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Escudos y Relojes (Cuento Propio)

En la antigüedad los soldados usaban escudos, siempre usaron escudos no era sólo protegerles de los golpes, sino mas bien amarrarles a sus amos y condición.

Portaban los soldados marciales, iconografías que les eran ajenas, criaturas mitológicas signos del regente de turno, cuyo peso Total, aplastaba sus individualidades… El escudo les evitaba la muerte y garantizaba que siguieran sus perpetuos servicios cobrando vidas. Si un escudo se rompía, su portador moría en la mayoría de los casos, mas si el portador de este fallecía dejándole en buen estado, el escudo era reutilizado de modo que podemos concluirlo más importante que el propio soldado.

El aparato de metal y/o de madera nunca fue utilizado cómo plato para los mendigos, no cumplió funciones de freesbee por los niños pequeños, ni fue navegado por estos en mares de fantasía, cuentan las leyendas eso si que un día uno voló sin más, se rebeló a su destino y se fue por el horizonte, siendo retratado en cuadros de la época, hoy los teóricos de los antiguos astronautas dicen que fueron los alienígenas, mas yo diría que fue el deseo de libertad, de abrazar el cielo y dejar al fin de lado el olor de la sangre y los gritos.

Pasaron los años y los escudos no libertos en lugar de abdicarse cambiaron de función aparente, evolucionando, encogiéndose dando la hora, mas manteniendo su cadenil interés subterráneo, se cambiaron de nombre a “relojes”… los nuevos vasallos ya no encadenaban a los sujetos a un rey… sino al tiempo en función del trabajo, que drenaba el espíritu mismo de la víctima, convirtiéndolo muchas veces en objetos sin más función que suplir necesidades ficcionales, de manera que tu alma se transformaba en porquerías plásticas que te producían un falso placer… pasaban los años robados y los cuerpos, las mentes se ajaban, mas los relojes trascendían, marcando al compas del mercado, las horas de las nuevas generaciones.

El circulito de las agujas de movimiento permanente, nunca fue usado para simular un corazón en tus momentos de tristeza, ni se cuestionó la relatividad de su tic-tac, nunca descansó ninguno, cuando se atrevían a dormir eran desechados por inútiles y despertaban en vertederos, rodeados de cadáveres y enloquecidos daban un último suspiro y con un agudo grito explotaban, un día uno se rebeló mostrándole a su poseedor cómo su tiempo no era propio, cómo no pasaba con sus familias y empezó a contar segundo a segundo que quien se creía su dueño, pasaba alejado de sí mismo, este último consternado, tomó todas las cosas que no eran más que humo y lo disipó permitiéndose ver… permitiéndole ser el primer tipo en sonreír en más de medio siglo… y con su amigo tic-tac recorrió las calles del mundo… buscando socializar su experiencia…


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