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Fin de Ciclo: La Cámpora trata de salvarse

La Cámpora trata de salvarse

La agrupación kirchnerista ya imagina un futuro fuera del poder. Organismos descentralizados, bancas e intendencias son algunos de los refugios elegidos. El frente judicial inquieta a sus dirigentes.
Fin de Ciclo: La Cámpora trata de salvarse

No está todavía registrado en los libros de historia cuándo fue el comienzo, pero sí cuándo fue lo que para muchos podría significar el fin: la derrota del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires. Es que La Cámpora, la guardia pretoriana que cuida a la Presidente y a la fe K, se enfrentará a partir de diciembre a un fuerte dilema: ¿podrá sobrevivir en el ostracismo del poder?

Para estos no tan jóvenes ya poco importa que gane Mauricio Macri o Daniel Scioli. En esta semana se terminó de develar cómo será el próximo Presidente. Lo que resta es el quién. Y en el esquema del “cómo” será el reemplazante de Cristina, La Cámpora no tiene nada que ver.



Saber cómo será el nuevo Presidente es sencillo: basta con solo encontrar las coincidencias entre los dos candidatos. Así, se sabe que no habrá más cadenas nacionales pero sí conferencias de prensa; que se negociará con los holdouts; que se medirá la pobreza; que algunos jubilados -no se sabe cuántos- cobrarán el bendito 82% móvil; que la lucha contra el narcotráfico será una prioridad; que el dólar oficial no será más un número ficticio en una brecha superior al 50% con el paralelo; que seguirán los planes sociales; que se privilegiarán las relaciones con los EEUU y la Unión Europea y que continuarán siendo estatales “pero más eficientes” YPF, el Fútbol para Todos y el sistema jubilatorio, etc.

El panorama del nuevo gobierno no tiene nada que ver con La Cámpora. Scioli no incorporó a nadie de la agrupación en su efímero hipotético gabinete previo a la primera vuelta. Es por eso que ya en junio en el armado de las listas previeron el destierro: coparon los principales lugares en las postulaciones legislativas y soñaron con sobrevivir los cuatro años fuera del poder nacional detrás de Aníbal Fernández en la provincia.

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Lo primero lo lograron: Máximo Kirchner, Andrés Larroque o Eduardo “Wado” de Pedro no son los únicos que continuarán o se convertirán en diputados, en este caso, nacionales a partir de diciembre. Los habrá también con origen camporista en la Legislatura bonaerense, la geografía donde más poder concentrará la agrupación: seguirá el controvertido José Ottavis, el boquense Santiago Carreras (como senador), más Rocío Giaccone de Junín; Lucía Portos; Alberto “Cucho” España (tío de “Wado” de Pedro); Miguel Funes; Jorge Romero, de Florencio Varela -con especiales funciones de tesorero-; José Ignacio “Cote” Rossi, de Chascomús; Rogelio Iparaguirre, de Tandil, y Juan Manuel Pignocco, entre otros. En las intendencias, alcanzaron su mayor éxito territorial en Moreno con Walter Festa -hombre de Ottavis- y en Mercedes con Juan Ustarroz, primo de Wado de Pedro y hermanos de crianza (los padres de De Pedro fueron desaparecidos por la dictadura y él fue criado por su tía, la madre de Ustarroz). Y perdieron en San Fernando con Matías Molle y en Lujan con Leonardo Botto. Poco, muy poco, para todo el poder que los camporistas tienen hoy.

La inesperada derrota del FpV en la provincia de Buenos Aires obligó a trastocar todos los planes. La idea original de Ottavis, recitada en Recoleta a varios intendentes del Conurbano, champagne en mano, era atrincherarse en Buenos Aires. La victoria de María Eugenia Vidal curiosamente le impidió a Ottavis padecer su triste futuro: Fernández jamás pensó en nombrarlo en su hipotético gabinete, como él soñaba. El único joven camporista que podría haber recalado en La Plata era Emanuel Álvarez Agis, actual viceministro de Economía, famoso por haber nombrado a su pareja en la Subsecretaría de Planificación Económica y a su hermana como coordinadora de la Secretaria Legal y Técnica del Ministerio.

Sumando y restando nombres y espacios de poder, terminamos en el papelón del último miércoles en el Congreso. Los camporistas que no lograron un conchabo oficial a partir de diciembre comenzaron a buscar a lugares a donde refugiarse. Dicen los “peronistas K no C” (peronistas kirchneristas no camporistas) que Julián Álvarez, quien fuera secretario de Justicia y en la realidad ministro de la cartera, en su conocido hiperquinetismo convenció personalmente a Cristina de su nombramiento junto a otro camporista, entonces presidente del Banco Nación, Juan Forlón, amigo de la adolescencia de Máximo, para sumarse 24 horas después a la Auditoría General de la Nación.

Algo de cierto debe tener el relato, porque, de otra manera, Juliana di Tullio por un lado y Julián Domínguez por otro le hubieran entregado en bandeja de plata las cabezas de Álvarez y Forlón a los gobernadores peronistas que serán diputados a partir de diciembre, cuando en el mediodía del miércoles llamaron al Congreso indignados por lo que sucedía. “Es una orden de ella”, dicen que le contestaron al sanjuanino José Luis Gioja (a propósito: Gioja no anda con buena suerte. En la previa de la reunión de gobernadores de Tucumán tuvo una fuertísima discusión con Aníbal Fernández. El jefe de Gabinete le recrimino sus críticas hacia su postulación bonaerense recordándole financiamientos electorales pasados. Fin de la historia).

Lo de Álvarez es a la política lo que Diego Ceballos al fútbol. En el último mes no pegó una: hizo correr al intendente de Lanús Darío Díaz Pérez de la interna para perder con Néstor Grindetti (difícil de explicar para un peronista una derrota en ese territorio del Conurbano), fue el autor del sistema de subrogancias que la Corte Suprema tiró a un tacho de basura y que le trajo más problemas que soluciones a Cristina, y promovió el escándalo en Diputados del último miércoles, para tristeza y preocupación de un a esta altura ya curado de espanto Daniel Scioli.



En el listado de desocupados camporistas también se encuentra Mariano Recalde, desesperado por mantener su sillón en Aerolíneas Argentinas, agazapado ahora buscando algún organismo de control donde recaer, como Álvarez. Recalde, recordemos, tampoco tuvo suerte con las urnas, en la Capital, dejando al FpV fuera del ballotage por la jefatura de Gobierno local.

Hay más camporistas hoy muy poderosos que también deberán buscar trabajo, aunque Scioli llegue a Presidente: Juan Martín Mena, número dos de la ex SIDE, y toda la Unidad Básica “Banco Nación y Nación Fideicomisos”, donde desde su vicepresidente ahora a cargo de la presidencia, Enrique Arceo y buena parte del staff político de los fideicomisos, están en manos de la agrupación.



Otros sueñan con atrincherarse en sus cargos, argumentando tener mandatos con vencimientos posteriores al 10 de diciembre, como el titular de la AFTIC, Norberto Berner. También su segundo, Nicolás Karavaski. O el Presidente de Arsat, Matías Bianchi Villelli, muy cercano a Kiciloff, y su vicepresidente Guillermo Rus. Sin olvidarnos de Ignacio Saavedra, número dos de Martin Sabatella, en el Afsca. Todos organismos clave en la relación de los medios de comunicación y las empresas de telecomunicaciones con el Gobierno.



El listado sigue y es interminable. Revela que el segundo mandato de Cristina tuvo pocos peronistas, apenas algunos kirchneristas y camporistas por todos lados: Berner, antes de la Secretaría de Comunicaciones, estaba en la Inspección General de Justicia, donde fue reemplazado por otro “C”, Luis Rodolfo Tailhade (que responde a De Pedro); Juan José Carbajales y Jorge Seoane, en Enarsa; Juan Manuel Abud, en Cammesa; Paula Español, actual subsecretaria de Comercio Exterior; Gustavo Lipovich, en la Orsna; el titular de Télam, Santiago “Patuco” Alvarez y su director, Fabián Rodríguez. La lista sigue, hasta con la creación de nuevos entes, como el Enaded (Ente Nacional de Desarrollo Deportivo) con media sanción de Diputados, propuesto por el camporista Mauricio Gómez Bull, en reemplazo de la Secretaría de Deportes. Su objeto es cobijar a cientos de contratados.

Sin embargo, la mayor preocupación camporista no viene directamente de la política sino del frente judicial. Los ejemplos de que la mala suerte viene junta son varios para el camporismo, en cualquier ámbito. Esta semana Santiago Carreras, el principal operador de Máximo en el futbol, fue bajado de la lista de Víctor Santamaría de la interna boquense. Es verdad que Santamaría buscaba un acuerdo con José Beraldi -antes que el transportista cierre uno propio con el macrismo- pero no menos cierto es que Jorge Amor Ameal, otro candidato “xeneize”, no quiere saber nada con llevar camporistas en la boleta. Todavía sigue pensando que perdió con Daniel Angelici en el 2011 por haber sido identificado con el mundo K.

Pero la cuestión es que Carreras también ha sabido moverse y se transformó en los últimos meses en uno de los principales impulsores de la llegada de Marcelo Tinelli a la AFA. En la guerra por la conducción del fútbol todo se confunde: Carreras está con Tinelli. Su club (Boca) con Segura. Y su jefe político, Máximo, también con Segura, ya que mandó al presidente de Racing, Víctor Blanco, a apoyarlo, pese a los esfuerzos que hace el ex K y ahora totalmente naranja Diego Bossio.

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