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Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Indudablemente, las futuras guerras serán por el control del agua potable y alimentos.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Tal aseveración la confirma el informe elaborado por el ejército canadiense, titulado “El Contexto de la futura seguridad 2008-2030”, en que anticipan ciertas propuestas para atenuar y contrarrestar parte de lo que ya se presagia ocurrirá.

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Según revela el documento: “Las Fuerzas Armadas se están preparando para responder a los cuatro rincones del planeta, debido a las guerras regionales y eventuales hechos violentos por la competencia de los recursos naturales.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Las futuras operaciones militares debidas a la multiplicación de motines provocados por el hambre darán lugar a intensos combates”.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

En el futuro las guerras o amenazas de guerras ya no sólo se darán entre las naciones por el petróleo sino por el agua, si persiste la “inercia de los dirigentes”.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

La crisis mundial del agua cobrará en los próximos años proporciones sin precedentes y aumentará la creciente penuria de agua en muchos países en desarrollo, según un informe de las Naciones Unidas.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Señala el documento que los recursos hídricos disminuirán continuamente a causa del crecimiento de la población, de la contaminación y del previsible cambio climático.

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El Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos ofrece la visión panorámica más exhaustiva del estado del agua en nuestros días. Publicado en vísperas del tercer Foro Mundial del Agua, que se celebrará del 16 al 23 de marzo en Kyoto, Japón.

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“Ninguna región del mundo podrá evitar las repercusiones de esta crisis que afecta a todos los aspectos de vida, desde la salud de los niños hasta la capacidad de las naciones para alimentar a sus ciudadanos”, ha subrayado el director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura.

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“Los abastecimientos de agua disminuyen, mientras que la demanda crece a un ritmo pasmoso e insostenible.

Se prevé que en los próximos 20 años, el promedio mundial de abastecimiento de agua por habitante disminuirá en un tercio”.

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“Los más afectados siguen siendo los pobres, ya que el 50% de la población de los países en desarrollo está expuesta al peligro que representan las fuentes de agua contaminadas”.

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El estudio señala también que en los últimos 50 años el consumo de agua se duplicó. Los niños nacidos en países desarrollados consumen entre 30 y 50 veces más agua que los nacidos en países en desarrollo.

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Entre tanto, la calidad del agua sigue empeorando.

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La triple frontera.

Desde el Río Bravo hasta la Patagonia, existen varios puntos geográficos caracterizados por la convivencia fronteriza de tres países, pero ninguno tan famoso como el de la Triple Frontera, denominada así por antonomasia, entre Paraguay, Brasil y Argentina.

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Su notoriedad, actualizada por los medios de comunicación durante los últimos tiempos, tiene causas explícitas y otras, que ladinamente esos mismos medios de comunicación, han intentado oscurecer o solapar.

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En el ambiente de la euforia imperial expresada en las estrategias de “guerra preventiva” y enfrentamiento al terrorismo, la zona de la Triple Frontera ha sido incluida dentro de las listas negras del “mal” que Estados Unidos ha elaborado para intimidar, propagandizar, y en última instancia, intentar legitimar ante el mundo, potenciales intervenciones armadas directas en esos “oscuros rincones”, donde les convenga dejar caer su poderío.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Tal como lo han hecho en Afganistán e Irak.

Para Estados Unidos, la Triple Frontera representa un anhelo cada vez más codiciado.

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En el corazón de este punto fronterizo se encuentran las famosas cataratas de Iguazú que comparten Brasil y Argentina dentro de su territorio, y junto a esta maravilla, o más bien por debajo de ella, se extiende hacia los tres países, una de las mayores reservas subterráneas de agua dulce del mundo, a la que los expertos le calculan unos 50 000 kilómetros cúbicos de agua.

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El Acuífero Guaraní, denominado así en homenaje al pueblo originario que ocupó mayoritariamente este territorio antes de la llegada de los europeos a América, está situado entre los paralelos 16º y 32º de latitud Sur y los meridianos 47º y 56º de longitud Oeste, se extiende por las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay.

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Tiene una superficie aproximada de 1.194.000 kilómetros cuadrados, de los cuales 839.000 corresponden a Brasil, 226.000 a Argentina, 71.700 a Paraguay y 59.000 a Uruguay.

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La recarga del acuífero, se estima entre 160 y 250 kilómetros cúbicos por año y solo 40 kilómetros cúbicos por año podrían abastecer diariamente a 360.000.000 de personas con una dotación de 300 litros por habitante.

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En el mundo actual, amenazado por una escasez fatal de las disponibilidades de agua dulce, este recurso que prodiga la naturaleza de nuestro continente se convierte en una golosina demasiado tentadora.

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Esto explica realmente el creciente interés del poder imperial por establecer formas de control en la región que pasan por la intromisión de instituciones como el Banco Mundial, transnacionales que implantan sus raíces inversoras en la zona, hasta llegar a intentos no menos importantes, y algunos exitosos, por asegurar presencia militar norteamericana capaz de servir de garante de los intereses de Estados Unidos en este suministro acuífero.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

Es imprescindible evitar que se disfrace con vulgares pretextos, frutos de la imaginación paranoide y belicista del imperio, la ambición por los recursos de la biodiversidad de la Triple Frontera.

La voz de alerta debe ser extendida por nuestros pueblos para evitar que mañana este singular territorio, patrimonio de la Humanidad, sea blanco de un nuevo ejercicio militar del poderío norteamericano.

Estamos en peligro, y nadie hace nada.

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