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Estaba aburrido y loco y escribí un cuento – Otra vez

Otra vez



El día 20 de Noviembre de 1982, después de estar 15 años en prisión, acusado por un crimen que no había cometido debido a una falla en el sistema, el recluso #45192, o como antes se solía llamar, Juan Bautista “el gringo” Patterson fue liberado. No tenía familia, ni nadie que haya ido a buscarlo, por lo tanto, se fue caminando, solo. Los amigos que solía tener, ya lo olvidaron, o cada tanto un vago recuerdo aparecía y lo mencionaban en conversaciones como: “che y el gringo como andará?” y se limitaban a responder con un simple gesto de desinterés e incertidumbre al mismo tiempo, pero seguían con sus vidas normalmente.

Cuando llegó a su casa, lo único que hizo , fue acostarse a dormir. Él, tenía sueño. Un sueño profundo. Triste y solitario.

Más tarde, cuando Patterson despertó, se dio cuenta que estaba en su sótano, atado de piernas y brazos, con unos sujetos extraños observándolo, pero Juan, al estar en una profunda tristeza, poco se sorprendió. Intentó gritar, pero no pudo, simplemente las palabras no salían de su boca. Por la peculiaridad de seres que lo estaban vigilando, y él, sometido, se asombraba cada vez más cada segundo que transcurría. Ellos no lo estaban lastimando, solo lo miraban, con sus caras pesadas y sus ojos muy fijos en él. Se decían cosas a los oídos. Al rato se fueron, y Juan quedó solo en la oscuridad. Pensando en qué iba a ser de él y quiénes eran estas personas tan raras.

Pasaron aproximadamente 15 minutos hasta que estos dos volvieran. A penas entraron, lo desataron y le dijeron con voces un tanto agudas, que no lo iban a lastimar, que sólo querían ser sus amigos, y Juan, sin preguntas, les dijo que sí, y subieron a la cocina.

Al llegar arriba, Patterson estaba intrigado acerca de quiénes eran, pero no se atrevía a preguntar, cuando de repente, se dio vuelta y los seres empezaron a dividirse en dos y formar nuevas personas, la mitad del tamaño de los anteriores, y volvieron a hacerlo otra, y otra, y otra vez, hasta llegar a tener el tamaño de hormigas, solo ahí se escucho un gran coro diciéndole a Juan que no se asuste, que era su tamaño real, pero que querían ser amigos, si a él no le importaba. El ex recluso entró en pánico y salió corriendo despavorido; corrió durante un rato largo, del pavor que sufría. ¿Quiénes eran esos seres tan extraños? ¿Serían extraterrestres? Obnubilado por sus pensamientos, tropezó, y al caer se golpeó la cabeza con un árbol, quedando inconsciente.

Tras despertar se dio cuenta que estaba otra vez en el sótano, exactamente en el mismo lugar y atado de la misma manera, con los dos seres, otra vez mirándolo con machetes en sus manos. Cortaron las sogas con violencia, -Queremos ser tus amigos.- repitieron, en un tono poco amigable esta vez. Juan entró en pánico por la extrañeza de la situación y huyó. Logró escapar de nuevo, pero en esta ocasión , corrió en otro sentido, mas al cruzar la primer calle, un auto lo golpeó, no lo suficientemente fuerte como para matarlo, pero sí como para que perdiera la conciencia.

Cuando se despertó, asombrosamente ileso y sin ninguna molestia en su cuerpo, miró a su alrededor y vio que estaba en el mismo sótano, atado de la misma manera y con los seres, observándolo, otra vez.

Joaquín Soriano

29/08/2013

Pd: puede no gustar, pero siempre con respeto por favor. Gracias!

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