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Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

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Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

Hola Linces, ahora que hay muchas protestas de que en T! ya se terminó la “Inteligencia Colectiva” porque X o Y usuario sólo suben el famoso “CRAP” me uno a la causa poniendo un granito de arena. Pero recordemos que Taringa ya abandono el famoso “slogan” “INTELIGENCIA COLECTIVA” por una razón y esa fue porque el giro que pretendió T! fue el de convertirse en una red social mas pero con una dinamica muuuuuuuy diferente a las demás. Aquí los (virgos) taringueros se reunen para aportar entre todos un poco de todo. Tenemos noticias, tutoriales, cine, cultura, humor y mucha diversión del bardo en los craps Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

Yo creo que esto es lo que hace única a esta comunidad y con eso en mente entro en el tema del post: Yo sé que Taringa y la proclastinación van de la mano pero esto se convierte en un verdadero problema cuando simplemente no podemos dejar de tirar el tiempo valioso que se nos dá para cada día en virguear a lo grande con el crap. Por eso hago este post con el deseo de que aproveches mejor tu tiempo y puedas seguir taringueando a lo bestia Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

Bueno, mantengamos la calma. Estamos ante un problemón de campeonato, pero no hay que alarmarse. Lo que hay que hacer es actuar para mejorar. Porque procrastinar, lo que se dice procrastinar, alguna vez lo hacemos todos: tú, yo, él, ella y ese de al lado. Eso sí, unos bastante más que otros, y algunos, con una dedicación digna de mejor causa. Los jóvenes lo hacen más que los mayores, y las personas impulsivas o muy emocionales más que las racionales. De donde se desprende que los jóvenes muy emocionales son maestros entre los maestros en esa conducta. Ver a algunos de ellos procrastinando a lo loco hasta podría producir gracia, si no causara preocupación.

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Pero los procrastinadores no tienen por qué ser vagos que no quieran hacer nada. Los hay vagos y los hay que no lo son en absoluto. En el fondo, a estos últimos les gustaría hacer lo que deben, pero no lo hacen en el momento adecuado: alteran sus órdenes de prioridad y se desvían con minucias, porque cualquier cosa es una poderosa tentación. Dejan que el entorno, y no ellos, marque su ritmo personal y altere sus metas.

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El reloj avanza, el tiempo se agota y el agobio hace aún más duro arrancar, por lo que alivian la presión haciendo como que hacen, ocupándose de cosas insignificantes o refugiándose en el entretenimiento para anestesiar su malestar difuso, siempre con la promesa ficticia de que “en cuanto acabe esto, ya me pongo en serio”.

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La proclastinación está en el cerebro

Uno de los principales problemas de la procrastinación es su práctica invisibilidad en el momento en que está ocurriendo. Suele estar camuflada bajo un montón de malas excusas. Y lo cierto es que, para combatirla, el primer paso es evidente: reconocerla. Pero hay procrastinadores que no lo reconocerían ni a rastras. Prefieren refugiarse en la cantilena de problemas e inconvenientes de todo tipo, y luego buscar pseudoargumentos que enmascaren su problema. Veamos algunos de los más frecuentes:


“Soy más creativo bajo presión y así me va bien”.

Es indudable que toda la creatividad que surja en estas personas será bajo presión, porque no tienen alternativa. Esta creatividad podrá consolar, pero, en términos generales, no aguanta la comparación con la que nace libre de coacción temporal. Las buenas ideas necesitan reflexión, preparación e incluso su largo periodo de incubación, y eso no suele ocurrir bajo presión.

“Soy más eficiente en el último minuto y así me va bien”.

¿Qué alternativa queda? ¿Optimizar esa supuesta eficiencia apurando plazos, pero arriesgándose a no llegar a tiempo? ¿Cuál es el límite: el último día, la última hora, el último minuto? ¿Es esa una opción o habría que convenir en que la acumulación gradual y temprana de trabajo ofrece una seguridad que jamás podrá ofrecer el último minuto?

“Soy muy perfeccionista, por eso tardo en acabar, y así me va bien”.

Los estudios han demostrado que el perfeccionismo apenas produce una dosis significativa de procrastinación. Por el contrario, los auténticos perfeccionistas, esmerados, ordenados y eficientes, no tienden a desviarse de sus objetivos ni a distraerse así como así. Es decir, la mayoría de las veces esa es una mentira piadosa.

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El antídoto de la procrastinación

Hay tres claves esenciales para atajarla:

  • Saber que uno procrastina, reconocerlo, querer dejar de hacerlo y estar vigilante para evitarla allá donde se presente.
  • Tener un modelo ágil y eficaz de asignación de prioridades a las tareas.
  • Manejar adecuadamente los factores que influyen en la motivación para elevarla, ya que a más motivación, menos riesgo de procrastinación. Y a la inversa. Esta es una idea esencial: motivación y procrastinación son conceptos contradictorios; una crece cuando la otra disminuye.
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¿Cuáles son las situaciones críticas en las que todos, procrastinadores extremos y quienes no lo son, podemos vernos enfrentados a situaciones de alto riesgo de procrastinación que conllevan? Son estas:

  • Las tareas que no disfrutamos.
  • Las tareas para las que no tenemos habilidad.
  • Las tareas que no compensan por su gran dificultad.
  • Las tareas que no compensan por el escaso reconocimiento previsible.
  • Las tareas no previstas en nuestras agendas o planes.
  • Las tareas que no comprendemos bien.
  • Las tareas referidas a situaciones confusas y mal definidas.


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10 formas de luchar contra la procrastinación

  • Establecer metas. Las metas generan espirales de éxito muy eficaces. ¿Cómo deben ser? Específicas (no tan genéricas que no muevan a la acción), secuenciadas (parciales, pero dentro de una senda global), accesibles (pero no tan ínfimas que no supongan progresos) y temporalmente realistas. Además, mejor de acercamiento que de evitación o negativas.

  • Tomar decisiones y comunicarlas. Las decisiones formales y explícitas ayudan a doblegar el sistema límbico: la parte planificadora de nuestro cerebro se impone así a la impulsiva. El compromiso es más difícil de incumplir cuando hay una resolución solemne y pública.
  • Apoyarse en rutinas positivas para automatizar el trabajo y alejar tentaciones. Las rutinas son apoyos esenciales de los objetivos a largo plazo, porque, al automatizar el trabajo, alejan tentaciones y distractores. Cualquier procrastinador puede rendir tanto como quien no lo sea, siempre que se agarre a las rutinas. Evitar las excepciones impide que se conviertan en reglas, porque la primera dilación es un camino abierto a la segunda.
  • Romper la barrera del minuto -1. La verdadera barrera que hay que romper es el minuto anterior a comenzar a trabajar. Ese es el gran obstáculo. Si se supera esa gran barrera inicial, todo resultará más llevadero y se habrá evitado el mayor riesgo de procrastinación.
  • Evitar las tentaciones para evitar los peligros. Distanciar las tentaciones (tareas o distracciones alternativas) multiplica su demora de satisfacción y reduce su poder motivador. Siempre es bueno interponer obstáculos entre el trabajo y la tentación. La técnica del envoltorio consiste en pensar en la tentación como algo lejano, abstracto, incierto, indefinido, sin dejarse atrapar por sus detalles más atractivos (como si en lugar del sabor y la textura del chocolate fuéramos capaces de visualizar solo una caja de bombones envuelta en papel opaco).

  • Anotar ideas para expulsarlas de la mente. Anotar las ideas ajenas al tema en el que se trabaja evita un gran riesgo de desconcentración y de procrastinación. Como es difícil suprimir los pensamientos a pura fuerza de voluntad (si nos obligamos a no pensar en algo, probablemente acabemos pensando en ello más aún), necesitamos la ayuda del taco de notas, que los echa de la cabeza y evita que se nos queden flotando.

  • Buscar la cara agradable de lo desagradable. Así se eleva la valoración de las tareas duras y, por lo tanto, su escaso poder motivador. Manipular mentalmente la tarea y asociarla a algo que nos resulte agradable eleva la motivación. Además, autopremiarse y autohalagarse potencia la autosatisfacción.
  • Visualizar los logros deseados para vivirlos por anticipado. Recrear situaciones de forma intensa hace que nuestra mente se active y genere una especie de imagen como si se hubieran producido tales logros. Si somos optimistas y visualizamos activamente las metas, habremos dado un paso hacia ellas. Por el contrario, tener miedo a fallar incrementa las posibilidades de fallo.
  • Evitar los argumentos autoabsolutorios o autopermisivos. Si decimos “no pasa nada por un día que me retrase, tengo tiempo”; “miro Taringa!, pero solo cinco minutos”; “ya empiezo mañana, que es lunes”, no nos miramos en un espejo real ni daremos pasos hacia el cambio correcto.

  • Combatir el aburrimiento. El aburrimiento empuja de cabeza hacia la procrastinación. Hay pautas para inflar artificialmente el interés de las tareas: cambiando la manera de abordarlas, marcando pequeños hitos, recortando los tiempos de las tareas parciales como en una autocompetición, conectando mentalmente la tarea pequeña en un todo mucho más importante. Enganchar las tareas en otras de superior rango y de mayor importancia es eficaz. Y, desde luego, el cansancio es un factor que multiplica el desinterés y reduce la capacidad de esfuerzo.
  • Todas estas pautas son eficaces, lo que no quiere decir que sean sencillas de implementar o manejar con maestría. Lo que interesa es que nuestros hijos las conozcan y que, para su puesta en práctica, reciban nuestra ayuda. El tema no es simple, porque la tendencia a la procrastinación está muy arraigada en nuestro cerebro; de hecho, podríamos decir que es natural. Pero es una batalla que merece la pena emprender.

El premio es mejorar sustancialmente la forma de trabajar. Y sufrir mucho menos, para qué negarlo.

Ahora ya lo sabes papu, trabaja en estos puntos para ser más productivo y te encamines hacia tus metas y sigue disfrutando de taringa a lo grande lince.

Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

Por ultimo, les dejo estos audiolibros (si, yo se que somos bien perezosos NIVEL 5 para leer Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva ) para que te ayuden a formar mejor tus metas Evita La Procrastinación: Un Poco De Inteligencia Colectiva

CINCO CLAVES PARA EL ESTABLECIMIENTO DE METAS – BRIAN TRACY