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Esparta, la Cuna de los Verdaderos Hombres.

Esparta, la Cuna de los Verdaderos Hombres.

Esparta fue vista desde la Antigüedad como modelo, como un ejemplo a seguir; y suscitaba y suscita un interés particular, cosa que ha llevado, en parte, a su mitificación. Esparta ha pasado a la historia como una polis un tanto peculiar en Grecia, en el sentido de que es considerada única en sus formas de gobierno y de división social. No se trababa de una gran ciudad, ya que Esparta apenas estaba urbanizada; no tenía murallas, ni grandes y suntuosos edificios públicos. Sin embargo la grandeza de su historia se corresponde a algunos aspectos fundamentales: a la excelencia de su clase dirigente, los homoioi o ‹‹iguales››, los llamados espartiatas, la composición y división estricta de su sociedad y su forma de gobierno. Para algunos griegos y romanos de la Antigüedad, como Platón, Aristóteles o Polibio, constituía el régimen político más completo, lo que se llamaba la mikté politeía, es decir, la constitución mixta, donde los tres tipos de poderes —monarquía, república y democracia— estaban equilibrados.

Esparta siempre había despertado un interés especial, y ya desde la Antigüedad los autores clásicos comenzaron a mitificarla. Efectivamente, Esparta fue idealizada de una manera sistemática por griegos y latinos hasta el punto de considerarla la polis griega perfecta por antonomasia, con unas costumbres ancestrales y con un régimen político estable y equilibrado en sus diversos componentes (los dos reyes, el consejo de ancianos y la asamblea). Sin embargo, Esparta no sólo despertó interés y admiración entre los escritores grecorromanos, sino que, como sucede con Atenas, siguió proyectando su larga sombra sobre el pensamiento occidental mucho después de finalizar la Antigüedad, hasta el mismo siglo XX. Primero, los humanistas la cogieron como ejemplo de un buen gobierno oligárquico; después fue tomada como ejemplo para las revoluciones americana y francesa del siglo XVIII y, como no podía ser de otra manera, fue concebida como ancestro y modelo para la Alemania nazi.

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INSTITUCIONES: Todas las leyes y la Constitución características de Esparta se atribuyen a Licurgo, aunque de su persona se sabe bastante poco. Unos dicen que viajó por todo el mundo conocido en su tiempo estudiando y comparando las leyes de distintos pueblos. Otros afirman que se inspiró en la vida de las abejas para componer sus leyes. Lo que está claro es que llevó a cabo una revolución legislativa en su ciudad, dándole un régimen diferente de todos los demás.

Licurgo, fue un legendario legislador espartano al que se atribuía la redacción de la Constitución de la antigua Esparta. Se lo empezó a nombrar en el s. VI a.J.C. Según la tradición, era el autor del código de costumbres que constituían las leyes tradicionales de los espartanos.

TIERRA Y POLÍTICA. Dividió la tierra en lotes iguales, capaces de producir mucho más de lo necesario para sustentar a una persona, y los repartió equitativamente entre los ciudadanos. Luego instauró un sistema político profundamente demócrata cuya norma fundamental, la llamada Gran Retra, era: “Que el pueblo tome las decisiones. Pero si se equivoca, rechácenlas los ancianos y los reyes”. Se hablaba de “los reyes”, en plural, porque una de las peculiaridades espartanas era que reinaban dos reyes simultáneamente, con lo que ninguno de ellos era monarca.

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Además, había un Senado o Consejo de Ancianos, compuesto por individuos respetados que formaban una especie de aristocracia popular. La manera de elegirlos tenía el encanto de los usos democráticos primitivos. Un grupo de jueces se encerraba en una especie de caseta sin ventanas, y el pueblo se congregaba a su alrededor. Los candidatos se iban presentando de a uno ante la asamblea popular. El pueblo los aclamaba sin mencionar sus nombres. Los jueces, desde su encierro, debían decidir cuál había sido el más aclamado, y ése era el elegido.

DINERO. Una de los mejores aportes de Licurgo fue la invalidación fáctica del dinero. Las monedas espartanas eran de hierro, pero ni siquiera valían su peso en hierro, porque se las templaba con vinagre para que el metal no pudiera reutilizarse. Además, eran tan grandes y pesadas que para transportar mil dracmas hacía falta una yunta de bueyes. Con eso se perseguían varios fines a la vez: anular la codicia —o, al menos, ponerla en evidencia, ya que un hombre rico necesitaba un granero para guardar su fortuna— dificultar los robos y mantener un sistema autárquico sin contacto con el mercado exterior. Además, era una forma de impedir el asentamiento en Esparta de extranjeros codiciosos, a quienes se veía con enorme recelo.

Esparta, la Cuna de los Verdaderos Hombres. FIDICIA. Otra de las instituciones de Licurgo fue 1 comida en público. Todos los hombres estaban obligados a pertenecer a un especie de sociedad gastronòmica formada por 15 miembros, a la que a aportaban en especie lo necesario cada mes: harina, vino, queso, higos y algo de dinero para carne. El plato imprescindible era su célebre “sopa negra” hecha de sangre, vino y vísceras dedo. Estos clubes tenían u nombre —fldicia— que significa ahorro, aunque la palabra también evocaba el concepto de amistad. Eran una vía para mantener la cohesión y la convivencia, así como una escuela para los más jóvenes. Además servían de control para 1 mantener alejada la gula, un vicio detestado en Esparta, y la obesidad, también mal vista. A pesar de la rigidez de sus leyes, Licurgo no debió ser un hombres severo. Fue él quien introdujo la estatua de La Risa, que presidía las fidicia.

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Leyes severas y arbitrarias Licurgo —arriba, su retrato—, implantó leyes severas. Un consejo de ancianos examinaba la salud de los bebés a nacer. Si no estaban sanos eran asesinados. Arriba, izquierda, un mosaico muestra el asesinato de Licurgo.

MILICIA, EL EJÉRCITO:

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A los veinte anos, el espartano recibe las armas de guerrero y y los primeros derechos políticos de ciudadano. Hasta los treinta años puede decirse que no es más que soldado. Aunque tenga la obligación moral de casarse antes de esa edad, tiene que vivir en el cuartel. Después de treinta años, es un ciudadano con pleno goce de sus derechos y dispone de un poco más de independencia, pero como puede ser movilizado hasta los sesenta años necesita autorización para viajar al extranjero o alejarse de la ciudad, pues cada noche debe participar de la comida común.

En mesas de quince personas, los espartanos cenan frugalmente, al lado de sus compañeros de combate. Cada uno debe pagar la cuota que le corresponda, bajo pena de ser relevado de su título de ciudadano tan duramente adquirido, y degradado a la categoría inferior. Libre de sus obligaciones militares a los sesenta años, puede vivir como le plazca. Es la edad de los honores, y para algunos, de los grandes cargos públicos. Sometido toda su vida a una disciplina que ha aprendido a querer, cuando llega a ocupar una función en el gobierno de la ciudad, ¿cómo no hacer todo lo posible para perpetuar el mismo régimen, el mismo rigor implacable?

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La moral espartana que significaba el amor absoluto a la patria y el olvido a sí mismo, tenía indiscutiblemente su grandeza, pero también representaba un freno a todo impulso civilizador y al desenvolvimiento armonioso de la personalidad.

Esparta sólo ambicionaba sobrevivir y perpetuarse, y por eso vivió sin industrias y sin arte. A fines del siglo VI disponía de un ejército, el mejor de Grecia, que le permitió durante mucho tiempo desempeñar un papel importante.

La manera de luchar de los espartanos era legendaria. Los reinos extranjeros que querían invadir Grecia buscaban antes una alianza militar con Esparta y colmaban a los espartanos de regalos. En cambio, el mejor presente que Esparta podía hacer a las otras ciudades griegas era un general.

LA MUJER

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No tiene nada de extraño que lo que más llamara la atención de los otros helenos que con frecuencia visitaban Esparta fuera la conducta de las mujeres y su estatus de igualdad con los varones.

Como el Estado se hacía cargo de los hijos, y los maridos pasaban largas temporadas participando de las guerras, disfrutaban de mucho tiempo libre para entretener se y organizarse. Eran ellas las que manejaban la hacienda, la administraban y llevaban las riendas del hogar. Estaban tan poco supeditadas al varón que una extranjera llegó a preguntar a la mujer del famoso Leónidas de las Termópilas por qué, entre todas las mujeres, sólo las espartanas dominaban a sus hombres. A lo que la otra mujer respondió:

“Será porque sólo nosotras parimos verdaderos hombres”.

Ellas no se casaban de acuerdo con la voluntad de sus padres, sino con la suya propia y no lo hacían, como se acostumbraba en otras partes, a los 14 6 15 años, sino a los 20. Se dejaban raptar por el hombre que elegían y, después de eso, las relaciones entre ellos se alargaban una temporada durante la cual cada uno vivía en su casa.

VOZ Y VOTO. LaS mujeres tenían voz en las asambleas políticas y podían recibir la herencia de sus padres cuando ellos morían, de modo que había en Esparta muchas damas acomodadas que vivían su vida con plena libertad.



SOCIEDAD




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Aunque todos los ciudadanos de Esparta eran iguales ante la ley, no todos los habitantes eran ciudadanos. La mayor parte eran periecos —hombres libres, pero sin derechos— o ilotas (esclavos). Ambos vivían para garantizar la subsistencia y libre disponibilidad de los espartanos, que jamás se manchaban las manos con otra cosa que no fuera sangre, vino o la resma de las palestras. Vivían para atender las necesidades del Estado en lo relativo a la milicia, la administración y sobre todo la educación.



EDUCACIÓN.
La base de Esparta residía en la educación. En realidad, toda la filosofía de Licurgo descansaba en la idea de que, cuanto mejor fuera cada ciudadano, mejor y más fuerte seria el Estado. Y el concepto de ser mejor se confundía para Licurgo con el de ser más fuerte y necesitar menos. Se cuenta que una vez le preguntaron cómo podía Esparta librarse para siempre de sus enemigos y contestó:”siendo pobres y no deseando tener más poder que el otro.”

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INFANCIA DURA. Licurgo pedía mucho de sus conciudadanos, así que no resultaba fácil se un buen espartano. Se examinaba con cuidado a los recién nacidos, y si las criaturas no eran normales se las abandonaba o despeñaba desde el monte Taigeto. Los niños declarados sanos vivían hasta los siete años con los padres. Luego, el Estado se hacía cargo de los varones. Ponían especial esfuerzo en liberarlos de los miedos infantiles, la oscuridad, la soledad y las supersticiones, así que las amas de crianza espartanas eran muy valoradas en toda Grecia.

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PRUEBAS CONSTANTES.
A los varones les hacían pasar progresivamente por una serie de pruebas y sufrimientos que tenían el propósito de endurecerlos. A veces, los educadores promovían peleas entre ellos con el fin de estudiar sus cualidades y su valor individual. Les hacían pasar hambre y frío, correr descalzos por lugares pedregosos y dormir sobre cañas que ellos mismos cortaban con las manos. Aprendían a hablar poco y a decir las cosas de la manera más exacta y con el menor número de palabras posible. Se les exigía obediencia ciega. Los castigos iban desde morderles el pulgar hasta darles latigazos. Les estaba permitido robar comida, pero si los descubrían eran castigados. No por haber robado, sino por haber sido sorprendidos. En cuanto a su instrucción como hoy la entendemos, aprendían a leer y escribir, pero no mucho más. Se los veía por todas partes desnutridos, pero ágiles y vivos como nadie. A los 18 años mejoraban de estado, pero continuaban viviendo en régimen carcelario hasta los 30.

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FAMA Y MUERTE. Los espartanos nunca fueron muchos. Cuando más, unos 20.000, así que se conocían todos entre sí y la fama era muy importante para ellos. Los pocos que llegaban a los 60 años solían ser individuos famosos y respetados.

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El rey espartano Agesilao solía decir que los muros de Esparta eran sus guerreros,y que la frontera de Esparta la marcaba la punta de su lanza.

equipamiento de los hoplitas espartanos

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tactica de combate espartana

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Esparta, la Cuna de los Verdaderos Hombres.

“espartano vuelve con tu escudo o sobre el”

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