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Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

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Buenas, como estan? Estos son los mas grandes disparates y confusiones de la medicina en la historia!

Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

Drapetomanía o la supuesta enfermedad mental que padecían los esclavos negros del siglo XIX. Consistía simple y llanamente en mostrar “ansias de libertad”.

En 1851 el doctor Cartwright de la Lousiana Medical Association, definió la drapetomanía como un – trastorno mental que explicaba la tendencia a escapar de las plantaciones de ciertos esclavos negros-.

Este mismo iluminado, con el apoyo de sus colegas de profesión, describió otra enfermedad que afectaba sólo a la raza negra, la “dysaethesia aethiopica” (conocida popularmente como la “pereza de los esclavos”). Este trastorno explicaba la negligencia laboral de los negros, y al igual que la drapetomanía, tenía tratamiento….. a base de azotes con una cinta de cuero, o prescribiendo la amputación de ambos dedos gordos del pié. 


desaciertos

Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

El biberón “Alexandra” también llamado “mi pequeña mascota”, fabricado en Londres en 1880 fue muy popular, el bebé podía alimentarse solo mucho antes de tener la edad suficiente para sostenerlo entre sus manos.

Consistía en una botella de cristal con un tapón al que se acoplaba un tubo de goma en un extremo, se colocaba una “pajita” también de cristal y en el otro una tetina.

El tubo de goma era un área de recolección de bacterias mortales y en poco tiempo, “mi pequeña mascota” pasó a conocerse como “The Killer” o “El Asesino”. El diseño de la botella era imposible de mantener limpio, y aunque fue abiertamente condenado por gran parte de la profesión médica de la época, se siguió vendiendo bien entrada la década de 1920.

La tasa de mortalidad infantil en aquella época, era muy alta. Aproximadamente la mitad de todos los bebés nacidos vivos, morían antes de su primer año de vida y sólo dos de cada diez llegaban a los dos años de edad. El saneamiento era deplorable, la higiene era prácticamente desconocida y la gente aun no entendía el valor de la esterilización.

verdades

Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

El paroxismo histérico, un espasmo nervioso causado por un masaje pélvico que un –respetado- doctor aplicaba a cientos de mujeres que padecían “histeria femenina”….se frotaba las manos con aceites aromáticos y masajeaba las partes más delicadas de la mujer para estimular el sistema nervioso y relajar tensiones.

El paroxismo era una especie de estallido nervioso, en el que era frecuente que como consecuencia del mismo se agitara la respiración, se ruborizara la señora, sudara, se retorciera, gritara e incluso dijera cosas extrañas. Por supuesto, estaban convencidos aquellos señores, no producía placer alguno pues la mujer era incapaz de sentir tal cosa sin la penetración de un hombre.

Aparentemente llegó a creerse en el siglo XIX que tres cuartos de las mujeres de Londres sufrían de tal epidemia, y en consecuencia los doctores eran víctimas de calambres en las manos pues imagínese, dando masajes pélvicos de 8 a 12 y de 2 a 6 ¿quién les podría juzgar? Se inventó entonces, en 1880, el masajeador eléctrico, éste se popularizó de tal manera que comenzó a ser vendido en modelos portátiles, convirtiéndose en uno de los primeros electrodomésticos en entrar a los hogares, incluso antes de las tostadoras, aspiradoras y planchas eléctricas.

cura

Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

Colocado en la cabeza, este gorro de lino se creía que podía curar las convulsiones, provocadas tal vez por la epilepsia.

Fechado en 1931-1957. Las ilustraciones, muestran a la Virgen con el niño, la conocida escena de la visita de los Reyes Magos o a San Valentín en una tumba de cristal y un monje rezando.

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Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

Recipiente de un boticario del siglo XVIII en cuyo interior hay restos de “polvo de momia”.

Durante el siglo XII los viajeros que habían visitado Egipto, hablaban maravillas sobre los poderes curativos que proporcionaba el polvo de los cadáveres momificados, que en ese momento se encontraban por miles. Aunque la gran demanda y el valor que llegaron a tener llevó a la picaresca de crear un mercado de “falsas momias” de esclavos en su mayoría y con tan solo tres o cuatro años de antigüedad.

Ingerir este tipo de “medicamento milagroso” no debía de dejar un buen sabor de boca en la persona que lo tomaba, para aplacar el repugnante sabor los boticarios solían diluir esta pasta en sustancias líquidas como el vino o el agua incluso a veces se utilizaba un poco de miel para endulzar el rancio sabor….

Además de sus aplicaciones “curativas”, el polvo de momia también fue utilizado para la creación de ungüentos y cosméticos para la mujer.

Aunque hay escritos en los que ya se menciona mucho antes… En el I d. C., Diodocorides cita por primera vez, en su tratado médico” De Materia Medica” la utilidad farmacológica del «polvo de momia»; este preparado, en mayor o menor grado, se ha venido empleando hasta el siglo XX y fue un componente importante de las fórmulas en personajes tan destacados como Ibn Sina (Avicena) o en Europa, F. Bacon y G. de la Fontaine en el XIV, P.A. Mattioli y A. Thevet por nombrar algunos de los más relevantes.

historia

Grandes desaciertos en la historia de la medicina.

Kit para administrar “enemas de humo de tabaco” y poder reanimar a las víctimas de ahogamientos.

Se insertaba un tubo rectal a través del ano, este se conectaba a un fumigador y luego al fuelle que movilizaba el humo.

Proporcionados por la Royal Humane Society de Londres, estos maletines de primeros auxilios, se colocaron en varios puntos a lo largo del río Támesis en la década de 1773 para intentar resucitar a los ahogados a través de la estimulación.

Esta técnica fue practicado por primera vez por los grupos indígenas de América del Norte

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La extracción de la piedra de la locura.

El “cirujano” está “operando” en una feria, lleva lentes, un símbolo de los estudiosos de aquella época. Hace una incisión en la frente del paciente que se encuentra atado a una silla. A su lado, una mujer mayor ayuda a sujetar la cabeza. A la derecha del cirujano se ve un bramante que sujeta distintas piedras de un tamaño parecido, la prueba para los clientes dubitativos de los éxitos en operaciones anteriores, ya sean piedras de la locura o cálculos urinarios. Detrás de la señora mayor, una mujer joven parece preparar un ungüento o pomada mientras que el último personaje, probablemente el siguiente candidato para la trepanación, está arrodillado, con los ojos cerrados vueltos al cielo.

El motivo del cuadro, responde a la creencia medieval de que la demencia devenía de una obstrucción cerebral, provocada por la acumulación de piedras en el interior de la cabeza. Tal creencia fue aprovechada por charlatanes timadores y otros «cirujanos barberos».

Se han descrito concreciones calcáreas, calcificaciones, en el cerebro, originadas por algunos casos de cáncer, hematomas subdurales… es posible que el descubrimiento de una de esas estructuras minerales en el cráneo de un paciente afectado de demencia creara la leyenda de la “piedra de la locura”.

Esta obra llamda “El Cirujano” es una pintura al óleo de Jan Sanders van Hemessen pintada ende 1555 . Conservado en el Museo del Prado de Madrid.

pasado

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En 1898 once días después de lanzar al mercado la conocida Aspirina, los laboratorios Bayer empiezan a comercializar un nuevo y revolucionario producto: Heroína. Su nombre quizá se deba a lo “heroico” que decía sentirse todo aquel que la probaba.

En España el -Jarabe Bayer de Heroina- se prescribía como analgésico y antitusivo para niños, mientras que a nivel mundial se promocionaba como sustituto ideal para la morfina, (utilizada unos años antes), ya que carecía de sus molestos efectos sedantes.

A principios de 1900, algunas sociedades filantrópicas de EEUU llegaron a distribuir muestras gratuitas de heroína vía correo, para los adictos a la morfina que deseaban rehabilitarse.

No será hasta años después cuando se descubra que la heroína no solo no es inocua, sino que resulta aún más adictiva que la propia morfina.

En 1913 Bayer detuvo la producción de heroína y borró todo este embarazoso asunto de sus archivos.

Sin embargo la aspirina, que pasó mas desapercibida, hoy día está considerada probablemente el medicamento más utilizado de todos los tiempos.

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Cocaína en gotas para el dolor de muelas, que según este anuncio, podían administrarse incluso a niños.

En 1900 EE.UU. cualquier farmacia vendía libremente medicamentos a base de opio, morfina y cocaína.

Aunque la cocaína conlleva indudables riesgos, toda la clase médica, casi sin excepción en aquella época, apenas prestaba atención a esos peligros, al lado de las ventajas que ofrecía como anestésico y como agente euforizante.

En 1914, fue aprobada la Ley Harrison y la cocaína se convirtió en una sustancia regulada.

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George Washington murió en gran parte debido a su tratamiento a base de sangrías, resultando en una combinación de shock debido a la pérdida de cinco pintas de sangre, así como la asfixia y deshidratación.

El 12 de Diciembre de 1799 se sintió algo resfriado. Ante la sugerencia de su secretario para que tomara algún medicamento, respondió con sorprendente ronquera: “Sabes que nunca tomo nada para el resfriado. Como ha venido se irá”.

Pero, lejos de mejorar, el sábado se sintió febril, apenas podía hablar y respiraba con dificultad.

El doctor James Clark, que había servido junto a Washington en mil batallas y era el médico de la familia, decidió que el tratamiento más adecuado sería UNA SANGRÍA, que realizó el capataz de la granja, de reconocida habilidad en estos procedimientos.

Horas después la situación clínica empeoraba a pesar del tratamiento, por lo que el Clark indicó un nuevo preparado, con té y vinagre, para que el paciente hiciera gárgaras, y como no… OTRA SANGRÍA.

Alrededor de las once de la noche se encontraba casi agónico. Clark solicitó ayuda a los doctores Brown y Dick, y mientras esperaba a sus colegas REPITIÓ LA SANGRÍA, sin resultados positivos.

Se indicó una CUARTA SANGRÍA a las tres de la tarde del 14 de diciembre de 1799 que produjo devastadores efectos.

Eran las últimas horas de vida. Washington casi no podía respirar y la anemia producida por la salida masiva de sangre agravaba aún más la situación que desembocó penosamente en su fallecimiento a las diez y veinte, después de dieciséis horas de agonía.

En la imagen, una litografía titulada: “Vida de George Washintong. La muerte cristiana”, donde aparecen representados los familiares de Washington y el personal que lo asistió en sus últimas horas. En las caras de los médicos se refleja la preocupación sobre la salud del primer Presidente de los Estados Unidos, fallecido horas después, sin que éstos tuvieran un consenso absoluto sobre el diagnóstico y, sobretodo, el mejor tratamiento de la enfermedad…

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Enrique II, durante un torneo en el que participaba, una astilla de la lanza de su oponente penetró a través de su ojo hasta su cerebro.

Malherido, se puso al monarca en manos de los mejores médicos y cirujanos.

La trepanación del cerebro del rey como única opción, no era tarea fácil, por lo que se tomaron algunos “voluntarios” para poder practicar antes. Un grupo de condenados a muerte fueron seleccionados para que prestaran su cabeza para la prueba. Reprodujeron el daño que tenía el rey, metiéndoles una astilla por el ojo y luego intentaron solucionarlo. Ninguno de ellos sobrevivió. Por cierto, tampoco el rey superó el trance.

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