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Esclavas sexuales del estado islamico

La terrible realidad del pueblo yazidí, sometido por los ‘bárbaros medievales’ del Estado Islámico

Esclavas sexuales del estado islamico

Tras la masacre de 2014 en el monte Sinjar (Irak), donde miles de yazidíes fueron asesinados, capturados o expulsados de su tierra, este pueblo vive aterrado por el Estado Islámico (EI), conocido por su crueldad y su desprecio a la vida humana. A pesar de la constante amenaza de los desalmados terroristas, hay personas que arriesgan su vida ayudando a otras a escapar de las garras de estos bárbaros medievales. En semejante situación de terror, ¿qué futuro le espera al pueblo yazidí?

“Entraron en Sinyar el 3 de agosto. Llevaban barbas y pelo largo. Solo verlos daba escalofríos. Nos dijeron: ‘O se convierten al Islam, o los matamos’. Les replicamos que no queríamos ser musulmanes, solamente queríamos marcharnos. Nos separaron de nuestras madres a la fuerza y dijeron que las traerían por la tarde, pero nunca volvimos a verlas”, relata Madline, una adolescente yazidí de 17 años que estuvo en cautiverio durante tres meses.

“No son humanos, son unos salvajes. Allí había niñas de siete, ocho, nueve años… y los hombres tenían 20, 25, 30, 50 años. Abusaron de una niña de 10. Tenía las manos atadas. ¿Cómo iba a evitarlo? Eran muy agresivos y acosaban a las niñas hasta 10 veces al día”, cuenta Vian, de 15 años. “Estaba en Al Raqa. Ni siquiera puedo hablar de lo que vi allí. Al recordarlo, empiezo a asfixiarme y me vuelven las ganas de suicidarme”, se lamenta la joven.

Se estima que el EI aún mantiene cautivos a alrededor de 3.000 yazidíes, mientras que la comunidad internacional no hace nada por liberarlos. Sin embargo, algunas personas han decidido tomar cartas en el asunto. “Soy yazidí. Cuando el Estado Islámico irrumpió en Sinyar capturó a 5.000 niños, mujeres y hombres. Esto aún sucede en el siglo XXI y nadie nos ayuda. El mundo entero mira impasible, por eso nos protegemos nosotros mismos”, relata Abú Shudzhá, un antiguo contrabandista que ahora utiliza su red subterránea para rescatar a los yazidíes cautivos por el EI.

Shudzhá cuenta que comenzó su labora partir de que la organización terrorista secuestrara a sus tres primas segundas. “El Estado Islámico ofrece medio millón de dólares a quien facilite información sobre mí o me entregue, pero no me arrepiento de nada: todos moriremos antes o después”, relata, para después asegurar que salvado a unos 380 menores y mujeres. “Yo escogí este camino. Aunque reciba 100 amenazas al día, no me rendiré”, sostiene el excontrabandista.

La primera mujer y sus correspondientes hijos de Abú Shudzhá han tenido que marcharse del país, ya que sus vidas corrían peligro. Su familia fue arrestada mientras intentaba pasar de Turquía a Bulgaria de manera ilegal. Ahora, son como tantos otros refugiados de Irak y Siria que buscan refugio en Europa.