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Grabo su propia muerte

Uno de los cuatro jóvenes que se calcinaron el 28 de octubre de 2014 grabó el pavoroso final. Se incumplieron los protocolos de seguridad. Los familiares exigen “verdad y justicia”. ATENCIÓN: algunas imágenes de los videos puede herir su sensibilidad.

“­Corré, Vilte, corré… Corré, la puta madre… Corré!”. El fuego los empieza a devorar. El estrépito de las llamas crece. Los gritos son desgarradores. El celular de Martín Albarracín graba las espeluznantes escenas con secuencias caóticas. El empieza a quemarse e intenta, desesperadamente, ponerse un guante.

En una imagen invertida, el teléfono muestra a dos de sus compañeros atrapados entre los ardientes arbustos. A uno de ellos, el encargado de la cuadrilla, Víctor Ferreyra, se lo ve con casco rojo. Otro brigadista aparece sin casco. A pocos metros, con su espalda flameante, Martín se desploma.

El teléfono sigue filmando, inmutable. Se ve pasar a otro brigadista, tambaleante. Su ropa, supuestamente ignífuga, arde, y él lucha contra las llamas que la consumen. En segundos, la lente del celular empieza a derretirse. Las imágenes se desvanecen. El horror, no.