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Grandes Mandamientos ( Mr. 12.28-34)

“Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”. Mateo 22:37 BLPH

El pasaje de las Sagradas Escrituras antes citado, suele ser titulado como el

” Gran Mandamiento”. En realidad creo que también podría llamarse “los grandes mandamientos”. En dicho pasaje podemos notar que Jesús responde a una pregunta capciosa que le hizo un intérprete de la ley. Ésta era: – “¿cuál es el mandamiento más importante?” – La respuesta que da Jesús, se basa en dos pasajes de las Escrituras (Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18.), sobre éstos dos versículos desarrollará su respuesta.

Es increíble la síntesis que hace Jesús, Él lo resume todo en el versículo 40 cuando dice “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”, es decir que la obediencia y conocimiento de las verdades que encierran estas palabras, nos dejarían en una posición de alineamiento con “toda la ley y los profetas”. ¡Más claro imposible!, pero no por ello fácil de comprender, creo que acá Jesús nos está ofreciendo algo así como una “clave o llave” para que podamos comprender la esencia de su mensaje.

El pasaje dice claramente que lo primero de todo es “amar a Dios de corazón, alma y mente” (Deut. 6:5), luego dice que hay un segundo mandamiento que es similar al anterior, el cual es “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18.). En estos dos pasajes de las Escrituras están representados las siguientes personas: Dios en primer lugar, luego nuestro prójimo y nosotros mismos.

Decir de labios para afuera que amamos a Dios, no demanda tanto esfuerzo, porque al fin y al cabo Dios es bueno, es invisible, es el Gran Yo Soy, a Él le tributamos alabanzas y le elevamos nuestras suplicas y ruegos en cualquier día y hora. Pero con nuestro prójimo no es lo mismo, dado que es alguien a quien podemos ver y socializar. Con nuestro prójimo nos alegramos y disgustamos. Muchas veces nos distanciamos o enemistamos, rompiendo así con la comunión que debemos tener con nuestro prójimo.

Lo grave de romper con la comunión es que lo hacemos ignorando o restandolé valor al hecho de que Dios habita en sus creación y sus criaturas, Él subyace detrás de toda su creación, nada escapa a su presencia, el está de forma omnipresente en todo y todos. Esta es la causa por la que amar al prójimo es amar a Dios y amarse a uno mismo es amar a Dios, es decir que amamos a un Dios a quién no vemos a través del amor que le dispensamos a nuestro prójimo (al que podemos ver) y fundamentalmente el amor que nos tenemos a nosotros mismos. Por eso es tan importante amarse, respetarse, valorarse uno mismo, sin caer en el pecado del narcisismo, podemos y deberíamos tener una buena autoestima. No podemos permitirnos caer en una auto-desvalorización, esto sería desobedecer uno de los mandamientos mencionados, y si algo así nos sucede pidamos ayuda a Dios y a nuestros hermanos.

Hay un pasaje en la Escritura que plantea la siguiente reflexión: “Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, … a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? (1 Juan 4:20). Está claro que amar a Dios es amar al prójimo. Recordemos que Dios es amor (1 Juan 4:8), y que ” Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5), no tenemos falta de amor para amar, sólo tenemos que abrir las compuertas de nuestro corazón y hacer que este amor fluya hacía nuestros semejantes, respetando toda su creación, reconciliándonos con nuestros hermanos, haciendo todo lo que dependa de nosotros para poder estar en paz con todo el mundo. (Romanos 12:18)

Para ir concluyendo podríamos decir que estamos amando a Dios cuando estamos amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El amor se manifiesta en las buenas acciones, más que en las buenas intenciones. Jesús habló de mandamientos y no de “sugerencias”. En el libro de Juan hay un versículo en donde podemos apreciar que Jesús dice claramente que los que obedecen sus mandamientos son los que verdaderamente lo aman. (…” El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” – Juan 14:21&quotGrandes Mandamientos ( Mr. 12.28-34)Grandes Mandamientos ( Mr. 12.28-34). Recordemos que Dios es amor, y el amor nunca dejará de ser (1 Corintios Cap. 13) – Amén.

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