocos los que se hacen la pregunta a tiempo porque están demasiado preocupados viendo cómo hacen para pegar una bolsa para el fin de semana. El drogadicto realmente no sabe qué es un drogadicto.

El adicto a las drogas sólo se divierte diferente. “Yo no puedo salir a bailar si no tomo un cartón”. ¿Saben cuantas veces se me cayó esa frase de la boca? Miles. Hablo por mí pero seguro que son muchos los que no pueden hacer algo sin la necesidad de una droga de por medio. ¿Y sabes cuál es la pregunta? La pregunta es porqué haces lo que haces.

Les aseguro que es una sensación tan hermosa ser libre. En mi percepción, lo mío fue fuerte. Quizás hay algunos que se la aguantan mucho más, porque vieron que en el mundillo de las drogas siempre hay alguno que se aguanta más drogas que otros. Les puedo asegurar que siempre hay uno más guapo.

En definitiva, yo sentí que no podía más. No podía fumar un porro más ni tomar una pastilla más. Sentía que si lo hacía una vez más me moría. Llegué al punto de tener ataques de pánico por la abstinencia. Mi cuerpo necesitaba pero mi cabeza ya lo había entendido. Mi cabeza entendió que a mis problemas los tenía que solucionar por otro lado.

Después de eso, paz. De repente ya no estás pensando más que vas a consumir el fin de semana. Es como volver a empezar. Te sacas la careta, y ves que todo te conmueve. Las hormigas llevando hojas volvieron a ser un viaje, pero en serio. Tu abuela volvió a ser un amor e ir a su casa a comer es alucinante. Todo lo que queres hacer lo haces cuando queres. Te diste cuenta que en realidad el cobarde eras vos. El que le huía a los problemas fumándote uno eras vos. El que se tomaba un cartón para poder reírse eras vos. El careta eras vos.

El darte cuenta es complicado. Es difícil darte cuenta si no tenes nadie al lado que te diga que eso no te hace nada bien. Por lo general, sentís que todos te atacan cuando te dicen que deberías dejar de drogarte. Nadie te entiende. Que se vayan al carajo. Son uno más en el sistema anti-drogas. Y vos seguís. Y está todo bien y todo va a estar bien. Nadie murió por fumarse un churro. Si, estamos de acuerdo, pero acordate de contárselo a todos tus sueños mientras seguís tirado mirando documentales de animales.

Creo que nadie llega a preguntarse las cosas porque está demasiado hasta las manos y es demasiado orgulloso para entenderlo. El drogadicto tiene el orgullo de ser un perseguido, de ser un rebelde. El drogadicto no escucha porque nadie lo entiende. “Escuchando al aire aprendí a elegir”, reza una canción que……



Seguí leyendo la carta de Ezequiel en este link

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